Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

El Micro de la Taberna


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Desde hace unos meses, los jóvenes tuiteros Almudena @AlmudainaMA y Pablo Martín Ibáñez @blitomi, han lanzado una iniciativa que han llamado El Micro de la Taberna, presente en los principales canales y que expresan lo mejor del espíritu de la conversación que nuestro mundo necesita urgentemente. La primera entrevista que inaugura este curso ha invitado a la joven escritora manchega Ana Iris Simón, la autora de la novela ‘Feria’, publicada por Círculo de Tiza en 2020 y que está siendo un enorme éxito editorial.



Lo más interesante es el propio espíritu de la conversación, un estilo que ya forma parte de una nueva cultura de las entrevistas en YouTube y otros medios. Esta y otras entrevistas reflejan los diálogos que cualquiera podemos tener a la mesa o en las tabernas a poco que demos una oportunidad a hablar de las cosas un poco a fondo.

Ante tanta polarización y presión ideológica

Conversaciones como la del Micro de la Taberna son momentos que por su espontaneidad logran tocar la piel de la realidad y se crea la libertad para poder mostrarse como de verdad se es y decir las cosas que pasan de verdad por cabeza y corazón. En un mundo con tanta polarización y presión ideológica, necesitamos poder abrir estos espacios donde expresarnos sin recibir juicios inmediatos, compartir lo que nos pase por el alma, no tener miedo de ir a lo mayor y a la vez perder un poco el tiempo juntos, ser capaces de hablar de lo más profundo y celebrar lo nimio.

Necesitamos conversaciones sin fronteras, dejándonos llevar de ese espíritu tan latino y universalista de la comensalidad, la tertulia y los bares, aquel que llevó a Gabinete a alabar el calor del amor en un bar. Necesitamos que nuestra sociedad se llene de una densa red de conversaciones, que dejemos hablar al corazón, que nos enriquezcamos con las opiniones de los demás sin barreras, reencontrándonos con todos.

Como hacen @AlmudainaMA y @blitomi, necesitamos dar micrófono a esas conversaciones reales, hacer una comunicación pública en la que las posiciones no estén prefijadas y lacadas por las ideologías y apariencias. La imagen que usan del micrófono en la taberna es una llamada a cesar los encierros doctrinarios y ser capaces de llevar a la vida pública el espíritu tabernario de la conversación, aquellas en las que decimos la verdad, nos liberamos –respetuosamente- de los filtros que a veces nos amordazan y nos sentimos hermanos del otro. Así se puede hablar de todo. Y de Dios.