Pliego
Portadilla del Pliego, nº 3.450
Nº 3.450

Teología de la Prosperidad: la felicidad a contrapelo del Evangelio

Una de las frecuentes críticas al cristianismo –expresada más por Ludwig Feuerbach que por Karl Marx, aunque recuperada por no pocos científicos sociales de la actualidad– es que su propuesta, y la de todas las religiones en general, es una oferta de adormecedores, de fuertes drogas que anestesian a las personas y les evitan enfrentar los sufrimientos: “La religión es el opio del pueblo”.



Friedrich Nietzsche fue más allá, y dijo que, detrás de esa tesis, está una moral cristiana propia de los seres humanos inferiores, de las clases sociales esclavas y sometidas. Su fundamento está en el resentimiento, la abnegación, el sacrificio y el ascetismo. El “ser humano bueno” es aquel que cierra los ojos frente a la realidad, en especial cuando esta es conflictiva o gozosa, valga la paradoja. Esta moral conduce al pesimismo y, por lo mismo, al nihilismo.

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Tal postura frente a lo religioso da origen –en mi opinión, aunque no es compartida por los principales estudiosos de este fenómeno– a lo que hoy se llama la “Teología de la Prosperidad” (TP). Ella supone que el mensaje cristiano no favorece los deseos de superación en las personas, no impulsa el merecido ascenso social e, incluso, inhibe los esfuerzos por alcanzar la holganza económica y patrimonial. Se exalta –siempre de acuerdo con este posicionamiento filosófico-teológico–la pobreza, la humildad y, es de suponerse, la moderación aspiracional y el estancamiento profesional.

Fundamentos, críticas y horizontes

En estas páginas pretendo cuestionar dicha tesis, describiendo las características de la TP, delineando sus posibles fundamentos doctrinales –filosóficos, teológicos y sociológicos–, anotando algunas de las críticas que se le han hecho, incluso de teólogos protestantes, y aceptando, sin embargo, la posibilidad de asumir algunos posibles horizontes que abre a la teología católica en general.

La TP es también conocida como la Buena Nueva de la fortuna o Evangelio de la riqueza. Es una doctrina que se ha desarrollado especialmente dentro de ciertos sectores del cristianismo –sobre todo, entre algunas iglesias evangélicas y pentecostales–, y que sostiene lo siguiente: la fe, las declaraciones positivas como “yo decido ser feliz”, y abundantes donaciones económicas a la Iglesia traerán bendiciones materiales, salud física y éxito personal, como evidencia de la favorable respuesta de Dios.

Fe, riquezas y salud

Sostiene el deseo divino de que todos sus hijos posean riquezas materiales y salud, por lo que conciben la pobreza, el sufrimiento y hasta las enfermedades como consecuencia de una falta de fe o desobediencia a los designios de Dios. La fe no se entiende como la actitud del creyente que confía en la divinidad, ni siquiera como un conjunto de principios dogmáticos y doctrinas en los que se cree, sino como una herramienta para obtener prosperidad, riquezas y la posibilidad de adquirir un patrimonio.

Dios Dinero Vatican News

Esta fe es preciso confesarla de viva voz, decretarla, convencerse personalmente de que Dios te hará rico en la medida en que tú te programes para ello. Hay que repetir de manera machacona lo que se pretende conseguir, suponiendo que Dios lo concederá gracias a tanta insistencia. Es un poco como el “gloria a Dios”, propio de algunas iglesias evangélicas, o del movimiento de renovación católica en el Espíritu Santo, que se utiliza para reforzar algún testimonio, o una bendición palpable y comprobable.

Mantras y dinero

Pero, además, esa fe necesitada de repeticiones constantes y de decretos como mantras –que, en la medida en que son invocados, obtienen los resultados esperados– precisa también de un esfuerzo terrenal, con los mismos instrumentos de lo que se pretende obtener: dinero. Se trata, entonces, de sembrar para cosechar, de invertir para obtener jugosos dividendos. Son apuestas a largo plazo, pero con la seguridad de que Dios las multiplicará con generosidad.

La salvación ofrecida por Jesucristo no tiene una connotación simplemente espiritual, ni alcanzable solo en el cielo. Comienza desde este mundo, y no se manifiesta en una paz interior ni en una vida abrazada por la sobriedad, sino como abundancia de bienes materiales, de riquezas y propiedades inmobiliarias. Su muerte no solo buscaba salvar nuestra alma, sino también nuestro cuerpo, de tal manera que se puede anticipar el cielo con una vida terrena llena de prebendas y aditamentos que la hagan más placentera.

Pentecostalismo y tele-evangelismo

La TP tiene sus orígenes hacia fines del siglo XIX y principios del XX, y es una confluencia de Pentecostalismo, Nuevo Pensamiento –que considera la oración como una exigencia y no como una petición– y el Evangelio de la Riqueza, que, a su vez, asume sus principales contenidos del inglés Cristianismo Musculoso, cuya tesis fundamental es que el éxito económico es más resultado del esfuerzo personal y menos de la directa intervención divina.

Pentecostalismo Scaled

Es importante resaltar que, a mediados del siglo pasado, prominentes predicadores de la TP abrazaron el tele-evangelismo, de gran impacto en la televisión norteamericana, aunque enfocado más en la sanación que en el logro del éxito patrimonial.

Desde Estados Unidos al mundo

Ya en este siglo XXI, la TP no se limitó a misionar en los Estados Unidos, sino que se extendió internacionalmente, con preferencia en los países del tercer mundo. Esta recepción era explicable, pues ciudadanos pobres de esos países encontraban en la TP un aliciente para superar su difícil situación. Pero este impacto allende las fronteras norteamericanas no impidió que la TP se reafirmara también en los Estados Unidos, hasta el punto de que, en 2006 –según la revista ‘Time’–, el 17% de los cristianos en esa nación reconocieron identificarse con el movimiento. Incluso, coincidiendo con la primera elección de Donald Trump como presidente estadounidense, hubo oraciones por parte de dos predicadores cercanos a la TP.

Estamos, por tanto, ante un movimiento teológico-pastoral que tiene sus inicios en diferentes iglesias cristianas, en especial pentecostales, y que considera el bienestar físico y económico como una bendición divina, a la que, sin embargo, hay que responder con una profunda fe, un discurso optimista y “decretador”, y con abundantes aportaciones económicas a la propia congregación religiosa. Aunque sus orígenes son norteamericanos, se ha expandido a diversos países del mundo entero. Estamos ante un contrato entre Dios y los seres humanos: si estos tienen fe en Él, y cooperan para su causa, recibirán bendiciones espirituales y materiales a raudales. Su historia es reciente, pero ha venido consolidándose en los últimos años, y no solo en los Estados Unidos. (…)

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Índice del Pliego

INTRODUCCIÓN

I. CARACTERÍSTICAS DE LA TEOLOGÍA DE LA PROSPERIDAD

II. ¿CUÁLES SERÍAN LOS FUNDAMENTOS DOCTRINALES DE LA TEOLOGÍA DE LA PROSPERIDAD?

III. CRÍTICAS A LA TEOLOGÍA DE LA PROSPERIDAD

IV. HORIZONTES QUE PUEDE ABRIR LA TEOLOGÍA DE LA PROSPERIDAD

CONCLUSIÓN