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Editorial

La reforma, más allá del púrpura

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La reforma de Francisco no se detiene. Ahí están como prueba los catorce nuevos cardenales que refuerzan la apuesta por una universalidad periférica que rompa con la inercia púrpura eurocéntrica. Los mayores de ochenta años asumen la birreta como referentes vitales a escuchar y a imitar en sus respectivos lugares de origen, un recado, por tanto, a la Iglesia española para que acoja y haga suyas las reflexiones y experiencias del padre Aquilino Bocos como baluarte de las mutuas relaciones entre vida consagrada y clero.



El cardenalato se torna todavía en mayor exigencia para los electores, tanto para los que, hoy por hoy, tienen alguna responsabilidad directa en sus países, como para los que la desarrollan en el Vaticano. Es el caso del español Luis Francisco Ladaria, que ve reafirmada su sensatez al frente de Doctrina de la Fe. Junto a él, emerge la figura de Giovanni Angelo Becciu, hasta hace unas semanas Sustituto de la Secretaría de Estado, figura clave en el engranaje de la Santa Sede en tiempos convulsos de esas “intrigas palaciegas” que el propio Papa denunció en el consistorio.

Ahora Francisco le encomienda algo más que estar al frente de la Congregación para la Causa de los Santos y reconocer los modelos a seguir para los cristianos del siglo XXI. Desde su nueva atalaya se convierte también en los ojos y los oídos del Papa allí donde viaje, tomando el pulso a las Iglesias locales para constatar si su corazón late al ritmo de la propuesta que se lanza desde este Pontificado de ponerse en salida, de situarse en estado permanente de misión.

La capacidad crítica y de análisis de Becciu se convierte en aval para esta nueva tarea que se le encomienda, como refleja su conocimiento de la realidad catalana, expresada en la entrevista concedida a esta revista. Pero también en su convencimiento bergogliano –y por tanto, evangélico– de que la Iglesia no ha de quedarse anclada en un pasado nostálgico ante la galopante secularización, sino que debe “remangarse para reconstruir las comunidades y devolver a la gente al cristianismo”.

Becciu, Ladaria, Barreto, Bocos… Se han puesto el mono de trabajo para hacer realidad lo que el Papa les transmitió al entregarles la birreta: “La única autoridad creíble es la que nace de ponerse a los pies de los otros para servir a Cristo”. Sin embargo, un puñado de púrpuras pueden dinamizar, pero son insuficientes si el mandato de priorizar en la acción de la Iglesia al hambriento, al olvidado, al enfermo… no se asume ni cuenta con cómplices convencidos en el siguiente escalón, que es el que ha de aplicar, en el día a día, la reforma de una Iglesia pobre y para los pobres y contagiarla al pueblo de Dios.

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