Redactor de Vida Nueva Digital y de la revista Vida Nueva

¿Qué esconde el informe del grupo 9 del Sínodo de la Sinodalidad?


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La síntesis

La Secretaría General del Sínodo ha publicado nuevos documentos de trabajo que marcarán el futuro eclesial. Entre ellos, destaca profundamente el informe del Grupo de Estudio 9 coordinado por el cardenal Carlos Gustavo Castillo Mattasoglio, que plantea una transformación radical en el lenguaje y el método con los que la Iglesia católica aborda las cuestiones doctrinales, pastorales y éticas más complejas en tres puntos y tres testimonios, como la homosexualidad.



Frente a la lógica tradicional de la confrontación, el Grupo propone un giro metodológico inspirado en el libro de los ‘Hechos de los Apóstoles’. El objetivo central de este documento es establecer un modelo de discernimiento basado en la escucha activa, el diálogo, el aprendizaje compartido y la transparencia. Uno de los cambios más significativos que introduce el texto es la modificación del lenguaje oficial empezando por el título del informe. El informe sugiere abandonar la expresión “temas controvertidos” para empezar a hablar de “cuestiones emergentes”.

Según el documento, esta nueva terminología busca desactivar la polarización y favorecer un clima donde el diálogo y el discernimiento comunitario sean los verdaderos protagonistas a la hora de afrontar los retos éticos y pastorales de la actualidad. Para llevar a la práctica este cambio de paradigma, el informe consolida el uso de la llamada “conversación en el Espíritu”, una herramienta clave del proceso sinodal que entrelaza la oración con el diálogo en comunidad.

El Grupo 9 estructura este enfoque metodológico en tres pasos fundamentales que deben aplicarse ante cualquier dilema ético o doctrinal:

  • Escucharse a uno mismo: Un ejercicio de introspección personal y espiritual.
  • Escuchar la realidad: Atender al contexto, las vivencias y las circunstancias concretas del entorno.
  • Reunir conocimientos y saberes: Integrar la información, la teología y la experiencia para un análisis profundo.

El informe no se queda en la teoría, sino que aterriza este nuevo método en dos escenarios concretas de gran sensibilidad en la Iglesia actual: la experiencia de los creyentes homosexuales y la no violencia activa en contextos de conflicto internacional.

En lugar de emitir juicios definitivos, el texto destaca por evitar conclusiones doctrinales cerradas. En ambos casos, el documento opta por plantear líneas de reflexión y preguntas abiertas, trasladando la responsabilidad a las comunidades locales para que continúen el proceso de discernimiento en sus propios contextos.

Lienzo Vida Nueva 8

La reacción

Tras la publicación del informe se ha difundido ampliamente –casi como por alusiones– de la asociación Courage International, una institución fundada en 1980 en Nueva York por el padre John F. Harvey. Es un apostolado de la Iglesia Católica diseñado para ofrecer acompañamiento pastoral a personas con atracción hacia el mismo sexo que han elegido vivir en castidad. Actualmente cuenta con más de 160 grupos en 15 países y tiene reconocimiento canónico oficial desde 2016. La organización también cuenta con una rama llamada EnCourage, dedicada a apoyar y guiar a las familias de personas que se identifican como LGBT.

Valorando el informe final del Grupo de Trabajo 9 denuncian que el documento vaticano presentar una imagen “falsa e injusta” de su labor pastoral al incluir una referencia despectiva hacia el apostolado de Courage al adentrarse en las terapias de conversión, según los aludidos. Además, añaden, un anexo del documento recoge el testimonio individual de una persona que relata una experiencia negativa con la organización.

“Courage considera que este informe es a la vez calumnia y detracción contra la organización y sus miembros”, señala la declaración oficial publicada el pasado 8 de mayo. La principal queja radica en cómo el texto caracteriza erróneamente su misión pastoral. La entidad fue tajante al desmentir las acusaciones implícitas en el reporte: “Courage no está ni ha estado nunca involucrado en la ‘terapia reparativa’, como se alega”.

