Guillermo Jesús Kowalski
Licenciado en Teología por la Universidad Católica de Argentina (UCA)

“Su nombre es misericordia”: propuesta programática para un blog


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Hoy nace “Su nombre es misericordia”, con una propuesta programática para un blog que empieza con esta particular introducción, donde me pregunto desde dónde se nombra a Dios. Y es que nombrar a Dios es siempre un acto teológico y existencial. Decir que “su nombre es misericordia” no es una expresión devocional, sino una afirmación radical sobre quién es Dios, cómo percibimos su manifestación en la historia y qué “tipo de fe” asumimos.



Este blog nace desde la mirada de Jesús hacia los pobres, las víctimas y las periferias. No como recurso literario, sino desde la propia experiencia teologizada de sacerdote casado, en la Iglesia y el mundo. Porque el lugar desde donde se cree, se piensa y se escribe define la índole de la fe. No es lo mismo hablar de Dios desde la seguridad del “estar bien” que desde la intemperie humana.

Otra mirada

Las bienaventuranzas, Epulón y Lázaro, el buen samaritano, etc. abundan en la denuncia de una fe que se vuelve ciega desde la autosuficiencia, y otra que, desde la necesidad, se abre a la verdad del Reino. Este blog quiere situarse en esa segunda mirada: una fe vivida y no idealizada.

En esta línea, los pontificados de Francisco y León son decisivos al recuperar la misericordia como centro del cristianismo y las periferias como lugar privilegiado de revelación.

La misericordia como núcleo del cristianismo

La misericordia no es un atributo más de Dios: es su modo de ser. La historia bíblica revela a un Dios que se inclina ante la fragilidad, que escucha el clamor y que rehace continuamente la vida. Jesús encarna esta lógica. Se acerca a los excluidos, rompe barreras religiosas, devuelve dignidad. En Él, la fe deja de ser sistema cerrado para abrirse al encuentro que humaniza. Quienes creen, lo hacen porque experimentan su misericordia, no por proselitismo, lavado de cabeza o manipulación emocional. La fe cristiana nace y se verifica siempre en la Misericordia.

Por eso, el criterio último del cristianismo no es la norma ni la perfección moral, ni el fanatismo fundamentalista de tradiciones perimidas, sino la compasión inteligente y activa.

Punto de partida

Este blog quiere asumir esta clave, subrayando su punto de partida: la misericordia no se comprende desde la comodidad individualista, sino desde la fragilidad compartida. Solo quien reconoce su propia vulnerabilidad puede abrirse a la del otro. También la Iglesia, cuando habla no desde el triunfalismo, sino desde la humildad de reconocer y reparar sus pecados en la historia. Nada conmueve tanto y llama a la conversión como la “humildad de la verdad” en vez de la ideología eclesiástica de la autojustificación.

Esta “fe” implica una visión eclesial distinta: como Pueblo de Dios en camino, no como estructura que domina y condena, sino como comunidad que acompaña, escucha y aprende sinodalmente.

Los pobres y las víctimas en el centro

La misericordia evangélica no es abstracta. Tiene rostro y urgencia. Dios mira a todos, pero los pobres no pueden esperar. En ellos se juega la verdad de la fe. Sin embargo, nuestras sociedades y muchos grupos religiosos han normalizado la exclusión. Los heridos del camino se vuelven invisibles y culpables. Discursos como la meritocracia justifican desigualdades y tranquilizan conciencias.

Frente a esto, Jesús rompe la indiferencia: mira, se detiene, actúa. Su misericordia es conflictiva, porque desinstala y cuestiona. No permite una fe cómoda que ignore el sufrimiento y la injusticia.

Un lugar incómodo

Este blog quiere situarse en ese lugar incómodo del Evangelio: desde los descartados, desde los que no cuentan, desde las periferias reales. No para idealizar la pobreza, sino para reconocer allí su Presencia resucitadora. Y solidarizarse mediante hábitos de “austeridad compartida” que denuncien la obscenidad del consumismo y el lujo, causales de un mundo tan desigual e injusto, “que mata”.

