Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

La paz de las palabras


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Sefardíes norafricanos y musulmanes franceses han consumado un encuentro altamente improbable en el mundo que vivimos, que les ha llevado a querer aprender cada uno la lengua del otro: unos a otros se enseñan a la vez hebreo y árabe. El hebreo y el árabe son dos lenguas que un día salieron del mismo origen semítico, pero la historia las ha conducido por caminos muy diferentes y a ser usadas tanto para el conflicto que volver a reunirlas es un gesto esperanzador.



Sefardíes norafricanos

Un artículo de Andrea Amaya Porras en la agencia informativa France 24 puso el foco sobre esta experiencia tan inspiradora en París, cerca del parque Buttes-Chaumont. Allí, en la calle Carducci, se encuentra Dalâla, el centro cultural por la promoción de las culturas judías del norte de África, surgió del encuentro de hijos de judíos norafricanos, conscientes de que portan una tradición muy singular que quieren conservar y cultivar viva, no “reducida a folclore” (Dalâla, 2022). Para ello organizan eventos culturales como exposiciones o talleres, así como los cursos de idiomas.

Los sefardíes norafricanos tienen una historia dramática que les expulsó de España a la otra costa del Mediterráneo, donde vivieron siglos hasta que a partir de la década de 1950 –la Guerra de Argelia estalló formalmente en 1954– y, sobre todo, durante la guerra de Yom Kipur de 1973, emigraron masivamente a Francia. Se calcula que actualmente el 70% de los judíos franceses proceden de esa diáspora sefardí (Amaya, 2022).

Dalâla fue fundada por dos profesores, Jonas Sibony y Yohann Taïeb. Las madres de ambos eran judías europeas centrorientales, mientras que sus dos padres son sefardíes del Magreb. Su centro cultural ofrece clases de idiomas, tanto de árabe como de hebreo. Su servicio enseña árabe fomentando la formación en hebreo y enseñan hebreo con cursos previos de árabe. La mayoría de los alumnos son magrebíes musulmanes que comprenden el signo de esperanza y paz que supone el aprendizaje unido de ambas lenguas.  

Profundizar por el otro en mi raíz 

Andrea entrevistó a la joven marroquí Khawla para entender su motivación en este proyecto. Ella le dijo que había descubierto que muchos elementos de su tradición que ella creía que eran árabe-islámicas, en realidad son judeo-árabes. Siente que está profundizando en su identidad cultural. Otro joven musulmán de Marruecos llamado Mourad apuntó que la espiritualidad islámica tiene su origen en la cultura judía” y estos cursos permiten ahondar en ambas.

El otro sector de estudiantes son familias judías originarias del Magreb que tienen como lengua común el árabe, pero que usaban el hebreo en el contexto religioso y se sienten vinculados con la cultura judía. En algunos momentos todos sintieron una disociación entre ser ciudadanos franceses, de origen magrebí, hablar árabe y, en contraste, ser judíos. Esta iniciativa les está llevando a ser capaces de integrar todos esos elementos, lo cual no es aparentemente fácil. 

Aprender recíprocamente la lengua de unos y otros le está llevando no solo a profundizar en la propia tradición, sino a comprender, tolerar y amar la del otro, y todo ello en el contexto de la pluralidad europea y cosmopolita de París. Dicha comprensión ha levado no solamente a empatizar y simpatizar mutuamente entre judíos y musulmanes, sino a comprometerse compasivamente entre ellos. La joven musulmana Khawla se indigna ante la periodista porque los judíos se ven empujados a emigrar de Marruecos por culpa de algunos de nosotros… ¿Quién aguantaría en un ambiente tan hostil? (Amaya, 2022). Los cursos compartidos han hecho que arraigue en unos y otros un sincero compromiso contra antisemitismo y la islamofobia.

Folclorización

Dalâla es una palabra árabe cuya definición indica tanto una implicación que da significado como un significado que implica. La valiente y visionaria iniciativa tiene un alcance de mucha mayor dimensión que la modestia del centro que la porta.

