José Francisco Gómez Hinojosa, vicario general de la Arquidiócesis de Monterrey (México)
Ex vicario general de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

Francia: ¿ya no es país de misión?


En 1943, los sacerdotes franceses Henri Godin e Ivan Daniel, impulsados por el cardenal Suhard, publicaron el ensayo ‘¿Francia, tierra de misión?’. La obra nació de la experiencia pastoral con la clase obrera en los suburbios de París, cada vez más alejada de la fe cristiana, en un país al que se consideraba tradicionalmente católico.



Yo leí el libro hacia fines de los 70’s del siglo pasado, cuando surgió ahí el movimiento de los curas obreros, y un clima de renovación se extendió por toda la Iglesia, gracias también al impacto del Concilio Ecuménico Vaticano II, finalizado en 1965.

La nación gala, cuna de movimientos filosóficos y políticos muy distantes de las clásicas enseñanzas del catolicismo, recibió de manera multitudinaria la reciente visita del papa León XIV. La misa en la Plaza de la Concordia reunió a 800,000 personas, y 80,000 jóvenes participaron en la vigilia del Estadio de Francia. ¿A qué se debió tan inesperado entusiasmo?

No se trató simplemente de la atracción por una figura famosa, pues se está observando un renovado interés religioso, al grado de que ha aumentado de manera relevante el número de adultos solicitantes del bautizo. En particular los jóvenes se han sentido atraídos por el pontífice que les habla de sus temas preferidos: la ansiedad, la incertidumbre, la soledad, el futuro.

Misa multitudinaria de León XIV en París. Foto: Efe

Misa multitudinaria de León XIV en París. Foto: EFE

No solo los católicos participaron en los eventos de la visita. Le Monde publicó el testimonio de un joven protestante que asistió a la misa, y Prevost Martínez insistió en tópicos atractivos para la opinión pública: dignidad humana, paz, fraternidad, convivencia. Además, hacía 18 años que no llegaba un Papa a esas tierras, y León XIV se presentó en Notre-Dame, recién reconstruída, y en Lourdes, dos sitios con enorme carga histórica y religiosa.

No creo, entonces, que estemos ante una clara señal de que Francia se está volviendo un puntal del catolicismo europeo, un ejemplo de renovación cristiana. Sigue siendo un país de misión. La copiosa respuesta de las multitudes obedece a una combinación entre, sí, un renovado interés por la fe, pero también una atracción laica por la personalidad de este Papa.

Celebro, sin embargo, que su mensaje esté calando hondo en sociedades tan secularizadas como la francesa. Ojalá que también al interior de la Iglesia las propuestas papales tengan el mismo eco, y no sean solo gritos en el desierto.

Pro-vocación

Malabarismos exegéticos hemos venido haciendo desde hace diez años, en que se cambió la fórmula de la consagración en las misas, de “por todos” a “por muchos”. Se argumentó que no se trataba de una exclusión, sino de reconocer que no todos aceptan la llamada gratuita de Dios a la salvación. Los obispos españoles mantendrán la expresión, así lo informó su secretario general. Me pregunté hace diez años, y lo sigo haciendo: ¿no sería mejor enfatizar la oferta divina -por todos- y no la respuesta humana -por muchos-?