La auténtica encrucijada de la Iglesia no es mantener la extensión de la institucionalidad y formas que respondieron a los dilemas del pasado, sino la de responder a la actual mayor encrucijada de la humanidad. Y sobre ello va la nueva encíclica de León XIV, que verá la luz en los próximos días.
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En este tiempo histórico, estamos viviendo el paso de la Edad Moderna a la Edad del Ser o la Inteligencia (‘i-Age’), donde tenemos que ser mucho más humanamente inteligentes para discernir qué es cada cosa, qué es verdad, bueno y bello: qué es santo. La Inteligencia Artificial (IA) pone punto final a la Última Modernidad, que ha sucedido entre 1980 y la inflexión global de 2020.
La IA transforma el modo de crear valor: genera un modo de desarrollo agencial. Además, permite diseñar agentes maquinales que tomen decisiones mucho más complejas en todo sector y escala (desde una cirugía hasta un bombardeo), y formen cadenas de decisiones tan largas que se pierde quién es el Mago de Oz detrás de la programación. Hay en ello una tan arriesgada como prometedora delegación de la decisividad.
Apostar por la razón
No es solo una cuestión ontológica, sino que está cruzada por el poder, ya que, hoy, nuestra sociedad global padece una desigualdad que ha polarizado extremadamente las clases económicas, generando numerosas divisiones sociales, identidades y bandos. La IA está completamente en manos de una plutocracia que la usa para aumentar todavía más su poder. La Edad Inteligente agudiza las cuestiones de la justicia y la paz.
En esta encrucijada, hay que profundizar la comprensión de la razón, reconectar con la realidad carnal y aspirar a un nuevo grado de unión que en el fondo es trinitario porque vincula la fraternidad universal, el misterio del amor último y la salvación de todo lo amado. Necesitamos una Ilustración de la Razón Amada.
