Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

Laicos y consagrados buscando el bien común


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Muchas veces se oye a consagrados que creen que los laicos les están quitando el trabajo o que son demasiado clericales. He de confesar que no tengo muy claro a qué se refieren. La mayoría de laicos cristianos con los que tengo el placer de relacionarme no tienen ninguna intención de sustituir a los clérigos o de realizar sus labores. Entiendo que deben de haberlos, por que si no fuese así no se daría esta crítica.



Hay algo que creo que debemos compartir: la misión de construir bien común, en hacer realidad eso que rezamos en el padrenuestro: “Venga a nosotros tu reino”. Lograr ese bien común que no es otro que el Reinado de Dios y por tanto del amor en cualquier comunidad, institución, familia, región, país o en el mundo entero es nuestra misión común. Estamos llamados a construir una realidad, una sociedad, que nos permita a todos ser más y mejor personas, que nos facilite a todos la vida plena que es una vida desde, con, por y para los demás, que es una vida en la que el amor da sentido a todo lo que hacemos.

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Como afirmaba el cardenal José Cobo “La misión del laico es también sacerdotal: mostrar con su ejemplo el auténtico camino de salvación para la humanidad… Los laicos, por tanto, son los sacerdotes del mundo”. Su templo es el mundo… El laicado es llamado a evengelizar la sociedad desde dentro… Debe ser formado para evangelizar los ambientes cotidianos; transformar la sociedad desde el Evangelio; vivir la fe en el mundo laboral, cultural y político” Hay muchas otras afirmaciones en este magnífico texto del cardenal (publicado en Alfa&Omega) que me servirían para mi propósito, pero no puedo ni quiero reproducirlo todo aquí.

Mismo objetivo

Tan solo quiero hacer hincapié en dos temas.

  • Primero es el de la comunión. Todos estamos llamados a lo mismo, a una labor sacerdotal, cada uno en su ámbito. No somos diferentes, ni tenemos diferentes objetivos. Es el mismo y cada uno construimos bien común de una manera. Tenemos, por tanto, que buscar la comunión y la complementariedad. No podemos dejar de ser testigos de un Dios que es amor ni dejar de anunciar la buena noticia. Dejar de hacerlo sería un error por parte de los laicos. Tenemos que trabajar juntos y de la mano de los sacerdotes consagrados.
  • En segundo lugar, tenemos que ser formados para ello. Con frecuencia se forma a los laicos en temas que no están enfocados a esta labor sacerdotal en el mundo. Se insiste mucho en la liturgia, en la religiosidad popular, en aquellos temas en los que los consagrados se sienten más preparados, y olvidamos el cómo vivir la fe en el mundo laboral, cultural y político. Tal vez tengamos que replantearnos esa función para que la evangelización se de en todos los ambientes gracias a este trabajo conjunto entre laicos y consagrados.