Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

Narcopentecostales


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El catolicismo había sido tradicionalmente la mayor contraposición a las mafias y ha generado tres generaciones de líderes cívicos que han creado alternativas sociales para las favelas y animado un imaginario de las favelas para niños y jóvenes que superara su asociación con la criminalidad. Su extensa plataforma de proyectos sociales, una intensa Teología de la Liberación y el universalismo eran bases para que las favelas pudieran desligarse de la violencia y emprender su desarrollo. La mafia brasileña no tenía vínculos con el mundo católico, sino que recurría a la santería.



En la década de 1980, las mafias que controlaban las favelas crearon un imaginario propio basado principalmente en deidades yorubas: financiaron santuarios y exhibían símbolos religiosos de los orixás. La nueva generación que se ha hecho con el poder de las mafias brasileñas en el siglo XXI ha recibido la influencia del evangelismo pentecostalista y han recreado la iconografía y creencias que da cobertura a su extrema violencia. Las mafias han eliminado de sus territorios la santería para sustituirla por el pentecostalismo (Teixeira, 2021). Apoyado por las mafias, el evangelismo se ha expandido penetrantemente por las favelas.

Una fuente de influencia ha sido la atracción que ejerce el pentecostalismo en las prisiones, donde muchos criminales asumen la narrativa cristiana, aunque sin abandonar las armas. Otra ha sido su papel en la rehabilitación de toxicomanías.

Las mafias han pintado las calles con murales con frases bíblicas, grandes murales de Jesús y la Virgen María, ostentan múltiples afiches cristianos como colgantes, anillos, pulseras, camisetas, gorras, etc. Hasta en los paquetes de drogas imprimen signos religiosos. La iconografía cristiana no es un asunto privado, sino que se exhibe como narrativa que cubre y justifica lo criminal.

Cuando los mafiosos patrocinan una valla donde pone “Jesús es el dueño de este lugar”, están dando un mensaje claro sobre el control del territorio y la legitimación sagrada del mismo. Cristina Vital sostiene que este fenómeno no hay que contemplarlo “desde la perspectiva de la conversión, de una transformación de la vida del individuo, sino… del uso de una religión como icono de dominación” (Vitor, 2021).

Las mafias de las favelas, que han sufrido duras restricciones por parte del Estado y han visto surgir un movimiento antiviolento dentro de las mismas favelas, hacen uso del cristianismo no solo para recuperar legitimidad entre la población, sino para mantener unidos a sus pandilleros y darles un sentido a una acción criminal que cada vez suscita mayores contradicciones. Para ayudarles cuentan con la asistencia de una red de predicadores pentecostalistas, a cambio de moderar la barbarie (Phillips, 2022).

Líderes y pandilleros de las mafias participan fielmente en las celebraciones de las iglesias evangelistas locales y se ha creado un intercambio permeable entre ambas realidades. La extrema diversidad y autonomía de las iglesias conduce a que las relaciones con los narcos sean muy diferentes. Hay quien los acepta en sus congregaciones con la justificación de que se encuentran en un proceso de conversión y en otros casos la complicidad es mayor y se reciben donaciones para el sostenimiento de la misión evangélica (Gonçalves, 2017).

Team 91

La permeabilidad entre evangelismo y narcotráfico ha dado lugar a distintas situaciones. Por ejemplo, en favelas del Estado brasileño de Acre, hay un grupo de expresidiarios llamado team 91 —en alusión al salmo del mismo número en el que se dice que quienes se protegen en el Señor serán librados—que se han convertido en pastores evangélicos y ejercen como mediadores para interceder por personas que están siendo enjuiciadas en los llamados tribunales de la muerte.

El juzgado debe hacer un inquebrantable juramento de consagrar su vida a la iglesia. Las mafias entregan así a un pequeño porcentaje de sus sentenciados a muerte para que se conviertan en misioneros por las favelas. El Team 91 ya ha librado de la muerte a un millar de personas (Prado, 2021). De este modo, la activa pertenencia a una congregación evangelista puede ser el último seguro que te salve la vida si te ves en esas terribles circunstancias.

