En estas últimas semanas hemos asistido a una subida de los tipos de interés por parte de las dos principales zonas económicas del mundo, la Unión Europea y Estados Unidos. En ambos casos, sus respectivos Bancos Centrales han considerado que debido a la inflación que hay en sus respectivas zonas monetarias, debían tomar medidas que frenasen esa inflación que consideran demasiado elevada.
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Subir el tipo de interés supone, para quien no lo sepa, que el Banco Central presta más caro el dinero a los bancos y que, estos, a su vez, van a prestar a sus clientes a un precio superior.
Esto tiene unas consecuencias negativas sobre negocios, empresas y familias porque puede hacer que pidan menos prestado o que, si ya lo habían hecho, les suba el coste de esos préstamos y les queden menos fondos para adquirir otros bienes con la merma subsiguiente en su capacidad adquisitiva. Esta rebaja de lo que se quiere comprar rebaja a su vez la presión sobre los precios, propiciando el freno de su subida.
Todo estaría perfecto si no fuese porque la causa de la inflación actual no es que haya mucha demanda de bienes y servicios y una oferta insuficiente, sino una contracción de la oferta debida a problemas geopolíticos. La gran subida de los precios que estamos experimentando en la actualidad comenzó a darse debido a los estrangulamientos de los transportes mundiales que incrementaron el precio de muchos productos estratégicos.
La guerra de Ucrania, un país con grandes recursos naturales, no hizo más que reforzar algo que ya había comenzado con anterioridad. Las tensiones entre EEUU e Irán con los ataques del primero al territorio del segundo y el bloqueo del estratégico Estrecho de Ormuz, no han hecho más que reforzar estos problemas de suministro que han encarecido, todavía más, muchas de las fuentes de energía más utilizadas a nivel mundial.
La causa de la actual inflación no es que se esté demandando una gran cantidad de bienes y servicios (aunque la infraestructura necesaria para implantar la IA está suponiendo una demanda superior de determinados productos mineros y energéticos estratégicos), sino que hay tensiones sociopolíticas que están impidiendo un suministro normal de materias básicas para el normal desarrollo de la economía.
Esto nos muestra que estamos poniendo la venda en el lugar equivocado. Para lograr que bajase la inflación, lo ideal sería acabar con los conflictos existentes y que estas mercancías volviesen a fluir desde sus lugares de origen hacia quienes las compran. Evidentemente, los Bancos Centrales no pueden tomar decisiones en estos ámbitos por lo que se ven obligados a actuar sobre lo que tienen a mano: los tipos de interés.
Su subida no actúa sobre la causa de esta inflación, sino sobre la demanda, que puede ayudar a que se reduzca, pero no a frenarla totalmente. Si los problemas de suministro se acrecientan, podemos asistir a una época de subida de precios y recesión, como la que vivimos en los años setenta del pasado siglo.

