David Jasso
Vicario episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

‘Magnifica humanitas’: una pastoral para acercarnos


Desde que el papa León XIV publicó ‘Magnifica humanitas’ me acompaña una pregunta: ¿cómo se convierte una encíclica en pastoral? Porque podemos leerla, estudiarla, subrayarla, organizar conferencias sobre ella y hasta citar sus números de memoria. Pero un documento del Magisterio comienza verdaderamente a dar fruto cuando consigue iluminar nuestra manera de mirar la realidad y, sobre todo, nuestra manera de acercarnos a las personas.



Por eso he querido seguir escuchando a León XIV después de ‘Magnifica humanitas’, para ir descubriendo qué luces pastorales van apareciendo cuando la encíclica se encuentra con la vida. Y creo que he comenzado a percibir una luz que se repite: la proximidad, porque la humanidad necesita cercanía

‘Magnifica humanitas’ nace para defender la grandeza de lo humano en un tiempo atravesado por la inteligencia artificial, la fragmentación, la guerra y nuevas formas de poder. El Papa ha explicado que la encíclica quiere “salvaguardar a la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Pero esa defensa de la humanidad no puede quedarse en una declaración de principios.

La propia encíclica ofrece una pista preciosa cuando, hablando del mundo digital, pide que la proximidad que la tecnología hace posible se convierta en “una ocasión real de encuentro y de cuidado recíproco” (‘Magnifica humanitas’, 187). Ahí hay mucho más que una reflexión sobre tecnología, hay un criterio pastoral, porque podemos estar conectados y permanecer lejos, podemos tener estructuras magníficas y no encontrarnos, podemos multiplicar actividades y no darnos cuenta quién está sufriendo a nuestro lado.

En sus intervenciones posteriores, León XIV parece ir poniendo carne a aquella intuición. Durante su viaje a España, al encontrarse con quienes trabajan en la acción caritativa de la Iglesia, recordó que la dignidad humana no depende de las capacidades, de la riqueza ni del papel que desempeñamos. Y enseguida llevó esa afirmación hacia la relación: cada persona está hecha para entrar en una historia de comunión con Dios, con los demás y con la creación.

Así, la dignidad conduce a la relación, y ésta exige proximidad. Quizá por eso una de las preguntas pastorales más importantes no sea solamente qué estamos haciendo, sino a quiénes nos estamos acercando.

León XIV en la audiencia general en la basílica de San Pedro

León XIV en la audiencia general en la basílica de San Pedro. Foto: EFE

Claro que necesitamos planes pastorales, estructuras, procesos, evaluaciones, formación y estrategias, pero todo eso debería conducir finalmente al encuentro, porque una estrategia pastoral que no acorta distancias puede terminar administrando muy bien una comunidad sin llegar verdaderamente a tocar la vida de nadie.

Estamos acostumbrados a contar muchas cosas en nuestras comunidades: asistentes, grupos, celebraciones, cursos, actividades y recursos, lo cual está bien hacerlo. Pero quizá ‘Magnifica humanitas’ y las palabras que León XIV va pronunciando nos invitan a incorporar otro indicador mucho más difícil de poner en una hoja de cálculo: ¿Cuántas distancias estamos consiguiendo acortar? La distancia con quien dejó de venir, la distancia entre generaciones, la distancia con quien piensa diferente y con los pobres o los jóvenes que no encuentran su lugar.

Construir la “civilización del amor”, dice ‘Magnifica humanitas’, significa dar forma concreta a la fraternidad. Y León XIV insiste en que para construirla necesitamos diálogo, porque es el camino de la convivencia frente al conflicto. Tal vez allí haya una luz pastoral muy sencilla para estos tiempos.

Antes de preguntarnos cómo llegar más lejos, quizá tengamos que preguntarnos cómo estar más cerca.

Porque el cristianismo comenzó precisamente así: Dios vio la distancia que nos separaba y no envió desde lejos una solución. Él se encarna, se acerca, y desde entonces, acercarnos sigue siendo una de las maneras más profundamente cristianas de transformar el mundo.

Lo que vi esta semana

Empiezo a descubrir que ‘Magnifica humanitas’ no terminó el día que acabé de leerla. León XIV continúa explicándola con sus discursos, sus encuentros y sus gestos.

La palabra que me sostiene

«El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». (Jn 1,14).

Dios no salvó la distancia desde la distancia. Vino a habitarla.

En voz baja

Gracias Señor por tu cercanía