Los médicos españoles hemos sido llamados de nuevo a la huelga del 16 al 29 de febrero. En mi caso, estoy obligado a cumplir unos servicios mínimos que deben calificarse como abusivos, por lo que trabajo tres días de esta semana y ejerzo mi derecho a huelga durante dos días.
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Para entender este conflicto con el actual Gobierno, hay que remontarse a la década de los 80, también con un Ejecutivo socialista, cuyo ministro de Sanidad era Ernesto Llluch. Fue ese ministro quien vació de capacidad de decisión los órganos médicos: las jefaturas de servicio y sección, las juntas facultativas, las direcciones y gerencias. Para ello, estableció múltiples direcciones (enfermería, económica), otorgando a todos los estamentos del sistema sanitario similar capacidad de decisión, si bien los facultativos asumían muchas más responsabilidades que cualquier otro estamento. Responsabilidad y capacidad de decisión sobre la vida real del hospital o el centro de salud dejaron de tener relación alguna. Los cargos intermedios se multiplicaron, en orden a diluir la responsabilidad de los estamentos auxiliares, colocados al mismo nivel que profesionales con mucha mayor formación.
Origen de las listas de espera
Esto ocurrió tanto en atención especializada (hospitales y centros de especialidades) como en primaria. En este eslabón, puerta de acceso al sistema sanitario, las enfermeras abandonaron las consultas del médico para establecerse aparte, en sus propias consultas. En aquellos momentos (y no creo sea muy diferente ahora), los médicos podían ver a 50 pacientes en una mañana y las enfermeras a cinco. Ahí comenzaron a generarse las listas de espera que hoy asedian a los médicos de cabecera, porque la demanda que soportaban resultaba inasumible.
La asistencia primaria ha sufrido esta realidad de desbordamiento desde hace décadas y, a raíz de la pandemia, ha dicho basta, de modo que la situación ha llegado a ser penosa para pacientes y profesionales, con demoras en la asistencia, ausencia de cobertura de bajas o puestos vacantes, incluso en las ciudades. La política de recursos humanos de casi todos los gobiernos autónomos ha sido errática e ineficaz; un ejemplo es el intento actual en Aragón de conceder la titularidad de una plaza sin oposición si se aceptan tres años de trabajo en puestos de difícil cobertura en centros comarcales.
En los hospitales, si bien el día a día puede resultar a veces incómodo, por lo general no tenemos el exceso de demanda que sufre la primaria. Los problemas son otros, derivados de una ausencia de capacidad de decisión y organización de nuestro trabajo. Si hablan con cualquier médico de hospital, les explicarán ejemplos concretos y cotidianos. Asumimos toda la responsabilidad de la asistencia sanitaria, pero apenas tenemos capacidad de influir en la estructura organizativa del hospital, inmerso en una dinámica de homogeneización del personal que ignora los años de formación y de experiencia, los méritos y la responsabilidad real que cada estamento soporta. Y que se revela ineficaz día tras día.
No nos representan
Los así llamados sindicatos de clase no nos representan, y no queremos regirnos por un estatuto general del personal sanitario que englobe a todos los estamentos, porque nuestra formación y responsabilidad es mucho mayor que la de cualquier otro, como imagino que los jueces y fiscales no se rigen por las mismas normas que el personal auxiliar de un juzgado.
Ha llegado el momento de intentar revertir una organización sanitaria ideológica, consecuencia de las decisiones tomadas a mediados de los 80, que han llevado al actual grado de disgusto, enfado y consecuencias personales y psicológicas deletéreas para buena parte de la clase médica, que no es superior a ninguna otra, pero sí diferente en entrenamiento y responsabilidad. Ignorar esta realidad es querer que nuestro sistema sanitario se mueva en un patrón de uniformidad y mediocridad que no estamos dispuestos a tolerar más tiempo. Podremos fracasar en este intento, pero por lo menos lo intentaremos, después de 40 años. Una huelga médica no es fácil ni grata, y las posibilidades de éxito son remotas, pero no parece existir otra manera de influir en este Gobierno.
Recen por los enfermos, por los médicos que les cuidan y por este país.