Jesus De Nazaret 2

Por eso, hablar de misericordia aquí implica hablar también de justicia, estructuras y responsabilidad social. No es una emoción pasajera para “retiros de impacto” de clases sociales acomodadas, sino una forma de vida que transforma la realidad. Es denuncia y exigencia de reparación de abusos históricos, encubrimientos, complicidad con colonialismos que perduran, etc. Tener conciencia de que siempre seremos lo que hicimos nos aleja de hipocresías y abona el humus para proclamar el Evangelio sin complejo de impostores.

Misericordia, sinodalidad y crítica al clericalismo

Una Iglesia centrada en la misericordia no puede ser autorreferencial. El clericalismo (que convierte la mediación en dominio) es una de sus principales deformaciones. Es muy denunciado, pero poco combatido estructuralmente con reformas de fondo.

Cuando la fe se organiza como sistema cerrado, como “secta sagrada” con dirigentes angelizados que terminan siendo demonios abusadores, pierde su dinamismo evangélico. Se absolutizan roles, se instrumentaliza el pecado y se genera dependencia espiritual de gurúes sacralizados con piel de oveja.

Espíritu sinodal

Frente a esto, la sinodalidad propone una Iglesia que se piensa como Pueblo de Dios, donde todos caminan, escuchan y disciernen juntos. No se trata de debilitar la fe, sino de devolverle su forma original: comunitaria, abierta y encarnada.

Este blog se inscribe en esa lógica: no habla desde arriba, sino desde la experiencia compartida. Desde la fragilidad, no desde la superioridad. Desde el camino, no desde la instalación. Aquí la crítica es evangélica: una ascética que libera de aquello que impide que la misericordia sea vivida como mística de encuentro y no como control de conciencias.

Un espacio para discernir la fe en la vida

“Su nombre es misericordia” será un espacio de discernimiento, no de respuestas prefabricadas. Inspirado en el método de la Doctrina Social de la Iglesia:

  • Ver la realidad siendo críticos de los sesgos desde donde miramos
  • Juzgarla a la luz del Evangelio más allá de cualquier ideología
  • Actuar para transformarla y hacer posible el Reino y su Justicia

Los temas serán diversos (pobreza, cultura, Iglesia, sociedad), pero estarán unificados por una misma intención: humanizar la vida desde el Evangelio. El lenguaje buscará ser claro e incisivo. Porque la teología, tan huérfana de los grandes del Concilio Vaticano II, no puede seguir cautiva de eruditas bibliotecas y venerados académicos: debe discernir los Signos de los Tiempos para iluminar la vida real. Este blog quiere ser un puente: entre fe y vida, entre experiencia y reflexión, entre Evangelio y mundo, inspirado en ‘Gaudium et spes’ y ‘Fratelli tutti’.

Una misericordia que se hace historia

Decir que “su nombre es misericordia” no es una idea, es una forma de vivir. Este blog nace desde abajo, desde las heridas y las esperanzas de las mayorías silenciosas, de los santos de la puerta de al lado con sus vidas entregadas sin postureo a los demás. Por eso no busca tranquilizar, sino despertar; no cerrar preguntas, sino abrir caminos. Solo Dios es definitivo, no nuestros dogmatismos estancados, porque todo es Éxodo mientras la Pascua va camino a la Parusía.

En continuidad con el espíritu de Francisco, quiere aportar a una Iglesia más samaritana y sinodal, capaz de dejarse interpelar por el mundo.
Porque, cuando alguien se detiene ante el herido, cuando alguien comparte, cuando alguien se pone en los pies del otro, la misericordia deja de ser bonito discurso y se vuelve realidad resucitada y resucitadora. Y entonces, en medio de la historia, Dios vuelve a decir su Nombre.