¿Qué nos dicen el sol y la luna?


¿Todavía tenemos fresco en la memoria el recuerdo de lo sucedido el pasado día 12 de agosto, con el eclipse total de sol y las inmensas movilizaciones y grandes expectativas que generó, y que, al parecer, en gran parte fueron satisfechas.



Hablando del sol y la luna, hay un texto bíblico que resulta clave: “Dijo Dios: ‘Existan lumbreras en el firmamento del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años, y sirvan de lumbreras en el firmamento del cielo, para iluminar sobre la tierra’. Y así fue. E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche; y las estrellas. Dios las puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche y para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto” (Gn 1,14-19).

Eclipse lunar

Eclipse lunar parcial visto desde Córdoba. Foto: EFE

No habrá pasado inadvertido el hecho de que no se mencionen por sus nombres al sol y a la luna. Según los expertos, la razón hay que buscarla en que tanto el sol como la luna eran divinidades babilónicas: respectivamente, Shamash y Sin. Shamash es el que aparece representado ‒sentado‒ en la parte superior del famoso Código de Hamurabi, frente al propio rey, y Sin era el dios lunar del que era devoto el último rey babilonio, Nabonido, cuya madre era precisamente sacerdotisa del dios en el templo de Harrán. En  el llamado Cilindro de Sippar, Nabonido dice:

“Que Sin, el rey de los dioses del cielo y del inframundo, me dirija con alegría su mirada favorable y cada mes, al levantarse y ponerse, y haga favorables mis señales siniestras. Que Sin alargue mis días, alargue mis años, haga firme mi reinado, venza a mis enemigos, aniquile a los que me son hostiles, destruya a mis enemigos. Que Ningal, la madre de los grandes dioses, hable favorablemente en mi nombre ante Sin, como amada suya. Y que Shamash e Ishtar, su brillante descendencia, me recomiende favorablemente a Sin, su padre y su creador. Que Nusku, el augusto visir, escuche mi oración e interceda por mí”.

Que el mundo funcione

El texto bíblico no habría querido mencionar los términos “sol” y “luna” justamente para subrayar el aspecto funcional de los astros: regir el día y la noche y establecer el calendario (hay que recordar que el calendario hebreo era luni-solar). Ante la grandiosa visión de las fiestas del Akitu, el Año nuevo babilónico, para la teología judía que se desarrolla en el exilio, solo Dios es Dios, y no puede serlo aquello que es una mera criatura que ha sido hecha precisamente para una finalidad práctica: que el mundo funcione.

Como el resto de criaturas ‒creaciones‒, el sol y la luna tienen mucho que decir. Pero todo depende de lo que que estemos dispuestos a escuchar.