Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

Poner puertas al campo


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Estuve en Sudáfrica cuando todavía no había acabado el proceso de desmantelamiento del ‘apartheid’ y tres años más tarde cuando Nelson Mandela ya era el primer presidente negro de Sudáfrica (1992 y 1995). Estos dos viajes me llevaron a realizar mi tesis doctoral sobre la economía del ‘apartheid’ y su futuro en una Sudáfrica que había hecho ya su transición política pero que estaba inmersa todavía en su transición económica.



Este tiempo viviendo la realidad sudafricana y analizándola para realizar mi tesis fue un periodo de aprendizaje que me permitió impregnarme de una sociedad muy diferente y alejada a la nuestra. No solo por las diferencias culturales, tanto por la parte africana, como por la ‘afrikaner’ y la anglosajona que se mezclaban en este país, sino por una realidad económica discriminatoria para gran parte de su población que no vivíamos ni imaginábamos en España.

Una de las cosas que aprendí durante este tiempo de vivencias y estudio tiene que ver con la emigración. Allí me di cuenta de que “no se puede poner puertas al campo”. El sistema del ‘apartheid’ vigente en el país impedía el movimiento interno a la mayoría de la población sudafricana (los negros), en un estado que podríamos calificar como policial (al menos para la población negra). Las personas negras tenían un pase en el que las autoridades blancas sellaban en qué lugar de Sudáfrica debían vivir. De este modo, podían enviar a las personas allá donde hubiese más necesidades de trabajadores obligando a muchos de ellos a cambiar de residencia.

Johannesburgo, Sudáfrica. La zona ha sido inundada por cientos de personas que creen que existen

Cualquier negro estaba obligado a llevar siempre su pase encima y a mostrarlo a cualquier policía que se lo requiriese. Si estos lo hacían y el lugar en el que se encontraban era diferente al que indicaba el pase, el negro iba directamente a la cárcel, sin contemplaciones (en la Sudáfrica de aquel tiempo “no se andaban con chiquitas”) A pesar de estas restricciones tan grandes y de estos castigos tan desmesurados, se calculaba que cualquier adulto negro pasaba un mínimo de dos veces por prisión a lo largo de su vida por incumplir estas leyes (estancias que no eran de unos pocos días sino de varios meses).

La emigración no se puede evitar

Esto me enseñó una cuestión que creo que debemos aprender: “no se pueden poner puertas al campo”. La emigración no se puede evitar, las personas buscan el emplazamiento en el que creen que van a vivir mejor. Si están muy mal en un lugar o creen que van a estar mejor en otro, van a intentar llegar a ese con todos los medios a su alcance y tomando riesgos que quienes vivimos en un entorno privilegiado y sin necesidad de emigrar si no es por gusto, no llegamos a comprender. Toda política que intente evitar la emigración, por muy dura que sea, no va a evitarla totalmente. Podrá reducirla, podrá cambiar su dirección, podrá modificar su naturaleza, pero no eliminarla por completo. Es mucho mejor aceptarla como un hecho e intentar gestionarla lo mejor posible, que malgastar energías intentando evitarla.