León XIV ha dado a conocer ‘Magnifica humanitas’, la primera encíclica de su pontificado. El Papa la firmó el 15 de mayo, justo cuando se cumplían 135 años de ‘Rerum novarum’, con la que León XIII puso la primera piedra de la Doctrina Social de la Iglesia.
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El Papa agustino revisita en su escrito los pasos dados por sus predecesores para defender la dignidad de la persona y los derechos humanos en cada contexto social, político, cultural y económico. Este viaje histórico habla del compromiso de la Iglesia con el destino de la humanidad, no presentándose como una institución inquisidora, sino como madre que reflexiona, denuncia, propone, ilumina y acompaña.
Este particular compendio subraya, una vez más, que el magisterio social no es un anexo y que no solo promueve la defensa de la vida, sino de todas las vidas: la del obrero y la del migrante, la del niño y la del anciano…
El lugar del ser humano
Con este punto de partida, el Papa matemático se adentra en el cambio de época marcado por la inteligencia artificial (IA). La encíclica no es un tratado informático, sino una guía sobre cómo debe resituarse el ser humano ante esta revolución tecnológica. León XIV se erige en voz de la conciencia que alerta sobre un desarrollo digital que esté solo en manos de unos pocos, desmitificando al algoritmo como neutral. Esto no significa que la Iglesia demonice los avances, pero sí reivindica un marco ético de reflexión frente a la tecnocracia.
Sobre todo, teniendo en cuenta que ese oligopolio empresarial está perpetuando las desigualdades, con nuevas esclavitudes tanto físicas como virtuales, que no solo descarta a quien se queda fuera desde un punto de vista material. Convertir los datos en mercancías y concebir al ciudadano como mero consumidor constituye una amenaza real para las libertades y, por tanto, para las democracias, pues –como bien apunta el Papa– el poder de las multinacionales del ramo es hoy mayor que el de cualquier Estado.
Arma de guerra
De ahí que el Papa haya reclamado públicamente la necesidad de “desarmar” la IA. Porque, lejos de ser únicamente un instrumento al servicio del hombre, ya se ha convertido en un arma de guerra. No se puede dotar de alma a una máquina, por lo que el ser humano –sea el investigador que desarrolla cualquier programa informático, quien lo financia o el usuario de una red social– está llamado a ser protagonista y no espectador.
Y eso solo es posible con una conciencia individual y colectiva, con la responsabilidad de todos y de cada uno ante este desafío que toca lo educativo, lo laboral… Porque, como suscribe el propio León XIV en ‘Magnifica humanitas’, “ningún sistema de cálculo, por sofisticado que sea, genera un corazón que se entrega, ni una conciencia capaz de discernir el bien”.
