Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

Hadi Jumaan, dar paz en la batalla


Compartir

La Guerra de Yemen se recrudece y desde su inicio en 2014, parece hacerse más intrincada y difícil de parar. El pico de violencia de comienzo de 2022, tumbó la esperanza de que pudiera abrirse una resolución (Al-Monitor, 2022). Entre las líneas enemigas se distingue a veces a un hombre vestido de blanco, armado solo con una bandera blanca alzada en lo alto. Ninguna otra arma lleva nunca consigo. Se trata de Hadi Jumaan (Juma’aan), consagrado a recuperar los cadáveres de los combatientes muertos para poder enterrarlos con dignidad. 



Según la ONG estadounidense The Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED), casi al final de la década, los enfrentamientos habían causado sesenta mil muertos (ACLED, 2018). Según la ONU, son diez mil.

Dos mil cuerpos recuperados uno a uno

Desde 2016, Jumaan —treinta y tantos años— se ha dedicado de forma voluntaria a la mediación entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes hutíes para que haya intercambio de prisioneros y, sobre todo, de los cuerpos de los caídos en unos y otros campos de batalla. En estos cinco años empeñado en esta labor de piedad, Jumaan ha logrado rescatar más de dos mil cuerpos para devolvérselos a sus familias (Alragawi, 2021).

Las condiciones para encontrar los cuerpos son duras y exige internarse en montes y quebradas que esconden amenazas impredecibles. A veces exige cargar con un cuerpo a la espalda durante más de diez horas, hasta que puedan alcanzar el lugar donde pudieron aparcar la camioneta. 

Jumaan —en Twitter es @HadiGumaan— ha logrado formar un pequeño equipo con jóvenes voluntarios con el que actúa en la frontera entre Yemen y Arabia Saudí, en la región llamada Al Jawf. La labor no es completamente respetada por ambas partes en conflicto, sino que tanto Jumaan como su equipo han sido objetos de ataques terrestres y aéreos que han disparado contra ellos. Ambos bandos consideran que no están siendo neutrales y que atienden más a los muertos de uno u otro lado. Hadi Jumaan, lejos de encontrar facilidades para poder hacer su encomiable propósito, ha sido detenido por unos y otros hasta en ocho ocasiones (Jumaan, 2021).  

Sin medios para la piedad

El equipo se haya desbordado, no tiene medios ni tiempo para buscar tantos fallecidos como yacen en los campos de batalla. El equipo tiene que transportarse junto con los cadáveres rescatados en la única camioneta que tienen. Con frecuencia actúan sin trajes de protección que les prevengan de los peligros que entrañan cuerpos abandonados con frecuencia durante meses, y tampoco cuentan con suficientes sacos donde poder embolsar dichos restos mortales. Al pasar tanto tiempo sin ser retirados, muchos cuerpos están ya descompuestos y otros se les parten por la mitad al intentar recogerlos. Una vez transportados, no disponen de ningún lugar refrigerado donde poder almacenar con seguridad los cadáveres. Pero, pese a tal precariedad de recursos, no cesan en su misión, que anuncian simplemente con un palo y una pobre tela blanca prendida en su extremo.

Hadi Jumaan

Es tal la dimensión de la tarea que se han propuesto, que Jumaan ha creado una organización que ha registrado con el nombre Consejo de Coordinación para los Derechos Humanos y ha intensificado la llamada a que otros se sumen a esta causa compasiva. Pese a lo encomiable de su servicio, apenas tiene fondos para poder pagar la gasolina y comprar sacos para muertos. Pueden continuar solamente gracias a aportaciones de su hermana y algún otro benefactor extranjero, no de expatriados ni conciudadanos. Finalmente ha logrado reclutar quince voluntarios, con los que puede organizar tres equipos. Al comienzo fueron setenta, pero la gran mayoría ha ido abandonando un servicio tan duro en el que ponen en riesgo sus propias vidas. No obstante, sus fuerzas no son suficientes porque las familias, al conocerse este servicio, no cesan de hacer llegar sus peticiones y angustias.

El último servicio

En más de una ocasión, Jumaan ha pensado si él también abandonaba. En sus propias palabras, “Sé que lo que estoy haciendo es casi suicida, pero cada vez que contemplo dejarlo, las familias acuden a mí para que las ayude a encontrar a sus seres queridos. Sigo adelante porque sé que lo que hago les brinda consuelo y paz” (Al-Dawsari, 2019).

La recuperación de los cadáveres requiere una labor delicada. Deben ponerse en contacto con las familias para recolectar el mayor número de datos sobre el combatiente de modo que pueda ser reconocible, y también mediar con los comandantes de ambas partes para evitar ser disparados durante su intervención. A veces logran que se respeten pequeños altos el fuego locales para rastrear y retirar tantos cuerpos como puedan cargar en su camioneta. 

Jumaan ha sido durante su juventud Boy Scout y antes de esta misión que personalmente ha asumido bajo el fuego de la guerra, ha trabajado como desarrollador comunitario en un proyecto de trabajo social de la Administración yemení. La guerra ha dividido a la población y la propia familia de Jumaan está enfrentada entre sí, entre partidarios de uno y otro lado. “Es muy doloroso”, siente Jumaan.

