Médicos en conflicto


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El 24 de enero tuvo lugar el examen MIR, donde más de 17.000 médicos optaron a más de 9.000 plazas para realizar una especialidad médica o quirúrgica en España. Varios centenares se presentaron al examen, pero no sabían si podrían optar a la plaza, debido a errores en las listas. En otros centenares de casos, se habían cometido errores en sus puntuaciones, y reclamaron, pero no saben si se les responderá. Y todos ellos ignoraron su suerte hasta poco más de un mes antes de la fecha, en un retraso insólito en la historia del examen MIR, que se desarrolla sin problema alguno desde hace más de cuatro décadas.



Todos estos problemas y anomalías, desconocidas entre nosotros y propias de un país del tercer mundo, son responsabilidad del actual Ministerio de Sanidad, con cuya titular los médicos de toda España estamos en abierto conflicto. Tras varias jornadas de huelga en 2025, todos los facultativos del país estamos llamados a una manifestación el 14 de febrero en Madrid y a una semana de huelga que comenzará el 16 de febrero. A esta semana seguirán otras, una cada mes, de forma indefinida, hasta que nuestras reivindicaciones profesionales sean atendidas. La unidad de todos los sindicatos médicos en la convocatoria es un hecho infrecuente, con independencia de la baja tasa de afiliación.

No será una etapa tranquila

Todo hace presagiar que mi última etapa profesional (teniendo en cuenta que me podría jubilar en agosto de 2027) no va a ser tranquila, como no lo han sido las etapas previas. Cuando empecé, el trabajo era escaso y la competencia por las plazas, feroz. Todavía existía el INSALUD en no pocas comunidades autónomas. Las transferencias sanitarias no mejoraron la gestión; en algunos casos la empeoraron y burocratizaron, aunque la oferta laboral mejoró.

Médico general

A los médicos nos cuesta largo tiempo llegar a una plaza satisfactoria, después de un periodo de formación que oscila entre 10 y 11 años. Estudio, guardias, estrés, dificultades laborales. Hay que mantener la pequeña llama de la vocación encendida para sobrevivir a todas las adversidades que se presentan. Creo haberla mantenido, pero con numerosas cicatrices. Las dificultades pueden forjar el carácter y, si ahora hay que ir a la huelga para mejorar las condiciones de los médicos del futuro, iré, lo cual es independiente de la opinión que pueda tener de ellos o del sistema de formación actual.

No son algo a evitar

Como ya he comentado en otras ocasiones, los conflictos no son algo grato ni que haya que buscar, pero, como cristianos, no son algo a evitar, quizás porque proseguimos la tarea de Jesús, un hombre en conflicto con las autoridades de su tiempo desde sus primeros pasos en Galilea. No nos asustan los problemas ni sus consecuencias (en nuestro caso, una notable merma en nuestros salarios, ya de por sí no muy generosos), y percibo en mis colegas una convicción en la defensa de nuestras reivindicaciones que no creo haber visto antes.

Todo esto ocurre en una semana trágica en que este país llora a sus muertos de los ferrocarriles, se pregunta sobre las causas de lo ocurrido e intenta consolar a los que quedan atrás. No parece casualidad que esta catástrofe pueda atribuirse al mismo gabinete responsable del conflicto con los médicos; más bien, parece tratarse de causalidad. La mezcla de soberbia e incompetencia, como ya ocurrió con la gestión de la Covid-19, ha demostrado ser letal para España, donde está dejando un largo rastro de cadáveres.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por este país.