¿Por qué buscamos entre los muertos al que vive?


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Concluida la Semana Santa, traigo al blog en este Lunes de la Octava, dos vivencias de estos días en los que el misterio de Cristo se despliega en la liturgia recreando su mensaje salvífico y transformador. Como en el caso de los primeros cristianos, el mensaje del Resucitado sigue transformando los corazones.

La pregunta

Concluido el Triduo Pascual, el tiempo pascual despliega su fuerza en quienes tratan de vivir de forma más intensa su fe dejando que ésta evangelice las partes oscuras que cada uno tiene dentro. El último mensaje del papa Francisco, en la bendición Urbi et Orbi, ha trazado un mapa de los conflictos más o menos olvidados para hacer un significativo llamamiento a la comunidad internacional y a la responsabilidad de los dirigentes políticos. Estos subrayados, en esta Semana Santa de 2019, también han estado muy presentes en el Via Crucis.

Quienes acusan a Francisco de ser demasiado ‘social’ o de que está más preocupado por la carrera armamentística que por la reconstrucción de Notre Dame, parece que han estado poco atentos a la Vigilia Pascual, celebración central del año litúrgico en torno a la que se configura todo el tiempo de la Iglesia.

He tenido la suerte de seguir muy de cerca la Semana Santa de Francisco y dar buena cuenta en esta web. Y, además de las 20 frases recopilatorias, me quedo con unas preguntas de la vigilia. La pregunta central es la que nos ofrece el evangelio de Lucas: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” (Lc 24,5). A partir de ella, el papa Francisco ha ido actualizando conectando con nuestra vivencia de la fe y, por lo tanto, con el compromiso que esta reclama.

“¿Por qué pensáis que todo es inútil, que nadie puede remover vuestras piedras? ¿Por qué os entregáis a la resignación o al fracaso?” “¿Cuál es la piedra que tengo que remover en mí, cómo se llama esta piedra?” “¿Por qué no te decides a dejar ese pecado que, como una piedra en la entrada del corazón, impide que la luz divina entre? ¿Por qué no pones a Jesús, luz verdadera, por encima de los destellos brillantes del dinero, de la carrera, del orgullo y del placer? ¿Por qué no le dices a las vanidades mundanas que no vives para ellas, sino para el Señor de la vida?” “En la vida, ¿hacia dónde miro? ¿Contemplo ambientes sepulcrales o busco al que Vive?” “En mi vida, ¿hacia dónde camino?” son las demás preguntas de la homilía papal.

No son preguntas para una complaciente autoayuda, son una puerta para conectar con la trascendencia, para dejarnos elevar por Él. Citando a la poetisa estadounidense Emily Dickinson, Francisco ha repetido: “Ignoramos nuestra verdadera estatura, hasta que nos ponemos en pie”. Por eso señaló: “El Señor nos llama a alzarnos, a levantarnos de nuevo con su Palabra, a mirar hacia arriba y a creer que estamos hechos para el Cielo, no para la tierra; para las alturas de la vida, no para las bajezas de la muerte: ¿por qué buscáis entre los muertos al que vive?”

La abadía

El próximo sábado, 27 de abril, el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, clausurará las celebraciones por el milenario de la abadía de San Miniato al Monte. Una comunidad Benedictina Olivetana que realiza infusiones, licores y diferentes remedios artesanales y que está situada en uno de los mejores lugares para admirar la ciudad de Florencia. En este rincón escribo este blog pascual.

Este lugar privilegiado provocó que se le conociese como el lugar de la “Puerta del cielo”. Lugar privilegiado también para la observación astronómica un meridiano cruza la planta de si Iglesia y los elementos básicos –tierra, agua, aire y fuego– se entrecruzan con los elementos fundamentales de cualquier basílica toscana. La figura de san Miniato se remonta al primer mártir florentino, del siglo III, un ermitaño que abandonó su vida anterior quizá de comerciante quizá incluso de príncipe. Vidas transformadas.

Lógicamente la Semana Santa se siente entre los muros de la abadía. Mientras un monje friega el presbiterio en la mañana del Sábado Santo con la mente puesta en la Vigilia, hace sonar el órgano para acompañar los símbolos de la pasión que adornan la basílica abacial: una escalera desnuda recuerda el descendimiento, una imagen del Crucificado en un catafalco lleva a pensar en la fuerza de la muerte, la iluminación se refleja en objetos de metal creando efectos ópticos curiosos…

La abadía que se prepara para la Pascua ha estado muy presente al comienzo de la cuaresma. El abad, Bernardo Francesco Maria Gianni, ha sido el encargado este año de predicar los Ejercicios Espirituales al papa Francisco y a la Curia romana. Descubrir las huellas de Dios en la sociedad de hoy, en su cultura, en sus esperanzas, en sus señales proféticas, en sus lenguajes, en sus intuiciones… es una llamada del Resucitado. Ya sea en la ‘puerta del cielo’ de Florencia o con nuestros santos de la ‘puerta de al lado’.