Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

Unir creencias e instituciones


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La idea tradicional y lo que ha impregnado el pensamiento del siglo XX ha sido la unión indisoluble de cada creencia con sus correspondientes instituciones. Por ello, muchas personas han pensado (y siguen pensando a pesar de los años pasados) que la única manera de intentar mejorar el mundo para que las personas más desfavorecidas se desarrollen es a partir de sistemas socialistas y comunistas. El modo de mejorar a los que peor están pasa por prohibir la propiedad privada y erigir un sistema económico en el que el Estado sea el que controla todos los resortes del poder y el que impide, de una manera violenta, que sus súbditos piensen de una manera diferente y disientan con sus ideas.



Al mismo modo, se ha considerado que un sistema de mercado, en el que se permite la propiedad privada y la iniciativa privada para crear empresas con las que ganarse el propio sustento, es un sistema que viene íntimamente ligado a un objetivo autorreferente como es el de maximizar el propio bienestar y los beneficios de las empresas. Es decir, un sistema que no tiene en cuenta a los más desfavorecidos y que intenta mejorar a quienes mejores condiciones tienen para obtener más ingresos y beneficios. Para estas personas el sistema capitalista viene, por lo tanto, ligado irremediablemente a una manera de entender la existencia en la que quienes lo tienen peor tienen pocas posibilidades de mejora y en la que, históricamente, se han incrementado las desigualdades y ha existido un nivel de pobreza elevado (como el que se dio en los años de la revolución industrial en el siglo XIX).

trabajo, fábrica

Sin embargo, estas parejas de creencias e instituciones, hace años que se han desmoronado. Existen propuestas que intentan superarlas. Podemos hablar de la socialdemocracia y del sistema social de mercado, que pretende, a pesar de aceptar las bases éticas del capitalismo, paliar sus consecuencias negativas con actuaciones en favor de los más desfavorecidos. En este sentido también hay aportaciones teóricas que hablan de sistemas que mantienen las instituciones capitalistas pero que quieren reorientarlas en otra dirección ética: La Economía Civil, la economía del bien común y la economía de lo suficiente, entre otros, siguen esta manera de actuación.

Una ética diferente

Pero también tenemos lo contrario. China está llevando a cabo un sistema que denomina socialismo de mercado. En él mantiene muchas de las características del socialismo, en especial el control estatal sobre la economía, la planificación centralizada, la falta de libertad y la lucha contra la disidencia, junto con el objetivo de que las personas se enriquezcan cada vez más, que el país logre un elevado crecimiento económico y que los beneficios de las empresas sean elevados. Se han cortado, pues, la férrea división existente en la que unas instituciones parecían ir irremediablemente unidas a una consideración ética. Ahora podemos encontrar esas mismas instituciones combinadas con una consideración ética diferente.