Va a haber una revolución sapiencial que dé medios a la gente de la calle para refundar una nueva interioridad personal y popular. Solo así nos podemos recuperar del nihilismo y las violencias que están oscureciendo nuestro mundo.
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Los movimientos culturales que sostuvieron la civilización de los Derechos Humanos y la democracia siguieron métodos demasiado discursivos y docentes para interiorizar valores públicos y el propósito de su vida. No ha sido suficiente para la reflexividad que requieren las sociedades complejas y de alta diversidad, y el hipercapitalismo ha invadido el ámbito del ser y la relación, provocando polarizaciones, soledades, sinsentido y deterioro mental.
Se necesitan no solo lugares donde crear sentido vital, sino también pedagogías populares de meditación, oración, silencio, experiencias de belleza, diálogos de vida corazón a corazón, discernimiento espiritual; lugares de revinculación y celebración. También dar forma al corazón y la razón personal y popular a través del servicio real a las personas que sufren, y en situaciones de deterioro social, ecológico o cultural.
Pequeños lugares
Ya hay semillas precursoras de ese imprescindible movimiento sapiencial: retiros de meditación, oración o diálogo vital en muy diferentes formatos y de signo cristiano, interreligioso o interconviccional; clubes de lectura en los que se habla de sentido y vida; contemplación lenta en museos; experiencias de ecoconexión; espacios vitales universitarios; mayor audiencia para la Filosofía… La descancelación cultural de la cuestión de Dios abre también una vía esperanzadora.
Se necesitan modelos populares, replicables en cualquier lugar y escalables como, por ejemplo, Espacio Abierto. Emprendamos desde nuestros pequeños lugares una revolución de interioridad, revinculación y justicia.
