¿Hasta qué punto tiene autonomía una Iglesia local para decidir su estilo pastoral?


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El camino sinodal

El cardenal alemán Reinhard Marx participará el próximo mes de octubre en el sínodo sobre la región amazónica. Una convocatoria de la que se debatirán muchos sobre la situación de la Iglesia en esta amplia región americana y se valorará la respuesta misionera de la evangelización cristiana a los habitantes de este peculiar territorio.

Pero esta no es la única cita sinodal que el purpurado germánico tiene en su agenda. Este lunes es decisivo para la puesta en marcha del “camino sinodal” convocado por la Conferencia Episcopal Alemana con una considerable asociación laical, el Comité Central de Católicos Alemanes. Una cita polémica tras haber sido cuestionada por el Caticano con una carta del 4 de septiembre del prefecto de la Congregación para los Obispos, el cardenal Marc Ouellet, matizando mucho el alcance o la legitimidad de algunas de las decisiones pastorales que pudieran salir de esta asamblea en temas como el papel de la mujer en la Iglesia, el poder de la Iglesia, el celibato o la integración de los homosexuales –núcleos marcados por los organizadores para su discusión–.

La carta de Ouellet contrasta con el espaldarazo que el propio papa Francisco dio a la cita el pasado 29 de junio a través de una carta a los católicos alemanes defendiendo que “las Iglesias particulares … si se encuentran separadas del entero cuerpo eclesial, se debilitan, marchitan y mueren”, situación que motivó la convocatoria de esta asta asamblea para dar respuesta a la “erosión de la fe”. Una erosión que en Alemania se traduce en el descenso de número de creyentes tras, entre otros factores, crisis como la generada por los abusos sexuales en el seno de la Iglesia. Ahora ambos textos se leen desde el Vaticano como una hermenéutica de la sinodalidad que alcanza según qué temas y qué decisiones.

En cualquier caso, tras pasar en Roma la semana el cardenal Marx para las reuniones del consejo de cardenales para la reforma de la Curia, desde este 23 de septiembre hasta el jueves, 26 de septiembre, en la ciudad de Fulda se reúne la plenaria de otoño de la Conferencia Episcopal y parece evidente que el ‘camino sinodal’ no se detendrá en una vía muerta. En esto el presidente de la conferencia no está solo.

Lo han dicho desde el primer momento los convocantes cuando el pasado 12 de septiembre respondieron a Ouellet con una carta con cierto todo desafiante. “Esperamos que los resultados de formar una opinión en nuestro país sean también una ayuda para la guía de la Iglesia universal y para otras conferencias episcopales caso por caso”, señalaban en la misiva. Y, a la vez, sacaban pecho defendiendo los objetivos que han motivado a la convocatoria de esta iniciativa eclesial: “Hemos llegado a la conclusión de que tenemos que tratar este tema a fondo si queremos aprender de las consecuencias del abuso por parte del poder eclesiástico. Queremos emprender un camino que implique un cambio de dirección y una renovación”, reclamaron.

Hoy el nuncio Nikola Eterovic intervendrá en la asamblea espicopal. El propio Marx ha explicado al papa Francisco los últimos movimientos de la reunión la semana pasada cuando participaba en las reuniones del C6 y el consejo de Economía –también se entrevistó personalmente con el cardenal Marc Ouellet –. En estas semanas de verá si en este pulso entre la iglesia local alemana y la maquinaria curial hay vencedores y vencidos.

Los argumentos

En el fondo de esta tensión está la legitimidad de debatir y llegar a decisiones sobre determinadas cuestiones cuya praxis pastoral es expresión de una determinada visión teológica, moral, eclesiológica o antropológica… Nadie cuestiona que ante la crisis vivida por la Iglesia católica en Alemania, esta busque movilizarse para hacer más eficaz su misión evangelizadora –en este sentido es incluso envidiable su inconformismo y sus ganas de buscar nuevas formas de anunciar el mensaje de Jesucristo en una sociedad compleja–.

Ahora bien, todo se complica cuando se tocan determinadas cuestiones fronterizas en las que la reflexión teológica va con pies de plomo posponiendo sine die porque no hay una claridad serena como para no poner en peligro la comunión o la unidad eclesial y sus derivas de uniformidad.

Ante esta disyuntiva, el Vaticano y los prelados alemanes hablan de diálogo constructivo o de “renacimiento bajo el signo de la comunión”, una comunión en la entra lo global y lo local –un debate de nuestro tiempo que trasciende lo eclesial–. A simple vista los temas que marcarán la cita sinodal alemana tienen unas implicaciones que trascienden los límites del país germánico. “El poder y el compartir de los poderes en la Iglesia, participar y participar juntos en la tarea misionera”, “La existencia sacerdotal hoy”, “La mujer en los servicios y las tareas eclesiales”, “La vida en las relaciones exitosas, vivir el amor en la sexualidad y en la pareja” son los títulos de los apartados que estructuran la cita. Hay que ver en qué sentido se abordan, si las implicaciones pastoral de los temas conlleva un cambio fundamental en el depósito del Magisterio. En cualquier caso es posible que hay quien espere más y que otros se escandalicen a ver sobre la mesa temas que presumiblemente ya dejó sentenciados para la eternidad Juan Pablo II o el concilio de Trento.

No es la primera vez que la Conferencia Episcopal Alemana se siente señalada por iniciativas pioneras como esta. Pensemos años atrás con la publicación del Catecismo católico para adultos, una obra acogida inicialmente con recelo que años después incluso acabó publicando la BAC–de entrada, nada sospechoso de heterodoxia– en 1988 y 1989. O, más recientemente, todo lo referente a la intercomunicación. ¿Será posible este diálogo constructivo o triunfarán los intentos por no querer afrontar los problemas con la técnica de la patada hacia arriba?