José Francisco Gómez Hinojosa, vicario general de la Arquidiócesis de Monterrey (México)
Ex vicario general de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

La atención, según Weil y Han


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En una entrega anterior le comenté que me parecía muy interesante el reciente libro de Byung-Chul Han, ‘Sobre Dios. Pensar con Simone Weil‘ (Paidós, Barcelona 2025). En palabras del coreano-alemán, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, por esta obra, la francesa Weil ha sido la figura intelectual más brillante del siglo XXI, una brújula ética y espiritual para nuestros azarosos tiempos.



Contemporánea de otra Simone de Beauvoir -la autora del célebre ‘Segundo sexo’- y pese a las profundas diferencias entre ambas, pues la Weil era una fervorosa creyente en Dios y la compañera de Sartre todo lo contrario, establecieron una cercana relación, inclusive de admiración mutua. Esta dijo de aquella: “La envidiaba porque tenía un corazón capaz de latir para todo el mundo. Ello me llevó a respetarla aún más que por sus dotes para la filosofía”.

Han, con su acostumbrado método, basado en tesis que van trazando, en breves círculos concéntricos, proposiciones que se extienden hasta agotar un postulado, una propuesta, una máxima, dialoga con Weil en torno a siete conceptos fundamentales de su pensamiento: atención, descreación, vacío, silencio, belleza, dolor e inactividad, aportando las propias construcciones experienciales.

Regresaremos sobre el libro, pero solo quiero animarle a que lo lea, refiriendo alguna de sus afirmaciones en el primer tópico: “atención”, y compartiéndole las reflexiones que me provocaron su lectura.

Mujer mirando el celular

Mujer mirando el celular. Foto: EFE

Dice Byung-Chul que la crisis actual de la religión no se debe a que los contenidos de la fe hayan perdido validez, o a argumentaciones filosóficas que buscan demostrar la no existencia de Dios, o los escándalos que han afectado a las iglesias en los últimos años, sino a una crisis de atención, y que la actual sociedad de la adicción es una sociedad sin atención.

Así como Weil sostiene que prestar atención no se refiere a concentrarse para pasar un examen o rendir mejor en el trabajo, sino que refleja una actitud interior mucho más estricta: vaciarse de uno mismo para abrirse el otro, así Han afirma que para atender hay que mirar, contemplar, y no solo ver de manera superficial. Y yo agrego que, de acuerdo a su etimología latina, a-tendere, la atención implica salir de mi burbuja, para tender-hacia la alteridad.

Qué desagradable, entonces, cuando alguien nos está compartiendo un problema muy importante o una experiencia significativa, y nosotros nos la pasamos viendo el celular, el reloj o la ventana, esperando que concluya el tiempo para pasar al siguiente evento.

Pero igualmente lamentable me parece el que vivamos sumidos en la dispersión, y distraídos por infinidad de estímulos que no nos permiten trascender, y nos obligan a preferir la fugacidad de momentos continuos pero sin relación entre ellos, y negándonos la adecuada pausa para aquilatarlos.

Pro-vocación

Hace ya 15 años, el 24 de enero del 2011, falleció uno de los obispos que mejor comprendió lo que significa la conversión: Samuel Ruiz. Si bien fue conservador en el terreno moral, rector de su seminario en León, Guanajuato, y sin mucha preocupación por la dimensión social de la fe, pasó a asumir la causa indígena, y se entregó a su Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, para defender los derechos de sus feligreses. El Tatic -‘padre’ en tzotzil– dio su vida por los indígenas mexicanos y centroamericanos, y fue un claro testimonio de lo que significa la opción por los pobres. Gracias por su vida, por su ejemplo.