Courage también ha defendido, ante el testimonio, la estructura de sus encuentros, aclarando que el propósito no es el secretismo, sino la protección de personas vulnerables: “Los miembros de Courage entienden que esas reuniones son confidenciales y seguras, precisamente para que puedan hablar con franqueza y vulnerabilidad sin temor a que alguien informe sobre ellos”, destacan. La organización añadió que es precisamente esa vulnerabilidad la que justifica su existencia: “Es precisamente porque las personas a menudo se sienten solas, sin esperanza y deprimidas que las reunimos para brindarles apoyo y reivindicamos la confidencialidad que les permite hablar libremente sobre sus luchas”.

El cardenal

Entre las reacciones habituales está de la del cardenal Gerhard Müller quien ha emitido una severa crítica por escrito ­­–con el título “Sobre la bendición de Dios y las falsas bendiciones de este mundo”–, señalando que sus propuestas y la acogida de las mismas representan una plataforma para ideologías contrarias a la fe católica. El exprefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe argumenta que la gran acogida que el reciente informe del Grupo de Estudio 9 ha tenido entre los defensores LGBT es sumamente reveladora y subraya cómo “se acoge abiertamente la relativización herética del matrimonio natural y sacramental”.

Según el purpurado alemán, este movimiento se presenta como el primer paso hacia el reconocimiento de la ideología LGBT, la cual, asegura, promueve una visión materialista de la humanidad sin Dios. El cardenal Müller señala que los hallazgos publicados por los grupos de estudio establecidos por el Papa Francisco adolecen de dos problemas fundamentales:

  1. “Por su desconfianza en los principios centrales de la doctrina católica, que confunden con un sistema de pensamiento limitado en el tiempo, en lugar de reconocerlos como la transmisión íntegra y completa de la revelación de Dios”
  2. “En su intento de alinearse con las ideologías dominantes a través de un llamado ‘cambio de paradigma de un dogmatismo rígido a un enfoque pastoral cercano a la gente’ para ganar el reconocimiento de sus defensores”.

Müller advierte que, aunque estos grupos no niegan abiertamente las verdades reveladas, actúan ignorándolas para construir “su propia casa de un cristianismo cómodo y conforme al mundo” paralelo a la doctrina oficial.

Para el cardenal, los textos recientes utilizan un lenguaje que busca desorientar a los fieles mediante lo que él califica de tácticas retóricas engañosas: “Para confundir a los ingenuos compañeros de fe, se adorna con lugares comunes bíblicos y espirituales: ‘lo que el Espíritu dice a las iglesias’, el discernimiento en lugar de la condena, el Jesús misericordioso y que todo lo acepta enfrentado a los rigoristas maestros de la ley…”. Esta narrativa, argumenta Müller, conduce a la afirmación sofística de que el pecado ya no consiste en actos conscientes contra los mandamientos de Dios, sino simplemente en la negativa a mostrar una misericordia omnímoda hacia quienes no cumplen dichos mandamientos.

Uno de los puntos más críticos de la declaración de Müller es su firme rechazo a cualquier propuesta de bendición para uniones del mismo sexo, un tema que, según él, obsesiona a ciertos sectores de la Iglesia en detrimento de la verdad de Cristo. “La bendición privada o incluso paralitúrgica de parejas del mismo sexo y de distinto sexo en relaciones irregulares se basa en la negación herética de la verdad revelada de que Dios creó a los seres humanos como hombre y mujer”, sentencia.

El cardenal recuerda que Jesús confirmó la voluntad original del Creador y que, en el matrimonio, el hombre y la mujer forman una unidad “en el amor mutuo, en la vida compartida y en la apertura a los hijos”. Concluye su declaración con una dura advertencia sobre la autoridad eclesiástica en esta materia: “No hay mención alguna en la Sagrada Escritura ni en toda la tradición de la Iglesia de una bendición para personas en relaciones adúlteras, ni hay indicación alguna de que los obispos estén autorizados a ordenar o permitir bendiciones fraudulentas y blasfemas”.

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