No le puedo echar la culpa a una cincuentena que apenas he estrenado y de la que aún no le he quitado ni el precinto, porque ya hacía tiempo que se me escapan algunas pruebas evidentes de la edad que voy acumulando. Me refiero a ese inconsciente sonido de alivio al sentarme, a articulaciones que me recuerdan lo crujiente que estoy o al hecho de que sentarme en el suelo ya no solo me resulta especialmente incómodo, sino que, al momento, me brota preguntarme cómo me levantaré de ahí.
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De ahí que no puedo evitar moverme entre la envidia y la admiración cuando he sabido de las ‘Mariburuntzi’. Se trata de un grupo de natación sincronizada de Navarra formado por mujeres entre 50 y 62 años. Ellas han ganado la plata europea del campeonato senior de esta disciplina y no hay duda de que se mueven por la piscina con mucha más soltura y agilidad con la que yo me muevo por tierra firme.
Una de las integrantes del equipo decía en una entrevista que estuvo ocultando durante dos años que practicaba natación sincronizada. Ella dice que se debía a que lo hacían “como patas mareadas”, pero supongo que, además, también pesaría en esta decisión la edad y la peculiaridad de la afición.
Las ‘Mariburuntzi’ son un grupo de natación sincronizada de Navarra formado por mujeres entre 50 y 62 años. Foto: EFE
Quizá la aventura de estas mujeres se ha convertido en noticia no solo por las medallas y los premios, sino porque, en el fondo, representa aquello que todos estamos invitados a vivir: no dejar que ningún prejuicio, propio o ajeno, nos limite y nos impida aquello que disfrutamos y que nos hace bien.
Pasión en nuestro día a día
De hecho, esta historia no solo me habla de perseverancia o de situarnos con libertad ante lo que se supone “normal”, sino también del valor añadido y la diferencia que se imprime en lo que hacemos cuando lo elegimos y lo disfrutamos, aunque nos cueste. Por más que lo sepamos, no nos viene mal preguntarnos por aquello que nos esponja, que nos gusta y que, aunque pueda resultar difícil, inyecta un poco de pasión en nuestro día a día.
Ya lo decía el sabio Jesús ben Sira: “No te prives de pasarte un buen día, no se te escape la posesión de un deseo legítimo” (Eclo 14,14). No importa la edad que tengamos ni si se trata de un pasatiempo tan poco habitual como hacer natación sincronizada, tejer a ganchillo, elaborar postres o leer esquelas. Lo verdaderamente importante es no privarnos de aquello que nos oxigena “por dentro”, como hacen las ‘Mariburuntzi’.

