David Jasso
Secretario general adjunto del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

La acción pastoral de la Iglesia que está emergiendo con el Covid-19


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“¡El vino nuevo se echa en odres nuevos, y así se conservan los dos” (Cfr. Mt. 9, 14-17)



La pandemia es una experiencia “des-estructurante” que estamos viviendo de manera muy diferenciada y segmentada en cada país. Sus consecuencias son y serán visibles en todos los aspectos de la vida de las personas y en todos los sectores de la sociedad, ante un cambio de época que tomó fuerza propia. Esa es la naturaleza de las emergencias: aceleran los procesos históricos, exigen decisiones rápidas que en tiempos normales llevaría años tomar; ofrecen tecnologías incipientes que se introducen a toda prisa en la vida diaria de todos.

Es un tiempo de preguntas, más que de respuestas, y trae consigo cambios que muchos no alcanzamos aún a comprender, por lo que se nos dificulta tener una respuesta adecuada y pronta ante la profundidad y rapidez con la que están sucediendo.

Como discípulos misioneros, corremos el riesgo de caer en la tentación de dejarnos arrastrar por la corriente o de quejarnos continuamente, de compararnos con los demás, de endurecer el corazón y cerrarlo al Señor; del individualismo y de caminar sin rumbo, quedándonos instalados o sin metas, en un contexto en el que como Iglesia hemos de reconocer que “no somos los únicos que producen cultura, ni los primeros, ni los más escuchados”. [1]

Pastoralmente, nos ha exigido a todos, acelerar nuestro discernimiento, haciendo caso muchas veces solo a intuiciones, en medio de abundante información, datos, estadísticas, reflexiones, artículos, mensajes, noticias, protocolos y demás. Hoy por hoy, no sabemos qué tan largo será el camino que recorreremos en medio de la pandemia e incluso en ocasiones, no sabemos si vamos bien o no. Es una situación de incertidumbre semejante a la que vivió Job, en la que quizá también nosotros, como muchos en el mundo, estamos clamando al cielo diciendo: “mis días y mis planes se diluyen, los deseos de mi corazón se deshacen”. (Job 17, 11)

Mirando contemplativamente y discerniendo en comunidad

Lo que hemos podido decir hasta ahora, no es más que una minúscula parte de una de tantas fotografías que podemos describir donde también, gracias a Dios, son muchas las historias y testimonios de gestos cotidianos de compasión, fraternidad y solidaridad en lo oculto de nuestras comunidades rurales y urbanas que se realizan en favor de las familias y de tantas personas. Todos ellos son signos de Redención que alientan nuestra esperanza.

La acción pastoral que está emergiendo con el Covid-19 parte de nuestro deseo de conversión y de reconocer el paso del Señor en la pandemia y en nuestras vidas, a través de una mirada contemplativa de los acontecimientos y del deseo de caminar juntos, enfrentando los retos que se nos presentan a través de un discernimiento comunitario.

Es mirando contemplativamente y discerniendo en comunidad, que nuestra acción pastoral será profundamente compasiva y misericordiosa que se traducirá en muchas acciones concretas, hoy propongo cinco, formadas con las letras que forman la palabra COVID, a manera de acróstico:

Consolar a todos los que sufren sin excepción.

Orar por todos aquellos que no tienen paz.

Vivir como Jesús, caminando junto con otros.

Inspirar a quienes han perdido la esperanza.

Dar a quienes están teniendo necesidades no solo materiales sino de cualquier tipo.

Escribo esto con el deseo de que esta conversión personal, comunitaria y pastoral, sea tan rápida como la pandemia y que, el hoy que vivimos, sea la memoria agradecida de un mejor futuro que estamos construyendo juntos.

 

* El autor es también Secretario Técnico del Proyecto Global de Pastoral 2031+2033 de la Conferencia del Episcopado Mexicano

[1] Papa Francisco, “Mensaje a la Curia Romana”, diciembre del 2019.