Jose Fernando Juan
Profesor del Colegio Amorós

¿Qué será de la Iglesia dentro de 10 años?


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Quizá algunas personas no se lo han planteado, pero la Iglesia es humana, muy humana. Cuando se hace valer esto, llueven ataques y hay un cierto rechazo entre los mismos cristianos, como si la Iglesia no fuera de su tiempo.

Pienso en el matrimonio, por hacer un paralelo. Una cosa es su inicio, otra su desarrollo. El amor se transforma, sin dejar su origen. Desea en muchas ocasiones volver a la fuente sin percatarse de la riqueza que acumula con lo ya amado, con lo ya discutido, con sus momentos álgidos y con, incluso, sus heridas. Si persiste, si continúa caminando es por algo más, por algo mayor que lo vivido. Hoy, que los tiempos miran la novedad de lo que vendrá, o puede venir, con auténtico entusiasmo, ¿dónde queda en todo esto la Iglesia?

Puestos a soñar y a dar la vida en una dirección, pienso que la Iglesia será espacio de amplio encuentro. Personas sensibles de muchos campos de la sociedad y con experiencias diversas, seguirán hablando de Dios como su acontecimiento primordial. A la Iglesia se entra por el bautismo, se permanecerá en ella por el despertar a lo que esto significa: Dios me ha amado primero, Dios me ha pensado y esperado, Dios ha entrado en diálogo conmigo cuando, probablemente, menos lo imaginaba. La Iglesia será, despojada de toda inercia social, el lugar de los llamados que han sido capaces de dar una respuesta incipiente.

Acompañamiento

Además, puestos a seguir pensando, la Iglesia acompañará a las personas sin alojarlas en naves industriales en las que nadie se conoce. Volverán las pequeñas comunidades de personas que se saben parte de algo mucho mayor. Volverán los grupos integrados por nombres y apellidos, por circunstancias, en las que se trabarán auténticas relaciones humanas y divinas entre personas. Volverá a ser sacramento, lugar de encuentro con Dios, el templo hasta ahora repleto de impersonalidades. Dejará de ser producto de consumo asistir a la Eucaristía del domingo. Quien vaya escuchará algo importante en su corazón o en corazón de su hermano.

El lugar de la Iglesia en el mundo no será la confrontación, sino la amistad y ternura. Eso distinguirá al cristiano en su relación con sus prójimos. La Iglesia transformará antes el corazón de los cristianos que las estructuras del mundo, y su lucha será que no existan luchas y reine la comunión. La presencia de Dios en el mundo se tejerá de este modo, desde el amor. Y jamás quedará excluido nadie de ella. El cristiano tendrá, por propia experiencia, constancia del amor de Dios sin merecerlo y eso se abrirá la mente y el corazón para comprender que Dios ama así a todas las personas, y no solo a unos pocos en el mundo. Aunque haya quien diga lo contrario, lo niegue o lo combata. El cristiano sabrá y vivirá que Dios ama a todos, porque le ama a él en un diálogo único.

La Iglesia dentro de diez años mirará por sí misma, se cuidará en una auto-referencialidad sana y habrá superado sus complejos. Porque habrá aprendido el lenguaje que le acerca a cristianos muy diversos, superando lenguas y superando prejuicios, y se respetará el camino de unos y otros. Además, se esforzará por aprender el lenguaje de su tiempo y los modos en los que la humanidad, en cada generación, expresa su conexión con la vida y no solo con el mundo. Las personas encontrarán en la Iglesia un lugar en el que ser entendidos y querer entender a otros sin juzgarlos.

Dibujo de una niña sobre la Iglesia del futuro

Volverá, eso así, a sentirse insatisfecha consigo misma. Jamás en la historia realizará plenamente su vocación de origen, tendrá que estar repetidamente aprendiendo. No se cansará en ello, no se desmoralizará. Comprenderá que es lo que es por permanecer a la escucha de la Palabra, atenta a Quien provoca los signos de los tiempos, confiará en la historia, será remanso de paz y nido de profetas, lugar sapiencial y monte en el que la humanidad doliente y sensible recibirá como nuevas las bienaventuranzas.

De vuelta, buscará su propia tensión hacia Dios, el Absoluto que como Padre se ha mostrado en la humanidad de Jesucristo y en los impulsos del Espíritu. Tensión, no conflicto. Llamada y provocación, es decir amor e interés más que nada en el mundo. Los que vengan y estén por venir, percibirán su aliento.

En diez años, seguirá siendo humilde y pobre, imperfecta hasta dolerse de sí misma. Seguirá siendo camino hacia Dios para quien entre en este diálogo permanente con el Misterio.