La aclaración
Las órdenes ecuestres, o de caballería, religiosas son instituciones honoríficas e históricas de inspiración cristiana que han llegado a nuestros días con cierta evolución. Tienen sus raíces, en su mayoría, en la Edad Media y la época de las Cruzadas, cuando nacieron como órdenes militares y hospitalarias integradas por caballeros dedicados a la defensa de la fe, la protección de los peregrinos y el cuidado de los enfermos.
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Hoy en día, son principalmente órdenes de mérito con las que el Papa o la Iglesia reconocen y recompensan a los laicos por sus servicios destacados a la Iglesia Católica, la sociedad y el prójimo, manteniendo siempre una estructura y tradiciones caballerescas. Este elemento de mérito parece estar detrás de iniciativas recurrentes como el resucitar los templarios o el renacer de determinadas cofradías.
En este contexto, la Secretaría de Estado del Vaticano ha publicado este 10 de octubre un documento para aclarar y reiterar la postura oficial de la Iglesia Católica frente a las diversas asociaciones que se presentan como órdenes ecuestres con títulos sagrados o dedicadas a santos. Esta declaración surge en respuesta a las frecuentes consultas y peticiones de información que recibe la Santa Sede sobre este tema, según se señala en el escueto texto.
El cardenal Pietro Parolin en la Basílica de Guadalupe. Foto: Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe
En dicha “aclaración”, se especifica que la Santa Sede solo reconoce a algunas órdenes ecuestres histórica. Estas, en concreto, son la Suprema Orden de Cristo, la Orden de la Espuela de Oro, la Orden Piana, la Orden de San Gregorio Magno y la Orden de San Silvestre Papa. Fuera de estas instituciones propias, el documento afirma textualmente que “la Santa Sede reconoce y tutela solamente a la Soberana Orden Militar de Malta ―también conocida como Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta― y a la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, y no tiene intención de hacer innovaciones en este sentido”.
Por lo tanto, cualquier otra orden ecuestre, ya sea de reciente creación o que afirme derivar de agrupaciones medievales, carece del reconocimiento de la Santa Sede. El Vaticano advierte que no puede hacerse garante de la legitimidad histórica o jurídica de estas organizaciones, ni de sus finalidades o de sus sistemas organizativos.
Y es que parece que esta aclaración busca proteger a las personas de buena fe frente a posibles engaños o abusos que pueden derivarse de la expedición ilícita de documentos y del uso indebido de lugares sagrados. Para evitar cualquier tipo de equívoco, el Vaticano confirma tajantemente que “no atribuye ningún valor a los diplomas de caballería y a las correspondientes insignias que sean expedidas por asociaciones no reconocidas”. Asimismo, la Santa Sede concluye señalando que “no considera apropiado el uso de las iglesias y capillas para las llamadas ‘ceremonias de investidura’” de estas organizaciones que no cuentan con su aval oficial.
La tradición
Las órdenes de caballería españolas también tienen una enorme tradición, como se muestra en el ‘Quijote’. Integradas principalmente por las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, las órdenes aquí surgieron en la Edad Media con el propósito religioso y militar de defender la fe cristiana y proteger el territorio. En la actualidad, estas instituciones han evolucionado jurídicamente hacia agrupaciones que permanecen bajo la administración perpetua de la Corona de España, recayendo en el rey la figura de Gran Maestre. A pesar de los cambios históricos, conservan su carácter honorífico y religioso, manteniendo vigentes sus fines confesionales originarios centrados en la alabanza a Dios, la defensa de la tradición y la fe, y la santificación personal de los caballeros que las conforman.
Para mantener el vínculo eclesiástico y la guía espiritual de estas corporaciones, la Iglesia ha preservado una jurisdicción específica directamente ligada a la provincia manchega. En este sentido, el obispo de Ciudad Real, por razones históricas conserva el título de prior de las Órdenes Militares españolas. Esto significa que, al tomar posesión de su cargo, el prelado de esta diócesis se convierte automáticamente en el prior de las órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa.
Gracias a este título, se mantiene viva una tradición centenaria que une a la jerarquía católica local con los caballeros, quienes continúan participando de forma activa en los actos religiosos y ceremonias vinculadas al obispado-priorato. La aclaración del Vaticano parece que no afectará a estos títulos. Ahora bien, parece que los templarios nostálgicos ya pueden olvidarse por el momento de sus campañas de reivindicación del espíritu del temple y quedarse en el pasado.

