Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

El niño caído


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El lunes 24 de enero de 2022 una joven, E.C.M., de veinte años, entró con su padre, Lucho C.H., en el servicio de urgencias del Hospital Materno Infantil El Carmen, sito en la ciudad peruana de Huancayo. Apareció con claras señales de estar en labores de parto. Se la condujo a una pequeña sala de triaje, llena de gente, para evaluar si tenía Covid-19 y, tras veinte minutos, allí se desencadenó el parto mientras esperaba en pie. El niño se precipitó al suelo y falleció como resultado del golpe. El padre fue escueto en su denuncia: “El recién nacido cayó al piso” (Vivanco, 2022).



Abandono hospitalario

La joven y su padre se habían desplazado desde Huencavelica, una pequeña ciudad de sesenta mil habitantes y tardaron unas tres horas y media en llegar al hospital, tiempo en el cual se fue adelantando el parto. Una testigo aseguró que «ella llegó ya con la fuente rota, su falda estaba mojada y gritaba de dolor». Otra confirmó lo que era una evidencia para todos, que “ya bajó del carro con la fuente rota”.

Según otro testigo presencial, el personal sanitario fue irresponsable y la desatendió los gritos de dolor, estaban entretenidos hablando por sus teléfonos móviles, estaban con el celular, sin darse cuenta que la joven ya estaba a punto de dar a luz, declaró Víctor C. La misma persona describió lo sucedido: El bebé cayó con fuerza y yo me saqué mi casaca para abrigar al bebé.

En el momento en que el niño cayó al suelo, un grupo de enfermeras se asustó y acudieron rápidamente. Los pacientes de la sala se encararon con ellas reprochándoles su negligencia. Ese momento fue grabado con un teléfono y ha sido difundido en prensa (Vivanco, 2022). En la grabación se escucha un coro caótico de voces. Le hemos dicho, ya le hemos dicho a ustedes, les echa en cara una paciente de la sala. La madre apela con educado enfado a las enfermeras: Usted es madre, señora, a usted no le gustaría que su hijo nazca así, señora. Se lo estábamos diciendo, se encara otra señora, y el niño ha nacido de cabeza. 

Recogieron al niño, que lloraba –“está llorando el bebito”–, y las enfermeras lo abrigaron con una toalla o pequeña sábana. Entonces la joven madre rompió a llorar y gritar, y la gente acusó de negligentes, tanto han esperado… ustedes han sido unos negligentes.. Ha estado gritando la señora… Le hemos dicho a ustedes 

Indefensión ante la fuerza de seguridad

Entonces las enfermeras llamaron a la policía para que interviniera contra quienes se quejaban y el volumen de la protesta subió radicalmente, se desataron los gritos ante la posibilidad de que el policía los acallara. Se pidió que se denunciara al hospital y se gritó que la gente tiene derechos. El policía dudaba qué hacer y los ciudadanos se concentraron sobre él: ¿Por qué crees que tantas personas no quieren venir al hospital?. Otra mujer le gritaba: “En un hospital no se nos debería humillar a ninguno de nosotros. ¡Que venga la televisión!, reclamaba un vecino. 

La gente ya sabe lo que va a ocurrir en cuanto aparece la policía: van a querer acallarlos y expulsarlos, ocultar lo sucedido. Hay una experiencia sentada del maltrato y represión policial y por eso hay una reacción defensiva, se elevan las voces y protestas. Quieren testigos como la televisión porque a ellos van a intentarlos hacer desaparecer del lugar y su testimonio ser excluido, como sucedió si no llega a ser por las grabaciones con los teléfonos. El policía, en vez de examinar y documentar la muerte que acaba de producirse, se vuelve contra quienes la denuncia y protege a la institución que la ha provocado por negligencia.

bebes gigantes

El “bebito” continuaba en la sala, sin saber bien qué hacer con él las enfermeras. Sentaron a la madre en una silla de ruedas y le pusieron a su hijo, totalmente envuelto en trapos, sobre las piernas. El niño es abrigado, pero sobre todo parece ser ocultado a la vista de las grabaciones que estaban documentando el infanticidio por negligencia que habían presenciado.

El policía decidió intervenir y expulsar a la gente de la sala, extendía las manos indicando que desalojaran la entrada del hospital y les fue empujando hasta la salida. La gente que protestaba fue echada a la calle.

El suceso acabó trágicamente. El niño se había desnucado. El director del hospital ha reconocido que ha habido una suma de errores y están investigando si ha habido omisión de funciones, resultado de lo cual podría haber suspensiones temporales o incluso despidos. 

El niño caído de la fuente rota

Hay algo radicalmente antinatural y antihumano en un niño que cae del vientre de su madre y se desnuca contar el suelo sin mediación alguna, ni manos ni brazos ni piel alguna: directamente del seno materno a la dura baldosa. Ni siquiera pudo la madre sostenerlo o tratar de evitar con sus piernas su caída. Nadie, ni el padre ni los vecinos ni ninguna enfermera impidió que se desplomara contra el suelo. 

El parto humano siempre es social, ayudado por otros. Uno siempre llega al mundo ayudado por otros y da vida a otro ser a la Humanidad cooperando con otros. El caso del bebito caído es todo lo contrario: no hallar ninguna mano al otro lado que sostenga tu pesada cabeza, ningún brazo que adopte la forma del útero en que has nacido y vivido toda una vida.

La fuente rota de la madre deja caer en el estanque roto de la sociedad, ese hospital en el que la desatención de lo humano solo acaba cuando el humillado vuelve la cara hacia ti reclamando tu deber. No es que no haya habido confianza que reciba al niño y vele por la humanidad que se juega en ese cuerpo, sino que se encontró el vacío, no conoció el mundo, nunca sabrá en vida que cerca se alzaba el Machu Picchu, Miraflores le invitaba a pasear los acantilados del Pacífico, las criaturas de Nazca esperaban su mirada e inquietud, Cuzco quería abrigarlo con sus piedras enormes y redondeadas.

El cuerpo descendido de un golpe quedó tirado en el suelo y el bebito solamente era capaz de gemir un débil sollozo que los gritos impedían oír. No exige, no fuerza ocupar ningún lugar, ni siquiera impone un tiempo, sino que yace. Hay partes de la sociedad que son fuentes rotas que dejan caer nuestros cuerpos sin Piedad que los quiera recoger (Del ‘Diario de Nunca Jamás’, 26 de enero de 2022). 

Referencias

  • Vivanco, Thalia (2022). Bebé nace en triaje de hospital y testigos afirman que cayó al suelo por demora en atención. Diario El Correo de Perú, 25 de enero de 2022.