Hay una mártir en el santoral al que muchas personas le rezan cuando todo parece perdido: Santa Rita, patrona de los imposibles. Matrimonios rotos, enfermedades sin pronóstico favorable, hijos alejados, deudas que asfixian o situaciones que no tienen salida. ¿Por qué Santa Rita? ¿Por qué se acude a ella en momentos de desesperación? Hay algunas historias de Santa Rita que conviene conocer para dar respuesta a ello.
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Como ocurre en otras historias de mártires, la respuesta no está en un decreto ni en una suerte de propaganda devocional, sino en los acontecimientos concretos de su vida. Rita de Cascia fue casada siendo una niña con un hombre violento; tuvo dos hijos a los que enterró siendo jóvenes; quedó viuda por un asesinato; fue rechazada tres veces por el convento que llevaba media vida deseando. Básicamente conoció el sufrimiento extremo. Y cada vez que la vida la arrinconaba, ella recurría a la oración. Por eso, casi seis siglos después de su muerte, Santa Rita sigue siendo la patrona de las causas imposibles.
¿Por qué Santa Rita es patrona de lo imposible?
La Iglesia nunca proclamó oficialmente a Santa Rita patrona de lo imposible por decreto. El título le vino de otro lado, de los testimonios de gente corriente que se encomendó a ella y corrió a contarlo a otras personas. Es más, la tradición agustiniana sitúa el origen de ese vínculo entre sus devotos españoles. Así que no es casual que comparta las causas imposibles con san Judas Tadeo; son algo así como los santos “de última instancia”, a quienes se acude cuando ya no queda “nadie más”. Desde su muerte en 1457 (aunque hay quien propone 1447), los testimonios de gracias atribuidas a su intercesión se multiplicaron hasta desbordar Cascia.
Su proceso para ser santa, al contrario que otros, fue lentísimo: beatificada en el siglo XVII por Urbano VIII, no fue canonizada hasta el 24 de mayo de 1900, por León XIII, quien la llamó “perla preciosa de Umbría”. Su fiesta se celebra el 22 de mayo, día de su muerte.
Para entender por qué la gente acude a su intercesión para lo que “no tiene arreglo” se puede acudir a una razón teológica que va más allá de lo milagrero. La intercesión de los santos no funciona como un mecanismo que arranca a Dios lo que este no quiere dar. Se apoya en lo que conocemos como la comunión de los santos, en que quien está ya plenamente unido a Cristo puede sostener con su oración a quien todavía camina en camino hacia Él.
Entre las historias de Santa Rita que hay que conocer se encuentra cómo fue su tipo de oración y en qué se basaba. No pidió desde la comodidad, sino que lo hizo mientras era golpeada, mientras enterraba a sus hijos, mientras le cerraban la puerta. Rita vivió lo imposible en carne propia y Dios la sostuvo. Su vida no demuestra que rezando se obtiene lo que uno quiere; demuestra que nada es imposible para Dios y que la perseverancia en la oración es, en sí misma, el milagro previo a todos los demás.
Santa Rita, patrona de los imposibles. Detalle de una imagen de Miguel Mateo Maldonado y Cabrera (siglo XVIII) donde aparecen las manos de la santa sosteniendo una calavera humana
La vida de Santa Rita: del sufrimiento a la santidad
Una niña entregada en matrimonio
Santa Rita, cuyo nombre original era Margherita Lotti, nació hacia 1381 en Roccaporena, una aldea de los montes de Umbria perteneciente a Cascia. Sus padres, Antonio y Amata, eran los pacificadores del pueblo: el vecindario les confiaba la mediación de los conflictos. Su hija creció en un tipo de ambiente que buscaba la paz.
Rita quería ser religiosa. Sus padres dijeron que no y la casaron con Paolo Mancini. La tradición dice que tenía entonces doce años (algunos estudios retrasan la boda hasta los catorce). En cualquier caso, era una niña a la que se le robó parte de la infancia y a la que nadie pidió permiso.
El marido, Paolo, era colérico y áspero. Las primeras biografías describen años de humillaciones, gritos y, probablemente, violencia física y sexual. Rita rezó por él durante casi dos décadas. Y, al parecer, Paolo cambió (sin que ello pudiera borrar en absoluto el maltrato recibido).
La viudez y la pérdida de los hijos
Cuando una relativa paz había llegado por fin a aquella casa, los viejos enemigos de Paolo lo emboscaron y lo mataron. Y sucedió algo insólito en aquella Italia dada a la vendetta: Rita perdonó públicamente a los asesinos. Por el contrario, sus dos hijos adolescentes no siguieron sus pasos. Empezaron a planear la venganza. Su madre suplicó, argumentó, les puso delante el crucifijo. No la escucharon. Rita entonces pidió a Dios que no permitiera que se convirtieran en asesinos.
