El fenómeno
Es curioso que según la edad, el país donde estés o la sensibilidad que tengas ante determinadas causas… el arcoíris puede ser tanto un signo de unión como de diversidad e incluso de desunión o recelo. Este elemento de la naturaleza que según el diccionario no es más que un “fenómeno óptico que presenta en forma de arco de bandas concéntricas los siete colores elementales, causado por la refracción o reflexión de la luz solar en el agua pulverizada, generalmente perceptible en la lluvia”, es mucho más que eso.
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Hoy en día, el arcoíris se asocia a menudo con la comunidad queer. Sin embargo, su simbolismo se remonta muy atrás en la historia, teniendo también un significado muy especial en el cristianismo. Así lo señalaba hace días en un reportaje el portal katholisch.de, quien recordaba que a pesar de su belleza, el arcoíris polariza y, en ocasiones, se convierte en blanco de ataques.
Un ejemplo reciente de esto ocurrió en la ciudad de Mannheim, donde un hombre taló frente a una iglesia un mástil que sostenía una bandera arcoíris izada con motivo del “Mes del Orgullo”. Durante este mes, la comunidad queer busca aumentar la visibilidad de la diversidad sexual y de género, además de protestar contra la discriminación. Para este colectivo, el arcoíris y sus banderas son su símbolo más conocido. Pero, ¿cómo ha evolucionado este fascinante fenómeno natural a lo largo de los siglos entre la religión, la política y la sociedad?
La promesa
La presencia del colorido arcoíris se encuentra ya en las páginas del Antiguo Testamento. En el libro del Génesis (9,13), tras el fin del Diluvio, Dios habla con Noé y le dice: “Yo pongo mi arco iris en las nubes, y él será la señal de la alianza entre mí y la tierra”. Este fenómeno es una promesa visible de Dios a Noé, asegurando que nunca más habrá un diluvio que destruya a todos los seres vivos (Génesis 9, 14-16).
De este modo, el arcoíris se erige como un poderoso signo de la fidelidad de Dios, de esperanza y de reconciliación, representando al mismo tiempo la alianza entre el Creador y todos los seres vivientes de la Tierra.
La Biblia también asocia el arcoíris con la propia apariencia de Dios. En el libro de Ezequiel (1,28), se compara el resplandor de la gloria del Señor con “el aspecto del arcoíris que aparece en las nubes en un día de lluvia”. Por su parte, en el Apocalipsis, el arcoíris aparece en la visión del trono celestial: “Y alrededor del trono había un arcoíris que parecía una esmeralda” (Ap 4,3). En este mismo libro también se describe a un ángel que desciende del cielo, quien desencadenó las voces de los siete truenos, coronado por un arcoíris sobre su cabeza (Ap 10,1).
Esta majestuosa imagen del trono celestial del Apocalipsis ha dejado una huella imborrable en la pintura cristiana, destacando especialmente en la iconografía de la Edad Media. En las representaciones del Juicio Final de esa época, Jesús aparece como el juez divino del mundo sentado sobre un arco de colores. Es muy probable que muchos visitantes hayan descubierto también arcoíris en pinturas y vidirieras de diversas iglesias, ya que estas obras artísticas utilizan el símbolo para representar la sagrada conexión entre el cielo y la tierra.
Un estandarte de paz
Más allá de la Biblia y del arte sacro, el arcoíris ha tenido un peso fundamental en movimientos históricos y sociales. En el año 1525, durante los levantamientos de campesinos, mineros y habitantes de las ciudades en los territorios del actual sur y este de Alemania, el teólogo Thomas Müntzer lideró a los campesinos armados portando una bandera arcoíris. Para ellos, era la señal de su alianza con Dios y de su esperanza en un nuevo comienzo.
Siglos más tarde, en el siglo XX, el clérigo estadounidense James William van Kirk diseñó en 1913 una bandera de la paz que incluía franjas con los colores del arcoíris, estrellas y un globo terráqueo, con motivo del Congreso Mundial de la Paz. Esta tradición pacificadora fue retomada por el movimiento por la paz en la década de 1960.
Más recientemente, durante la pandemia de coronavirus, muchos niños decoraron sus ventanas con dibujos de arcoíris, usándolos como un emblema de esperanza y espíritu de comunidad en medio del aislamiento.
Además, el arcoíris no es exclusivo del cristianismo; juega un papel fundamental en otras religiones y creencias del mundo. Tanto en la mitología griega como en la germánica, el arcoíris representaba un puente místico que conectaba a los dioses con la tierra, señalaban en el reportaje alemán. En la célebre mitología irlandesa, se cuenta que al final del arcoíris se esconde un tesoro de oro custodiado por un ‘Leprechaun’, una especie de duende o hada. Asimismo, los aborígenes australianos veneran a la “Serpiente del Arcoíris”, a la que consideran la creadora del mundo y de todos los seres vivos.
La bandera
Con todo este trasfondo histórico, ¿cómo llegó entonces el arcoíris a convertirse en el emblema de la comunidad queer? La respuesta nos lleva al año 1977 en los Estados Unidos, cuando el activista Gilbert Baker la diseñó. Por encargo de la ciudad de San Francisco, Baker creó esta bandera para la comunidad queer con la intención de forjar un símbolo único de orgullo, inspirándose en la bandera estadounidense.
A Baker le fascinaba el impacto de la bandera de su país, su uso en la cultura pop y, especialmente, cómo sus franjas rojas y blancas cosidas se habían convertido, en toda su simplicidad, en un símbolo de cohesión. En una entrevista concedida al Museo de Arte Moderno en 2015, Baker explicó que el arcoíris reflejaba esa misma simplicidad de las franjas unidas y, a la vez, representaba algo profundamente natural.
En la actualidad, las seis franjas de la bandera queer tienen significados muy específicos para la comunidad: el rojo simboliza la vida misma, el naranja la salud, el amarillo la luz del sol, el verde la naturaleza, el azul la armonía y el violeta el espíritu. No obstante, la bandera experimentó algunas transformaciones. En sus orígenes, el diseño de Baker incluía también el color turquesa, que representaba el arte, y un rosa brillante, que simbolizaba la sexualidad.
Sin embargo, en la década de 1970 no era posible producir industrialmente tela de ese tono rosa específico, por lo que este color tuvo que ser suprimido, corriendo el turquesa la misma suerte. Es aquí donde encontramos una diferencia directa con el arcoíris cristiano tradicional: mientras que la bandera de la diversidad tiene seis franjas en la actualidad, el arcoíris del cristianismo cuenta con siete colores, ya que incluye el índigo.
Desde la alianza bíblica de Noé hasta las calles de San Francisco, el arcoíris nos recuerda que, a pesar de nuestras diferencias, todos compartimos el anhelo de esperanza, paz y un lugar bajo el mismo cielo. Su luz multicolor es una invitación constante a la inclusión y al respeto mutuo… también para solo quieren sembrar la división.

