No matarás (y 6)


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Como quien no quiere la cosa, llevado por los acontecimientos más que por un plan premeditado, he ido trayendo a esta columna comentarios que hacen alusión al quinto mandamiento: “No matarás”.



Primero fue la guerra en Ucrania, que desgraciadamente continúa. Luego, las estadísticas sobre la pena de muerte, todavía vigente y ejecutada en demasiados países, motivaron mi comentario. Siguieron las matanzas recurrentes por tiroteos indiscriminados en Estados Unidos, con toda la polémica sobre la producción, comercio y tenencia de armas.

Continué con el aborto, como trágico y criminal medio para des-responsabilizarse de una paternidad-maternidad que debería ser asumida, normalmente, con amor y alegría. La realidad, triste y trágica, me dio ocasión de traer a colación el terrorismo en nombre de Dios, es decir, el absurdo de los absurdos. Y la semana pasada fueron las políticas migratorias que matan: Melilla-Nador y la frontera de México-Estados Unidos son ejemplos elocuentes.

Pero no se acaba la saga… Están también los suicidios, que, al parecer, han aumentado durante y después de la pandemia. De hecho, en España, fueron 3.941 los casos de suicidio en 2020, el año más fuerte de la pandemia y del confinamiento… y el de más suicidios desde que se tienen datos (el registro comenzó en 1906). El suicidio es la causa de muerte no natural numéricamente más importante en España.

En los medios de comunicación se publicitan y cuentan los muertos en accidentes de circulación, pero no los suicidios. O, al menos, no se lleva una contabilidad mediática en cada telediario… y estoy de acuerdo. (Quizás habría que hacer lo mismo en relación a los casos de muerte por la llamada violencia de género, sobre los que se lleva una contabilidad machacona, insistente y ¿contraproducente?).

Sentido a la vida

No conviene dar ideas a otros, pero, por el contrario, sí es totalmente necesario combatir el mal en sus raíces, a saber: la falta de una auténtica formación moral de la persona en todos sus aspectos, incluido el sexual (en el caso de la violencia de género), y la dificultad de encontrar un sentido a la vida, a pesar de las dificultades y límites normales de la misma (en el caso de los suicidios).

Y para encontrar un sentido a la vida no hay como amar y ser amado, formar parte de una familia bien avenida, tener relaciones sociales positivas, sentirse acompañado y protegido por familiares y amigos, tener un objetivo o misión mientras dure nuestro paso por esta tierra… y una fe que sea fuente y sostén de todo ello.

¡Que venga tu Reino, Señor, Reino de vida y plenitud!

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