José Francisco Gómez Hinojosa, vicario general de la Arquidiócesis de Monterrey (México)
Ex vicario general de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

León XIV y el deporte


Compartir

Dado que solo algunos conocedores de la vida vaticana situaban a Robert Francis Prevost Martínez, en el pasado cónclave, como un posible sucesor de Francisco, apenas se convirtió en León XIV y nos enteramos de algunos datos sobre su vida: que era norteamericano y peruano, había sido misionero en el país inca, pertenecía a la orden de los agustinos y, como una curiosidad, que practicaba el tenis.



Pues sus manos no solo empuñan la raqueta, sino que también se deslizan por el teclado para regalarnos una carta, con motivo de los XXV Juegos Olímpicos Invernales, que iniciaron el pasado viernes en Milán-Cortina dAmpezzo, y que titula ‘La vida en abundancia. Sobre el valor del deporte.

El texto, más bien extenso, cuenta con ocho apartados: Deporte y construcción de paz; El valor formativo del deporte; El deporte: escuela de vida y areópago contemporáneo; Deporte y desarrollo de la persona; Los riesgos que ponen en peligro los valores deportivos; Competición y cultura del encuentro; Deporte, relación y discernimiento; y Una pastoral del deporte para la vida en abundancia.

El Papa quiere comunicarse no solo con los competidores participantes en estas olimpiadas, sino con todos, a quienes propone una reflexión sobre el deporte, definiéndolo como una actividad común, abierta a todos y saludable para el cuerpo y el espíritu, hasta llegar a convertirse en una expresión universal de lo humano.

Prevost Martínez recuerda las treguas olímpicas, cuyo origen se remonta a la antigua Grecia, y que nos recuerdan el valor de la paz. Y también cita a san Pablo (1Cor 9,24-25), quien utiliza imágenes atléticas para describir las dinámicas de la vida espiritual, y al Concilio Vaticano II, que expresó su valoración positiva del deporte.

León XIV audiencia Como

León XIV en su audiencia con el equipo de fútbol italiano Como

León XIV sostiene que, al practicar una disciplina deportiva en equipo, la persona logra una fusión entre acción y conciencia, y combate el egocentrismo al sentirse parte de un todo. Aquí hay un fortalecimiento de la vida comunitaria, y una debida atención a las necesidades de los otros.

El Papa no deja de observar riesgos para los valores deportivos: la excesiva comercialización que se da en el deporte profesional; la búsqueda por maximizar ganancias en detrimento de otros principios -yo he dicho que si antes el lema era “lo importante no es ganar, sino saber competir”, ahora es “lo importante es ganar, a cualquier costo”-, la pérdida de la alegría y del disfrute, cuando los atletas, que compiten por dinero, se ven obligados a entrenamientos extenuantes que hasta les alejan de sus seres queridos.

Copio unas líneas que me parecen bellísimas: “el deporte… enseña que se puede aspirar al máximo sin negar la propia fragilidad, que se puede vencer sin humillar, que se puede perder sin quedar derrotados como personas”. Y concluye: “… el deporte puede llegar a ser verdaderamente una escuela de vida, en la que se aprende que la abundancia no nace de la victoria a cualquier precio, sino del compartir, del respeto y de la alegría de caminar juntos”.

Pro-vocación

Da gusto leer las palabras pronunciadas por Ronald Hicks, en la Catedral de San Patricio, al asumir el ministerio de arzobispo en New York: “Una Iglesia que defiende la dignidad humana en todas las formas posibles, una Iglesia que sigue el ejemplo de Jesús, que se inclina más allá de su propia comunidad y presenta al samaritano como ejemplo de bondad. Este es el tipo de Iglesia en la que creo”.