Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Instituto de la Familia de la Universidad Pontificia Comillas

Vida en el amor, de Ernesto Cardenal


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Ofrecemos tres síntesis de la poesía mística de Ernesto Cardenal, para animar a redescubrirle. Junto con ‘Cántico cósmico’ y su ‘Salmo de la Liberación’, ‘Vida en el amor’ es su gran síntesis de la sabiduría cristiana forjada en la mayor adversidad. Esta última es, seguramente, la cima de su mística. El texto que ofrecemos está compuesto con fragmentos de la obra ‘Vida en el amor’, que publicó Ernesto Cardenal en 1970, cuya lectura recomendamos muchísimo (Editorial Trotta). Las ilustraciones son obras populares de la Comunidad de Solentiname que fundó Cardenal, publicadas en ‘Evangelio de Solentiname’. La vida de Cardenal fue atravesada por las represiones, las esperanzas, contradicciones y luchas del siglo XX y comienzos del XXI, pero en todo su camino hay una constante: el compromiso por la liberación de los pobres y una mirada mística de la Creación y la Historia en el amor de Dios.

Ernesto Cardenal

Vida en el amor

I

El llamado de Dios es como un llamado a ser explorador,

Una invitación a la aventura.

Es la voz de un pájaro que se oye en la noche, y llama y llama.

Y es respondida por otra voz más lejana de otro pájaro.

Éste se acerca, y aquél se aleja más siempre llamándolo.

Y las dos voces se pierden en la noche.

II

La naturaleza tiende hacia un .

La naturaleza toda se toca y se entrelaza entre sí.

Toda la naturaleza se abraza.

El viento que me acaricia

y el sol que me besa

y el aire que respiro

y el pez que nada en el agua

y la estrella lejana y yo que la miro:

todos estamos en contacto

y todos estamos incompletos.

 

Y esta naturaleza que está incompleta

está tendiendo siempre a lo más perfecto.

Y lo más perfecto de la naturaleza es el hombre,

pero el hombre también está incompleto y tiende a Dios.

Y cuando el hombre ama a Dios,

lo ama con las ansias de la naturaleza entera,

con el gemido de todas las criaturas,

con el inmenso y milenario anhelo de todo el proceso de la evolución.

 

Nosotros no podemos descansar hasta hallar a Dios.

Sólo entonces se aquietará en nuestro corazón la gran angustia cósmica:

hasta que nosotros encontremos este Tú al que tienden todas las criaturas.

 

Hacia Él se mueven todos los astros

y la expansión del universo es hacia Él,

hacia Él de donde han salido todos los astros

y sólo en Él descansará el universo.

 

Y en los ojos de todo ser humano hay un anhelo insaciable.

En todos los ojos humanos existe un pozo profundo,

que es el pozo de la Samaritana.

Esta sed que hay en todos los seres es el amor de Dios.

En toda entraña hay la misma llama,

quema la misma sed: todo corazón tiene clavada esta saeta.

Todo corazón nace con esa herida.

Dios es la patria de todos los hombres. Es la única nostalgia.

 

Aunque no hemos visto a Dios, somos aves migratorias

que han nacido en un lugar extraño

pero que cuando llega el invierno sienten una inquietud misteriosa,

una llamada en la sangre,

la nostalgia de una patria primaveral que no han visto nunca,

y parten hacia allá, sin saber dónde.

Han sentido el llamado de la Tierra Prometida.

III

Todas las criaturas son cartas de amor de Dios para nosotros,

son llamaradas de amor. La naturaleza está toda inflamada de amor,

creada por el amor para encender el amor en nosotros.

 

Y todo mi cuerpo ha sido hecho también para el amor a Dios.

El hombre ha sido hecho para la contemplación y para amar a Dios.

 

Somos solo espejos de Dios, creados para devolver a Dios.

El agua puede estar todavía turbia, pero aun así reflejar el cielo.

Somos imágenes de Dios.

 

Dios lo ama a uno como si no existieran más

que dos seres en todo el cosmos: Dios y uno.

A veces parece que Dios se ha olvidado de todo el universo

y que sólo quiere conversar con uno.

 

La naturaleza toda está llena de voz.

La creación entera no es más que pura caligrafía,

y en esa caligrafía no hay un solo signo que no tenga sentido.

Y nosotros mismos somos también un signo de Dios,

llevamos inscrita en cada uno de nosotros esa caligrafía divina.

 

La oración es algo natural en el hombre.

Todo lo que hacemos, podemos hacerlo oración.

IV 

Él está en el fondo de cada ser y está dentro de nosotros mismos.

Basta descender al fondo del propio ser

y descubrir la propia identidad (que es Dios).

Pero los hombres modernos tratan siempre de huir de ellos mismos.

 

Hemos sido creados para el amor, por un Dios que es Amor.

Y el sufrimiento más intenso y más profundo del ser humano,

y el dolor más intenso de cada uno de nosotros,

se deben al amor.

 

La pobreza es la verdad mientras que las riquezas son disfraces.

Nos revestimos de cosas exteriores a nuestro ser,

para disimular la desnudez de nuestro ser.

 

El alma desnuda es toda ella sonrisa y emoción y amor,

y toda temblor y ardor y fuego, y pura ternura y sensibilidad, y pura vitalidad y pura vida.

 

La santidad es nuestra verdadera personalidad.

El pecado nos hace a todos iguales,

como presos con un mismo uniforme.

En cambio todos los santos son distintos,

porque la santidad es la realización plena de la personalidad.

Mientras más nos identificamos con Dios, somos más nosotros mismos.

 

Lo que amamos en los otros es lo que hay de divino en ellos.

Y lo divino que hay en nosotros es lo que los ama a ellos.

Y lo que ellos aman en nosotros es lo que nosotros tenemos de Dios.

 

Todo hombre es una pasión de Dios y por Dios.

Todo tiempo que no emplee en ese amor es tiempo perdido.

 

Dios es amor y no puede ser más que amor. Es sólo Amor.

Y este amor de Dios y el nuestro, son el mismo amor.

Hemos sido creados para Amar.