Hace unos días tuve la revisión de exámenes en la que los alumnos pueden venir a ver en qué han fallado para poder superar el siguiente examen con solvencia. Entre todas las personas que vinieron acudió una cuya nota había sido un cero, así, tal cual, no había puntuado en ninguna de las diez preguntas. Le enseñé el examen y me preguntó cómo era posible tener una nota tan baja.
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Le dije que era porque había contestado mal todas las preguntas. A pesar de que todas están dimensionadas para ser contestadas en medio folio, en ninguna había puesto más de tres líneas y en todas ellas había dado respuestas inconsistentes, en algunos casos incomprensibles, con faltas de ortografía, sin redacción alguna y sin relación con lo preguntado.
Le leí algunas de las contestaciones (fue rápido) para que se diese cuenta de que no contestaba ni la pregunta ni tenía sentido lo que había escrito. Él insistía en que era eso lo que yo había explicado en clase y que tendría que estudiar el manual porque en él ponía cosas distintas a lo que había explicado.
Le dije que el manual lo había escrito yo y que lo que explicaba en clase era lo mismo que lo que había en el manual. Pero en este momento, cuando llevábamos ya varios minutos de conversación en los que parecía no comprender que no había hecho nada bien en el examen, creí necesario insistirle en que un examen con un cero era un desastre, que su examen era un desastre.
El alumno se quedó alucinado y me dijo muy serio que yo no podía decirle aquello, que cómo podía hacer tal afirmación. Le expliqué que por definición, un examen en el que sacas un cero es un desastre y no se puede clasificar de otra manera. Me volvió a decir qué no podía decirle eso y que estaba en contra de sus valores. Le pregunté que si lo que quería era que le mintiese y que le dijese que su prueba no estaba tan mal. Que creía que mi obligación era decirle la verdad, y el examen era muy malo, verdaderamente desastroso. Él seguía turbado por esa afirmación mía.
Ser un desastre
Ahí me di cuenta del problema, el alumno pensaba que si decía que el examen era un desastre, lo que realmente estaba diciendo era que él era un desastre y que nunca podría aprobar (cosa que yo nunca le dije), así que le tuve que aclarar que hacer un examen malo no quiere decir que quien lo hace es malo, que todos nos podemos equivocar, que yo también había tenido algún examen desastroso en mi época de estudiante. Que eso no suponía ser un desastre, simplemente que no se había estudiado lo suficiente y que él podía sacar la máxima nota (un sobresaliente) en la recuperación.
Y esta es la cuestión que me pregunto y que comparto con todos los lectores ¿Por qué una persona mayor que edad se siente ofendida porque alguien le diga una cosa tan evidente como que un examen con una calificación con un cero es un desastre? ¿Qué esperaba que le dijese al venir a la revisión, que no estaba tan mal como la nota denotaba? ¿Por qué los hechos son tan ofensivos para algunos?