El centro huye de una mirada folclorista sobre su tradición. Podía convertir el centro en un lugar de encuentro entre safardíes norafricanos, rememorar cíclica y nostálgicamente sus orígenes, reivindicar un pequeño reconocimiento dentro del enorme mosaico de la diversidad y recrear algunas de sus costumbres, objetos icónicos, textos, canciones, vestimentas o historias y leyendas. La folclorización consiste en la oclusión de una tradición como fuente viva de bien, verdad y belleza, reduciéndola de forma tradicionalista a una estética formal o a poder identitario de un grupo. 

Uno de los mayores problemas de la globalización es que la extensión mundial de un estándar ideológico y estético tiende a hacer que las tradiciones sapienciales singulares sean subordinadas o folclorizadas. Convive ello con el movimiento contradictorio de difusión internacional de dichas tradiciones. A través de la democratización de los medios de comunicación –redes mediáticas, blogs, periodismo ciudadano, etc.– cualquier persona o colectivo puede comunicar al mundo su sabiduría y sus formas de belleza. Aunque la multitud de relatos puede volver insignificante su voz, ha logrado una vía por la que contribuir a la gente de cualquier lugar.  

jóvenes musulmanes leyendo el Corán en la mezquita de la M-30 en Madrid

Sin embargo, también ese modo de exposición impone sus formatos y dinámicas que pueden suponer la trivialización, la folclorización o su insignificación al ser aglomerada como una más entre tantos imaginarios. Quizás hay tradiciones que solo pueden ser conocidas si se mantiene la experiencia mistérica de la alteridad de quienes la viven. Es más: las verdaderas fuentes sapienciales siempre implican un pasaje misterioso para quien quiere conocerlas en su profundidad. La folclorización de las sabidurías impide profundizar en su realidad, forma parte de la gran dinámica de desrealización de nuestro tiempo.

Dalâla va en la dirección contraria: busca la desfolclorización de lo árabe y lo judío, reducidos a formalismos, porque desde esa superficialidad son más fácilmente manipulables, falsificables y se les puede oponer como identidades mutuamente destructivas. 

La elipsis del autoconocimiento

El proyecto Dalâla –’implicación y significado’– lleva al autoconocimiento a través de una elipsis que pasa por el otro y las raíces. Lejos de encerrar a los sujetos en una espiral autorreferencial en la que se quiera marcar las diferencias con los otros y ensalzar el poder de su verdad, Dalâla reconoce que en cada otro hay algo esencial de uno mismo. El joven Mourad mira a los orígenes comunes, a los fundamentos compartidos con el otro para conocer mejor cuál es su propia tradición. Nadie conoce suficientemente su religión sin hacer una elipsis por la alteridad de las sabidurías compartidas con otros.

Por otra parte, el proyecto logra superar el conflicto interior de los judíos que se han sentido expulsados de su propia tierra madre. Tras ser expulsados por el catolicismo fundamentalismo de España al comienzo de la modernidad, a mitad del siglo XX se vieron expulsados de su tierra de adopción. Eso ha generado un conflicto interno entre su alma judía y su corazón árabe. Esa herida cura en Dalâla gracias a la experiencia de fraternidad con otros judíos que se consideran árabes y árabes que consideran que estos sefardíes magrebíes son una parte minoritaria, pero singular de la cultura árabe.

El arabismo judío parece un objeto imposible, una cultura imposible, pero existe y un grupo de gente está buscando en medio de París las palabras para reconocerlo, para desanudar conflictos que hay quien quiere seguir alimentando por miedo o ambición. Esta pequeña iniciativa nos revela una verdad enorme: conocernos requiere la elipsis de la alteridad. Sin ella, las tradiciones se convierten en folclore o herramienta del poder. 

Referencias

  • Amaya Porras, Andrea (2022). Francia: judíos aprenden árabe y musulmanes, hebreo, para reencontrar sus raíces. France 24, 29 de enero de 2022.
  • Dalâla (2022). Dalala.org. Website.