Quienes niegan la dimensión social de la fe, y quieren encerrar a esta en templos y sacristías, siempre ven con malos ojos cuando algún clérigo se posiciona frente a los acontecimientos políticos. Es cierto que, conforme al derecho canónico, ellos no pueden participar en política partidista y/o electoral. Pero sí pueden -y deben-, sobre todo en estos convulsos tiempos, abogar por la paz en el mundo.
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Fue por ello que, en el verano del 2025, unos 200 sacerdotes se atrevieron a llamar genocidio a lo que sucedía en Gaza. El 23 de septiembre de ese año salieron a las calles de Roma, Italia, para protestar por la masacre y ya eran más de 1,600, pertenecientes a 50 países de los cinco continentes. Hasta obispos y cardenales se fueron agregando con el tiempo.
Los clérigos no tomaban partido. Solo exigían que se respetara el derecho internacional y las resoluciones de la ONU, y denunciaban las políticas imprudentes de Occidente en Oriente Medio. “No estamos en contra de nadie, sino a favor de cada vida”, sentenciaban.
Por otro lado, el pasado 17 de febrero de este año, la agrupación ‘Sacerdotes contra el genocidio de Estados Unidos‘ -así se bautizaron, y ya pertenecen a ella 2,200 sacerdotes de 58 países, junto con 22 obispos, arzobispos y dos cardenales- dirigieron una carta abierta a los obispos norteamericanos.
En ella hacen “un humilde llamamiento a los líderes católicos de Estados Unidos para que hablen con claridad moral y den un valiente testimonio de paz y justicia”. Especial preocupación expresan los firmantes por ese engendro trumpista llamado Junta de la Paz, creado en enero de este año, y que ha encontrado severas críticas en la opinión pública internacional. Lo menos que se dijo fue que Donald Trump quería convertir a la Franja de Gaza en un oriental Mar-A-Lago.
Rematan afirmando con firmeza que “… cualquier reivindicación de paz se vuelve hueca cuando se excluye la voz palestina de la toma de decisiones, cuando se normaliza la injusticia sistémica y cuando los derechos fundamentales de los oprimidos se subordinan a intereses lucrativos”.
Contra lo sostenido por el voluble presidente norteamericano, que ha desautorizado a los organismos internacionales encargados de preservar la paz en el mundo, citan al papa León XIV, quien: “… nos recuerda, además, que el derecho internacional humanitario, la cooperación multilateral y las Naciones Unidas siguen siendo pilares esenciales de la coexistencia pacífica mundial“.
Bien por estos curas. Veremos cómo se posicionan los obispos norteamericanos frente a las aberraciones, cada vez más frecuentes, de su presidente Trump.
Pro-vocación
La eutanasia que buscó y logró Noelia Castillo, no obstante presiones familiares y mediáticas, vuelve a plantear las interrogantes morales que se podrán guardar en el cajón, pero solo por un tiempo, porque terminan por aflorar en forma de interrogantes removedoras de certezas supuestamente inamovibles: ¿tiene derecho una persona a interrumpir su vida terrena? Quienes piensan que no: ¿tienen derecho a presionarla para que no ejerza el derecho que ella cree tener? Quien opta por la eutanasia: ¿lo hace porque quiere morir o porque ya no quiere vivir de la manera en que está viviendo? ¿Es lo mismo cuidar que acompañar?
