Hay lecturas que son solo informativas. Si me entero, por ejemplo, que en el planeta Marte se ha descubierto la existencia de zinc, es un dato que aumenta mi bagaje documental, pero no impacta en mi existencia, pues no me dedico a exportar ese mineral, como para pensar que en el cuarto planeta de nuestro sistema solar se me puede abrir una oportunidad de negocio.
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Pero si leo que los señores de 74 años, que se dejan crecer la barba, están más propensos a sufrir un infarto que quienes no lo hacen, pues me veré obligado a rasurarme todos los días. Esta información no solo incrementa mi volumen de datos, sino que me afecta directamente.
Eso nos puede pasar con la Palabra de Dios. Si escucho el evangelio de este domingo, en el que Jesús nos llama a perdonar no siete sino hasta setenta veces siete, puedo asumir dos posturas, entendiendo que ese número es simbólico y no aritmético -no se trata de 490 ocasiones sino de siempre, siempre-: meter en mi cabeza que siempre se debe perdonar, o hacerlo con quien me acaba de ofender y no logro olvidar el agravio. Mera información o fuerte confrontación.
Pero peor sucede cuando no estamos ante una de esas dos variantes, sino que añadimos una tercera: la manipulación justificadora, que utiliza algún texto para respaldar nuestros criterios o ciertas actuaciones.
Ya hemos dicho que Donald Trump, con la Teología de la Prosperidad, acostumbra fortalecer sus disparates con sus manejos interesados de la Biblia.
Pues bien. No contento con ello, el belicoso presidente norteamericano acaba de incorporar a Chad Pecknold, profesor de teología en la Catholic University of America, al Departamento de Seguridad Nacional (DHS). De esta instancia depende el tristemente célebre Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), especializado en la detención y posterior expulsión de migrantes.
El mentor ha acudido a textos de Tomás de Aquino, quizá el teólogo más consistente de la Iglesia Católica, para objetar incluso a sus obispos estadounidenses, quienes han defendido la ciudadanía por nacimiento de los hijos de migrantes indocumentados. Pecknold respalda, en cambio, las políticas excluyentes e inhumanas de ICE.
Bien haría el catedrático en recordar que es el santo dominico quien aborda la protección de los extranjeros y su derecho de asilo, en la Summa Theologiae, II-II, q.40, a.1. Y tanto él, como el ICE y hasta Trump, necesitarían repetirse que el Dios en el que dicen creer apuesta por la misericordia, y no por la exclusión.
Pro-vocación
Y hablando de justificaciones teológicas. El pasado viernes se cumplieron 25 años del ataque a las Torres Gemelas. Más allá de las razones geopolíticas que lo causaron, y de las consecuencias posteriores que tuvo, no solo en los Estados Unidos sino en el mundo entero, quedará grabado en la historia que fue un acto terrorista ejecutado “en el nombre de Dios”. Conviene releer lo escrito por el papa León XIV en la ‘Magnifica humanitas’: “Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra, traiciona su rostro“. (#223).
