Editorial

La Iglesia se juega el mañana

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Del 1 al 6 de agosto, Lisboa acoge la Jornada Mundial de la Juventud, la convocatoria católica más multitudinaria. Su celebración supone en sí misma una puesta a punto de la pastoral con jóvenes y de la capacidad de conexión eclesial con las nuevas generaciones. A estas alturas, no se cuestiona su pertinencia, al margen de quienes solo ven gasto donde hay una inversión necesaria en una herramienta evangelizadora para jóvenes que no han tenido experiencia religiosa alguna, y refuerzo en materia de universalidad eclesial entre aquellos que están insertos en un itinerario de iniciación y madurez cristiana.



Obispos, párrocos, religiosos y laicos que caminan con ellos parecen haber aprendido que de poco sirve multiplicar el número de asistentes a este macrofestival, si antes y después no hay un proceso de acompañamiento cotidiano.

Pastoral con jóvenes

En cualquier caso, la realidad antes y después de esta JMJ es que, al menos en las sociedades occidentales, es abrumadora la mayoría de jóvenes que no pisan un templo, que no parecen buscar en la Iglesia respuestas a sus inquietudes vitales, a sus problemas, a su llamada a cambiar el mundo. Por eso, en estos últimos años se han multiplicado las experiencias de primer anuncio que buscan interpelar a unos y otros. En algunos casos, se trata de métodos importados que, desde la efervescencia emocional de un fin de semana de subidón trascendental, generan conversiones de caída de caballo intentando dar respuestas espirituales a problemas que exigen abordarse de forma integral, esto es, con apoyo afectivo y psicológico.

Hakuna. Foto: Jesús G. Feria

Esta reflexión no significa cuestionar de arriba abajo cualquier proyecto pastoral en ciernes, pero sí adentrarse en un ejercicio de discernimiento para purificar qué propuestas son verdaderamente trasformadoras a la luz del Espíritu. Ahí está el fenómeno Hakuna, que, con las luces y sombras propias de lo emergente, está interpelando a no pocos jóvenes, vinculando su vida cotidiana con la oración, la formación con el ocio, la adoración con la música.

En este contexto, los pastores están llamados a seguir de cerca y auditar todas estas iniciativas para impulsarlas, pero también a examinar sus propuestas de acompañamiento, celebrativas, formativas y de gestión.

Es la vía para evitar tentaciones tales como generar reinos de taifas al margen de la comunidad parroquial, borrar cualquier atisbo de totemización, ideologización y segregación, así como evitar toda tendencia al abuso de poder y de conciencia para descubrir en libertad su vocación y misión. Según se afronte la pastoral con jóvenes hoy, la Iglesia se juega su mañana.

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