En el itinerario de esta Semana Santa, agobiado por la guerra y entristecido por tanta barbarie, pensé en algunas cosas que creo que puedo aportar. Siento que hemos “traicionado a Cristo” por “nuestra cobardía”, pero que podemos pedirle a Dios Padre Todopoderoso en el amor, que nos levante del pecado para poder resucitar.
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Quiero resumir y ampliar estos pensamientos, con el mejor deseo de que todo el que pueda, los aproveche.
Pensar al revés
Me parece que es buena idea que aprendamos a pensar al revés de lo que estamos acostumbrados. Estamos muy acostumbrados a “lavarnos las manos” imitando a Pilatos. Nos desentendemos muy fácilmente de lo que ocurre en nuestro entorno. Y entonces, nos convertimos en personas “demasiado cobardes para denunciar” las causas de la violencia contra el pueblo y nos la damos de valientes para hablar de buenos y malos cuando nos referimos a ese mismo pueblo. Así no es que conviene pensar. Somos muy bravos para excluir, para descartar a nuestros hermanos, pero callamos por miedo las injusticias convirtiéndonos en los modernos Pilatos de la humanidad. De esa manera, acumulamos mentiras o medias verdades que ponen en la manos asesinas nuevamente a Jesus-pueblo.
Repito, así no es que conviene pensar y vivir. Somos muy “aficionados a decretar”, hablar hasta por los codos, pero eso de orar, se nos atora en la garganta. Debería ser al revés, deberíamos escuchar, orar, perdonar y así ayudar a la resurrección del Cristo-pueblo, del Cristo que sufre y muere todos nuestros días.
Si algo debemos aprender de esta “guerra maldita” que, como dice nuestro valiente papa León XIV es producto de la idolatría del poder y el dinero, es a tratar de denunciar con valentía las causas del mal, pero a la vez amar a todos, perdonar a todos y no dejar fuera de nuestro amor a ser humano alguno. Para lograr eso, para poder dar la vuelta a nuestra cobardía ante el poder y nuestra propensión a condenar a nuestros semejantes, podría servirnos mucho doblar la rodilla y orar a nuestro padre, reconocernos como sus hijos y pedir perdón por los otros y por nosotros mismos. De manera, que necesitamos promover con sentido de urgencia un proceso de “Reconciliación Nacional” en cada país.
El Cristo-pueblo
Cuando callamos ante las injusticias, traicionamos al Cristo que tenemos justo a nuestro lado, que quiero llamar Cristo-pueblo. Cuando queremos decir que somos buenos y negamos a nuestros hermanos, nos convertimos en traidores. Cuando reclamamos que los traidores son otros y nosotros los buenos, vamos por mal camino.
El Hijo de Dios vino al mundo a salvar a todos, denunció valientemente las idolatrías y los abusos, curó a todos, perdonó a todos, murió por todos y resucitó. ¿Por qué entonces queremos elogiarnos a nosotros mismos, en lugar de reconocer que somos pecadores y somos también responsables de la debacle que vive el mundo? Porque cuando ocultamos la verdad y no denunciamos el pecado estructural, somos cómplices de aquellos que dirigen la destrucción. ¿Por qué queremos andar por ahí excluyendo a nuestros hermanos y callando ante la maldad?
Señor ayúdame. Quiero doblar la rodilla ante ti y mantenerme erguido ante la injusticia. Quiero una iglesia en la que, como decía el amado Francisco, quepamos todos, todos, todos y brille la igualdad, la Paz y la Reconciliación!!!