Volver a las rutinas y a la realidad


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Ha pasado la Semana Santa y volvemos a las rutinas, que casi se agradecen. Incluso si no se viaja, como es mi caso, son días de ajetreo. Procesiones, reencuentro con familiares, todo diferente a la vida cotidiana, con otros ritmos. Hasta echaba de menos los ratos de silencio, las conversaciones reposadas, recogerme pronto y acostarme pronto.



El Sábado Santo me tocó trabajar, visitar en las plantas de hospital los ingresos de los días previos, por lo general graves. Como he explicado en otras ocasiones, los hospitales se resienten de las festividades. Las plantillas están incompletas durante un período largo (en esta ocasión, dos semanas), con todas las anomalías que eso entraña por cambio de médicos y retraso en las exploraciones complementarias.

Más sencillo

Sin embargo, como todo tiene un principio y un final, ya hemos comenzado el tercer trimestre del año; en mi caso, trabajando en el hospital rural al que nos desplazamos de forma rotatoria, que presenta ventajas con respecto al de la ciudad. Más sencillo, sin aglomeraciones, sin esperas en urgencias, con laboratorio y radiología ágiles, aunque limitados.

Del mismo modo, nuestro país recupera las dinámicas perversas que se han detenido durante las vacaciones: juicios por corrupción, enconamiento político, ausencia de presupuestos y de elaboración de leyes significativas, maniobras de desinformación ideológica, entre otras situaciones que por desgracia nos toca vivir. Con un Gobierno que no negocia en firme, los médicos mantenemos la convocatoria de huelga una semana al mes hasta junio. Resulta penoso.

Médico general

Las guerras en nuestro mundo (Ucrania, Oriente Medio, los conflictos africanos que apenas aparecen en los noticiarios) continúan. Siempre ha habido guerras, solo que ahora la información es mayor y se disemina más rápido.

Decisiones injustas

Por todo eso, podemos afirmar que los hechos que estos días hemos conmemorado siguen vigentes. El sufrimiento y la condena del justo, la violencia ejercida desde el poder, las decisiones injustas que llevan a absolver al culpable y ajusticiar al inocente.

Y, sin embargo, los creyentes mantenemos la esperanza, porque creemos que el mal y la muerte no tienen la última palabra, e intentamos en nuestro día a día el pro-seguimiento de Jesús, que nos precedió en el peregrinar por este camino de muerte y resurrección.

Recen por los enfermos, por quienes los cuidamos y por este mundo.