David Jasso
Vicario episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

¿Qué América Latina encontrará León XIV?


América Latina es un continente de contrastes. Todavía podemos encontrarnos con multitudes que caminan kilómetros para visitar un santuario y, al mismo tiempo, con jóvenes que ya no encuentran razones para acercarse a la Iglesia.



Somos pueblos capaces de una solidaridad extraordinaria, pero también profundamente marcados por la desigualdad, la violencia y la desconfianza. Conservamos una enorme riqueza espiritual, aunque muchas de nuestras instituciones, incluidas las religiosas, atraviesan una crisis de credibilidad.

El papa León XIV comienza su viaje apostólico a Uruguay, Argentina y Perú. No será solamente un recorrido por tres países, sino un encuentro con una América Latina que está cambiando y que, quizá, necesita ser escuchada tanto como evangelizada.

Me pregunto: ¿qué América Latina encontrará el Papa? Una primera realidad es la transformación religiosa. Un estudio publicado este año por Pew Research Center confirma que la proporción de católicos ha disminuido significativamente durante la última década en seis países latinoamericanos, sin embargo, alrededor de nueve de cada diez personas encuestadas siguen creyendo en Dios.

El dato me parece revelador porque tal vez no estamos simplemente ante una pérdida de fe, sino ante una transformación de las maneras de creer, pertenecer y relacionarse con las instituciones religiosas. Hay personas que siguen buscando a Dios, aunque ya no lo busquen donde nosotros esperamos encontrarlas.

Lo he pensado recientemente, al contemplar las expresiones de religiosidad popular en el Santuario de San Judas Tadeo. Detrás de cada peregrino hay una historia, una preocupación, una esperanza. La fe sigue viva, pero no siempre encuentra comunidades capaces de acompañarla.

Encontrará también un continente herido por la desigualdad. Según la CEPAL, 162 millones de latinoamericanos vivían en situación de pobreza monetaria en 2024, pese a los avances registrados. Detrás de esos números hay familias que trabajan sin alcanzar condiciones dignas, jóvenes que migran porque no encuentran oportunidades y comunidades que viven entre la inseguridad y la incertidumbre.

A ello se suma la polarización. Nos cuesta cada vez más reconocer algo valioso en quien piensa distinto y la confrontación política y social está debilitando los vínculos, mientras crece la tentación de encerrarnos entre quienes comparten nuestras convicciones.

Pero sería injusto describir América Latina solamente desde sus heridas. El Papa encontrará también comunidades que resisten, madres que sostienen familias, jóvenes comprometidos, pueblos originarios que conservan su identidad, misioneros que permanecen donde otros se marchan y una religiosidad popular que sigue expresando la confianza de nuestros pueblos en Dios.

El papa León XIV se sube al avión rumbo a Montevideo

El papa León XIV se sube al avión rumbo a Montevideo. Foto: Vatican Media

¿Qué necesita escuchar América Latina del Papa? Quizá, antes que grandes diagnósticos, una palabra de esperanza que no ignore la realidad. Una palabra que recuerde que la dignidad humana está por encima de cualquier interés económico o político; que la fe no puede separarse de la justicia; que el futuro no se construye enfrentándonos, sino reconociéndonos hermanos. Necesitamos también una invitación a renovar nuestras comunidades eclesiales. No basta conservar tradiciones, administrar estructuras o convocar multitudes. Debemos preguntarnos si nuestras parroquias son lugares donde las personas encuentran escucha, acogida y acompañamiento.

Pero hay otra pregunta que me parece todavía más importante: ¿qué necesita escuchar el Papa de América Latina? Necesita escuchar a quienes se han alejado de la Iglesia y comprender sus razones, a los jóvenes que buscan sentido sin encontrar respuestas convincentes, a las mujeres que sostienen buena parte de la vida comunitaria, a quienes sufren pobreza, exclusión o violencia; también a quienes han sido lastimados por las propias instituciones eclesiales.

León XIV tiene una sensibilidad particular para este encuentro pues no llega como alguien que solamente conoce América Latina por sus informes. Su experiencia misionera y episcopal en Perú le permitió compartir la vida cotidiana de nuestras comunidades. El propio itinerario ofrece pistas: el encuentro con la realidad social de Casavalle, la visita a una cárcel argentina, el santuario de Luján, el regreso a Chiclayo y el encuentro con los pueblos amazónicos en Pucallpa. Son escenarios muy distintos, pero todos recuerdan que la Iglesia necesita conocer el territorio y escuchar las vidas que lo habitan.

Quizá ahí esté la verdadera riqueza de este viaje. No solamente en las palabras que pronunciará el Papa, sino en los encuentros que puedan transformar nuestra manera de mirar el continente. Porque América Latina necesita escuchar al sucesor de Pedro, pero también tiene mucho que decirle a la Iglesia universal.

Ojalá que, cuando termine este viaje, no nos preguntemos únicamente qué dijo León XIV, sino también a quiénes escuchó, qué descubrimos de nosotros mismos y qué estamos dispuestos a cambiar después de su visita. Un viaje apostólico puede durar once días. Sus frutos deberían acompañarnos mucho más tiempo.

Lo que vi esta semana

Al Papa entusiasmado por el viaje a Sudamérica.

La palabra que me sostiene

“Aquí estoy, Señor, envíame”.

En voz baja

Que el Señor bendiga al Papa.