Antes de que se cumpliera el año de la muerte del padre, una epidemia se llevó a los dos muchachos. Siguiendo las costumbres de la época, la tradición leyó ese desenlace como una oración que había sido escuchada. Rita se quedó sola, con poco más de treinta años, habiendo perdido a las tres personas que había llegado a amar.
Tres puertas cerradas
Una vez libre de ataduras carnales pidió entrar en el monasterio agustino de Santa María Magdalena de Cascia. Le dijeron que no. Volvió otra vez y de nuevo una negativa. Regresó una tercera vez, ofreciéndose incluso como sirvienta. Tampoco así. Además, le pidieron que no siguiera insistiendo. No fue por crueldad de las monjas. Es que tenían miedo. La familia de Paolo seguía enfrentada a la de su asesino y admitir a Rita era meter la vendetta dentro de la clausura.
Fue su primer combate contra lo imposible y lo ganó rezando. La tradición dice que sus tres protectores (san Juan Bautista, san Agustín y san Nicolás de Tolentino) la condujeron una noche al interior del monasterio con las puertas cerradas. Los estudios históricos subrayan que eso sucedió al mismo tiempo que las dos familias enfrentadas se reconciliaron, así que las puertas podrían haberse abierto de un modo menos espectacular.
Cuarenta años en el monasterio
Rita vivió unos cuarenta años como agustina. En el silencio del monasterio, al escuchar un sermón sobre la corona de espinas, pidió compartir aunque fuera una mínima parte del dolor de Cristo. Según parece, recibió una herida en la frente que no cerró hasta su muerte y que la mantuvo apartada, sufriente y en oración. Juan Pablo II, en el centenario de su canonización, interpretó esa llaga como la prueba de su madurez cristiana: la señal de quien ha llegado hasta el final del amor. Poco antes de morir pidió a una prima suya una rosa del huerto de Roccaporena.
Las enseñanzas de Santa Rita
Rita de Cascia no fue una santa distante, sino una mujer que vivió lo que muchos padecen hoy día: un matrimonio que duele, unos hijos que escapaban de las educación recibida, una vocación aplazada, una puerta cerrada. La devoción que despierta hoy llega también a las redes sociales, donde su figura sigue congregando a miles de personas. Quizás se explique porque mucha gente reconoce en ella su propia vida.
Su enseñanza cabe en dos frases. La primera: Dios no abandona en el sufrimiento, aunque su silencio se parezca mucho al abandono. La segunda: Dios obra en sus tiempos, que casi nunca son los nuestros. Rita rezó dieciocho años por su marido. Llamó tres veces a una puerta que no se abría. Esperó. Hoy, por supuesto, entendemos que Rita podría haber rezado por la transformación de su marido sin tener que mantenerse a su lado recibiendo violencia. Porque lo imposible no está reñido con la justicia.
Novena a Santa Rita para casos imposibles
Como es bien sabido, una novena son nueve días de oración seguidos por una misma intención. El número no es aleatorio. Se relaciona con los nueve días que los discípulos pasaron orando con María entre la Ascensión y Pentecostés. Es como una escuela de perseverancia. La novena a Santa Rita para casos imposibles se reza tradicionalmente del 13 al 21 de mayo, para culminar en su fiesta, aunque puede hacerse en cualquier momento del año y ante cualquier necesidad urgente.
Qué se suele pedir: lo que de verdad duele. Enfermedades, matrimonio que se rompe, hijos perdidos en la vida, trabajo, etcétera. Rita de Cascia rezaba añadiendo siempre hágase tu voluntad. No a modo de renuncia, sino como reconocimiento de que Dios responde en sus tiempos y a veces de un modo no previsto.
Esta es una propuesta de oración:
- Señal de la cruz y un momento de silencio para ponerse en presencia de Dios.
- Exponer la intención en voz alta o en el corazón, con sencillez.
- Leer un pasaje del Evangelio o un momento de la vida de la santa, y meditarlo brevemente.
- Rezar la oración a Santa Rita.
- Concluir con un padrenuestro y un avemaría.
Oración a Santa Rita
Santa Rita, abogada de los imposibles y auxilio de quienes ya no saben a quién recurrir: tú conociste el dolor que no tiene consuelo y no dejaste de confiar. Alcánzame de Dios la gracia que ahora te pido […………] y, si no conviene a mi salvación, alcánzame algo mejor: la fe que no se rinde ante la prueba y la esperanza que nunca se desanima. Enséñame a perdonar como tú perdonaste y a esperar en los tiempos de Dios y no en los míos. Amén.
