Fernando Vidal
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

Una increencia abierta


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La increencia religiosa crece en las nuevas generaciones, pero es un estado poroso. En realidad, el aumento no se debe a razones intelectuales, sino defensivas, frente al miedo a los abusos y totalitarismos. El movimiento MAGA, el cristianismo ultraderechista de Putin o la ultraderecha europea que quiere revertir el Vaticano II dan miedo a la gente. Sin embargo, cuando la gente ha sentido que la Iglesia no es impositiva, hay signos visibles de que la cultura vuelve a abrir su alma y a preguntarse por el Misterio de Dios.



La increencia, el agnosticismo, la indiferencia e incluso el ateísmo son mucho más permeables a la posibilidad de Dios de lo que quieren hacer pensar las retóricas del odio. El Barómetro 2025 de la Fundación Pluralismo y Convivencia proporciona datos reveladores sobre la sociedad española. Por ejemplo, el 72% de los agnósticos no mantienen que no exista Dios; tampoco el 22% de ateos ni el 41% de indiferentes. El 40% de agnósticos cree que, al menos, existe una fuerza vital y universal de carácter espiritual.

Orar

Entre los no creyentes, el 20% se define como una persona espiritual interesada por lo sagrado, aunque no se considere afiliado a ninguna religión concreta.  Estos mismos son un 12% entre los ateos y el 36% de los que se presentan como agnósticos. En la vida después de la muerte, creen el 21% de agnósticos, el 14% de indiferentes y  el 6% de ateos. En que hay una energía sobrenatural en el cosmos, creen el 43% de agnósticos, el 32% de indiferentes y el 22% de ateos.

Sed de razón y fe

Dicho de otro modo, hay un amplio margen para la conversación acerca del misterio de Dios y de la trascendencia, hay un gran espacio que tiene sed de razón y fe. La cuestión es si existen espacios abiertos para hablar de ello y para vivir juntos la comensalidad.

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