León XIV ha podido contemplar en primera fila un espectáculo de música, luz y canto tras la bendición de la torre de Jesucristo. Siempre contemplar la Sagrada Familia es enfrentarse a una de las paradojas más increíbles de nuestro tiempo: el abrazo íntimo entre la espiritualidad milenaria, la visión de un arquitecto modernista y la ingeniería del futuro. En este espacio, la piedra tallada a mano convive con algoritmos que originalmente fueron desarrollados para diseñar aviones.
- ¿Todavía no sigues a Vida Nueva en INSTAGRAM?
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Esta convergencia que se da en el proyecto constructivo, ha servido de ingrediente secreto para ofrecer a mundo un espectáculo que pone el listón muy alto al día en el que haya que dar por concluidas las obras del templo. La piedra o las vidrieras y los drones han ocupado en mismo espacio que la música coral o la luz artificial. El progreso y la herencia no tienen por qué ser enemigos, sino aliados.
El peso de la tradición
Una iglesia, de por sí, ya es un monumento a la permanencia y a la paciencia. Tradicionalmente, las grandes basílicas y catedrales eran proyectos generacionales. Un maestro cantero comenzaba una obra que, con suerte, sus tataranietos verían terminada.
La Sagrada Familia nace de esta misma semilla hace cinco generaciones. Es un templo expiatorio erigido para conectar lo humano con lo divino a través del simbolismo teológico, el silencio y la luz inspirados en las formas de la propia naturaleza, puesto que el venerable Antoni Gaudí buscó la tradición en su sentido más profundo, mirando hacia la obra máxima de la creación. Sus columnas son árboles; sus bóvedas, el dosel de un bosque petrificado.
Sin embargo, la complejidad geométrica de este “bosque” era tal que los métodos tradicionales de cálculo y construcción resultaban insuficientes para levantar semejante estructura sin que colapsara bajo su propio peso.
Una imagen de vanguardia
Tras la Guerra Civil española, los talleres de Gaudí fueron saqueados y sus complejas maquetas de yeso quedaron reducidas a escombros. Para rescatar y continuar su visión, los arquitectos contemporáneos tuvieron que recurrir a herramientas que en el siglo XIX parecían magia.
Hoy en día, el templo es uno de los laboratorios de construcción más avanzados del planeta con software aeronáutico, la impresión 3D y la realidad virtual o el mecanismo robotizado. Como se leyó en el cielo de Barcelona: “Primero el amor, después la técnica”, frase del propio Gaudí quien pensaba que “la originalidad consiste en volver al origen”.
León XIV ha reflexionado en su encíclica ‘Magnifica humanitas’ sobre el alcance de la tecnología en los tiempos que corren. El espectáculo de la Sagrada Familia es un ejemplo de la puesta en práctica de que la tradición y la innovación no son fuerzas opuestas, de que la tecnología no tiene que borrar el pasado para poder construir el futuro.