Incluso ha habido predicadores pentecostalistas que han asumido jefaturas de mafias, como es el caso de un hombre que se hace llamar Peixão —haciendo referencia al Ichthys de Cristo—, quien domina el llamado Complexo de Israel a través de una rama de la mafia denominada Terceiro Comando Puro (TCP). El predicador Peixão justifica su implicación en la mafia —está acusado de múltiples crímenes que incluye asesinatos— con el argumento de que se han reducido los crímenes arbitrarios de los pandilleros, se hacen actos de caridad y hay un mayor orden en las calles, en vez de dejar que los sicarios desaten el caos. El TCP es la narcored que ha asumido con mayor simbiosis el pentecostalismo, pero ya es un fenómeno que ha penetrado en otras mafias como el Comando Vermelho, en cuyo territorio es común que escriban salmos y oraciones por las paredes para marcar su dominio.

La clave es que el narco pentecostalismo no asume el Evangelio. Ni siquiera tiene una mirada más honda sobre la muerte y el mal, sino que conduce a la banalización de la muerte y la religión usada para el poder. Como dijo el también sociólogo brasileño José de Souza Martins en el Instituto Humanitas de la universidad jesuita UNISINOS, “en Brasil, la banalización de la muerte es un programa político. El escándalo genocida de la vida es tratado como irrelevante” (Fachín, 2022).

El pentecostalismo opera sobre tres principios:

  • El primero es una sacudida emocional de alto voltaje —mediante celebraciones, retiros o un modo de presentar mensajes bíblicos— que altera el modo asentado que tiene el sujeto de ver la propia vida.
  • El segundo lleva a que el sujeto reconozca que su persona es una miseria, pero que el poder de Dios puede hacerle triunfar en la vida.
  • El tercero es una intensa unión emocional que conduce a celebraciones extáticas y una comprometida solidaridad entre feligreses.

El problema es que tales principios no solo se están haciendo en la práctica compatibles con la actividad narcotraficante, sino que la refuerza y la legitima. La expansión pentecostalista y el narcotráfico han establecido en estos territorios de favelas una asociación simbiótica llamada narcopentecostalismo (Diario de Nunca Jamás, 25 de enero de 2022).

Referencias

  • Vitor Santos, João (2021). Entrevista a Christina Vital da Cunha: La religión como símbolo de la dominación de las milicias en las periferias y favelas. Instituto Humanitas UNISINOS, 20 de enero de 2021.
  • Vital, Christina (2015). Oração de Traficante: uma etnografía. Río de Janeiro: Garamond.
  • Phillipis, Tom (2022). Christ and cocaine: Rio’s gangs of God blend faith and violence. The Guardian, 23 de enero de 2022.
  • Prado, Avener (2021). O WhatsApp que salva da morte em Rio Branco. El País, 5 de enero de 2021.
  • Machado, Ricardo (2017). Entrevista a Christina Vital da Cunha: Oración del traficante de drogas. El mundo de la guerra del tráfico y la guerra de las almas. Instituto Humanitas UNISINOS, 16 de febrero de 2017.
  • Teixeira, Francisco (2021). El pacto entre narcotraficantes y milicianos evangélicos para prohibir las religiones afrobrasileñas en Río. Instituto Humanitas UNISINOS, 16 de enero de 2021.
  • Gonçalves, Juliana (2017). Entrevista a Christina Vital da Cunha. The Intercept Brasil, 20 de septiembre de 2017.
  • Fachín, Patricia (2022). Entrevista con José de Souza Martins: En Brasil, la banalización de la muerte es un programa político. El escándalo genocida de la vida es tratado como irrelevante. Instituto Humanitas UNISINOS, 24 de enero de 2022.
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