Noticias religiosas de última hora


Trinidad Ried
Presidenta de la Fundación Vínculo

Trump, Maduro… y un café con Jesús


Compartir

Después de escuchar las noticias sobre el operativo impulsado por Donald Trump para capturar y llevar a Nicolás Maduro a Estados Unidos, se desató una avalancha de opiniones a favor y en contra de un acto difícil de clasificar y que, al menos a mí, me dejó turuleca y mal parada, sin saber bien desde dónde mirar lo que estaba ocurriendo. En el transcurso de los días, los discursos y decisiones oficiales dejan aún más que desear.



Imagino que no soy la única. Muchos comparten el anhelo de que caiga un Gobierno no democrático y la esperanza de que Venezuela vuelva a ser un solo pueblo: unido, libre, próspero y en paz. Sin embargo, el modo utilizado y las justificaciones esgrimidas son complejas de tragar. La intervención en otro país, invocando la justicia o la erradicación del narcotráfico, resulta insuficiente para convencer sobre una supuesta bondad de fondo. Se perciben intereses de otra índole y una verdad más oscura y enredada, de esas que probablemente se comprenden décadas después.

Nadie queda a salvo

Todo esto me dificulta discernir qué siento y qué pienso. Oscilo entre el realismo y el escepticismo; entre la esperanza puesta en Venezuela y la indignación frente al actuar abusivo del Gobierno estadounidense. Y la inquietud aparece inevitable: ¿qué pasaría si mañana deciden que otros países entran en esa misma lista? Nadie queda a salvo de interpretaciones ajenas sobre la realidad.

En Chile, muchos venezolanos residentes han salido a celebrar. Ven en Trump a un liberador tras años de pobreza, arbitrariedades y la salida forzada de millones de personas que abandonaron su país por necesidad. A cada uno de ellos los abrazo con profunda empatía y cariño. El dolor de la separación familiar y la dificultad de abrirse camino en una tierra extraña merecen respeto y jamás minimización. Al mismo tiempo, comprendo a quienes se sienten indefensos y enojados frente a un “imperio todopoderoso” que actúa como Superman, convencido de que salva al mundo de los “malos”, aun cuando muchas veces también ejerce el mal. Nuestra historia latinoamericana ofrece demasiadas pruebas de ese modo de proceder.

Maduro, juzgado en Nueva York

Maduro, juzgado en Nueva York

Con todo este ruido interior, “invité a Jesús a tomarse un café conmigo” con la secreta esperanza de que me ayudara a entender algo de la contingencia mundial. Lo primero que me tranquilizó fue escucharle decir que jamás estaría de acuerdo con el uso de la violencia para erradicar un mal. Es pan para hoy y hambre para mañana porque siembra la venganza y la revancha inevitable apenas el caído se vuelva a levantar.

Pataletas estridentes

—Pero aquí Maduro y Trump han actuado mal —intervine, todavía confundida—. Ambos se han autodesignado representantes del pueblo y terminan comportándose como niños tiranos, midiendo fuerzas a través de pataletas cada vez más estridentes.

Asintió con una mezcla de paciencia y lucidez.

—Ese ha sido siempre un problema humano —dijo, como quien habla desde una memoria larga—. Desde el inicio de la historia han existido gobernantes que se creen dioses, que se apropian de todo levantando banderas supuestamente nobles, teñidas de mentira y ambición. Todos, sin excepción, han pasado. Y sus imperios, tarde o temprano, se han vuelto polvo.

¿Entonces no hago nada? ¿Qué posición tomo? —pregunté, algo angustiada, viendo que Él ya se terminaba el café y yo seguía casi en el mismo lugar.

Ten fe en mí y en mi Padre Dios. Esto también pasará. La vida da muchas vueltas y todo se paga, aquí y en la eternidad. Tú permanece fiel al amor, a la fraternidad, a la justicia y a la paz, siempre y en todo lugar. No transes tus principios ni cambies el bien por un pedazo de pan. La integridad es el único camino que conduce a la abundancia verdadera y a la felicidad. Todo lo demás son noticias que mañana ya habrán sido reemplazadas por otras. El destino del universo jamás ha estado en manos de ninguna criatura humana y esta vez no es una excepción.

Luego hizo una pausa, sonrió con ternura y agregó: —Ahora, tómate el café, que se te está enfriando.