A los ojos de Dios

Inició su labor casualmente, por ayudar a uno de sus parientes, el cual había perdido a sus dos hermanos mientras luchaban en la provincia de Taiz (Al-Dawsari, 2019). Al haber sido Scout, su familiar conocía la destreza de Jumaan para orientarse en la naturaleza y atravesar zonas orográficamente complicadas. De esa forma, ambos viajaron a la zona y estuvieron mucho tiempo recorriendo los parajes hasta que lograron encontrar ambos cuerpos, ya muy deteriorados. Había abundantes muertos de un bando y otro abandonados por doquier. Los recogieron, pero en el curso de esta acción puramente compasiva, Jumaan recibió un disparo por parte de un soldado apostado que le confundió con un combatiente. Mientras se recuperaba de la herida, Jumaan fue madurando el significado de lo que había visto y hecho y sintió que debía consagrarse a esa labor.

“Ahí es donde empezó todo para mí. Cuando vi todos los cadáveres esparcidos, me impactó. Sí, estos fueron luchadores, pero son nuestros hermanos y deben ser respetados. Nuestra religión nos dice que el entierro es la forma en que honramos a nuestros muertos” (Al-Dawsari, 2019). 

Hadi Jumaan considera que “pese a todos los obstáculos, nadie puede evitar que continuemos con nuestra labor. Es un trabajo humanitario, un trabajo que es positivo a los ojos de Dios y bueno para los familiares de los prisioneros y mártires” (Young, 2021).

Cuerpos de paz

Vivimos en un mundo sometido muchas veces a la impiedad. No solo en territorios en guerra o extensas zonas naturales que están siendo destruidas, sino también en muchos centros de decisión y amplios sectores de la economía. Jumaan realiza la última piedad, el último servicio que se le puede hacer a una persona: enterrarla con decencia, que pueda, tras vidas a veces tan agitadas por la violencia, descansar en paz.

No puede no recordarnos a Mizushima, protagonista de la inspiradora novela japonesa ‘El arpa birmana’ (Takeyama, 1947), de la cual hicieron una versión cinematográfica del mismo título (Ichikawa, 1956). En ella, Mizushima vive una transformación personal como soldado que le hace convertirse en un monje consagrado al entierro de sus compatriotas como de quien un día hicieron sus enemigos.

Jumaam arriesga su vida para salvar a muertos, para rendirles su última honra, porque, como en Antígona, no es soportable al corazón humano que aquellos despojos mortales machacados por balas y metralla, continúen sufriendo moralmente tirados entre peñascos. La compasión por las familias desgarradas y por el propio cuerpo muerto de aquella persona, es la que hace que de forma voluntaria, sin cobrar y jugándose la piel, Jumaan y su exiguo equipo se adentren en los campos de batalla. En él se comprende bien la expresión “cuerpos de paz”.

La piedad por el cadáver nos interpela a tener piedad por los hombres vivos. Si se tiene compasión por sus restos, ¿cómo no tenerlo por su vida? Sin embargo, se continúan sacrificando cuerpos unos tras otros, como en un holocausto, al servicio de intereses que escapan a la imaginación de los combatientes.

Quizás se debería obligar a que las descomunales empresas de armamento paguen todas estas labores de recogida de lo que se logra matar gracias a sus ventas. Mientras no podamos desarmar estos negocios de muerte, podríamos sugerir el sarcasmo de que cada empresa pague un seguro para poder hacerse cargo de los efectos de sus artefactos.

Los cuerpos totalmente derrotados concitan un alto el fuego entre peñas y trincheras, un momento de respeto a la pérdida absoluta que es toda guerra, donde al final la única opción se juega entre perder mucho o perderlo todo. Todas las partes pierden siempre cualquier guerra. Jumaan y su equipo forman un cuerpo de paz, pero los propios caídos son cuerpos de paz, donde ya no cabe más guerra, que solo es carne que espera. 

La paz es frágil, pero invencible. Se puede matar a sus mensajeros, quemar sus banderas, detener sus pasos, pero no cesa de levantarse otra vez, tejer otro trapo que izar, intentar dar un paso más. Ese hombre, Jumaan, caminando de blanco y haciéndose él mismo blanco entre las líneas enemigas es de las profecías que nuestro siglo necesita: dar paz en medio de todas las batallas (Del ‘Diario de Nunca Jamás’, 10 de enero de 2022).

Referencias

  • ACLED (2018). Yemen war death toll now exceeds 60,000, according to latest ACLED data. ACLED, 11 de diciembre de 2018.
  • Al-Dawsari, Nadwa (2019). The unlikely diplomat bringing Yemen’s war dead home. The New Humanitarian, 13 de febrero de 2019.
  • Al-Monitor (2022). New year brings no hope of resolution to Yemen conflicto. Al-Monitor, 10 de enero de 2022.
  • Alragawi, Mohammend (2021). Former boy scouts bring dead Yemenis to their final destination. AA, 30 de diciembre de 2021.
  • Ichikawa, Kon (1956). El arpa birmana. Japón: Nikkatsu.
  • Jumaan, Hadi (2021). @HadiGumaan. Twitter, desde octubre de 2021.
  • Takeyama, Michio (1947). El arpa birmana. A Coruña: Ediciones del viento.
  • Young, Pariesa (2021). El hombre que desafía el conflicto para recoger los cuerpos de combatientes yemeníes caídos. The Observers, France 24, 19 de diciembre de 2021.