En algunas películas había visto una escena muy particular y hasta recurrente: personas buscando entre la basura algo, como objetos y hasta desechos de comida. La acción es recurrente en muchas ciudades, solo que en esta ocasión no se trató de ninguna escena de serie o película, fue algo real y lo vi por primera vez en mi ciudad. Era algo noche, me encontraba un tanto perdido entre las diferentes calles y decidí poner el navegador para llegar a mi destino.
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Fui siguiendo las indicaciones y de pronto, me encontré en calles muy ‘populares’ de la Ciudad de México, lugares donde la población reconoce que son de ‘alto riesgo’ debido a la violencia y carencia de esas zonas en particular. Y precisamente ahí fue donde observé una imagen que me estremeció.
Sobre los montículos de basura personas comunes ‘hurgando’ entre bolsas de basura; jóvenes y mujeres, entre los desechos para encontrar algo de valor, varios montículos, muchas bolsas a lo largo de una extensa avenida, con calles iluminadas y bajo puentes, a la vista de todos los que estábamos pasando por esos lugares.
Un contraste que duele
La necesidad de unos cuantos, buscando desechos para sobrevivir. No debería ser normal, ni mucho menos ser parte del paisaje, todo lo que vi debería despertar nuestros sentidos y reflexionar acerca de las necesidades de nuestros hermanos, quienes han perdido todo por necesidad, por falta de oportunidades y cientos de excusas.
Estamos hablando de personas necesitadas que buscan alguna esperanza en esa basura, tal vez hasta el sustento del día. Ver aquello sinceramente me conmovió y me hizo pensar en una sociedad desigual, un lugar donde las oportunidades no son para todos, una ciudad donde algunos buscan algo en la basura, mientras otros se enriquecen a manos llenas.
Un contraste que duele y que debería hacernos pensar en nuestro prójimo. «Si alguien que posee bienes de este mundo ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? Hijitos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y de verdad». 1 Juan 3, 17-18.
“Dar lo mejor de la buena noticia a los más necesitados”
El verdadero reto de esta enseñanza es hacerla realidad, desde nuestros entornos y por supuesto, desde lo más profundo de nuestro corazón, esa es la gran diferencia entre simplemente ayudar en las necesidades y hacerlo con espíritu de verdadero servicio, mostrando el valor del Evangelio.
Regreso a la historia vivida: ver toda aquella necesidad, me hizo darme cuenta de lo mucho que tenemos por hacer y lo valientes que debemos ser para dar lo mejor de la buena noticia a los más necesitados. Sin duda es un gran reto de nuestros tiempos, sin agobios, sin querer solucionar de inmediato y de una sola vez.
Se trata de un proceso que, además de iniciarse de manera urgente, deberemos hacerlo con la paz y la calma necesaria, confiando en la fuerza del Espíritu Santo y en la confianza plena en que el amor de Dios nos va a acompañar en cada paso. «Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo». Mateo 28, 20.


