Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia y director del Instituto Universitario de la Familia, de la Universidad Pontificia Comillas

Diario del coronavirus 6: ¿A dónde íbamos?


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Mi amiga Marta Sáez tiene a su madre ingresada en un hospital y en las visitas trata con un médico que se llama Víctor y dos enfermeras que se llaman Laura y Luz. Tanto Marta como los tres sanitarios llevan mascarillas. No podrían reconocerse por la calle si se vieran sin ellas. Todo lo que dicen sucede en sus ojos. Marta, Víctor, Laura y Luz solo se conocen por las miradas y, junto con las palabras que informan sobre la evolución de su madre, lo más importante se lo comunican por esas miradas. Preocupación, temor, esperanza, compasión, cuidados, solidaridad, cansancio… A menos que dentro de muchas semanas Marta vuelva al hospital y pregunte por ellos, si se los encontrara, no sabría quiénes son. ¿O sí? Me pregunta Marta, ¿acaso teníamos que ponernos una mascarilla para comenzar a mirarnos a los ojos de verdad?



En el confinamiento por coronavirus, empezamos a poner atención en aspectos de la vida que antes nos pasaban desapercibidos. Esta mañana, mi amiga Carmen me envía la foto de un gorrión posado en lo alto de la farola que hay junto a su ventana. Ayer, Charo, una vecina del  madrileño barrio de Lavapiés, cumplía 80 años y sus vecinos le organizaron una felicitación masiva. Salió a la ventana y todo el patio de vecinos se había convocado para cantarle. “Ha sido el cumpleaños más bonito de toda mi vida”, dice esta sencilla señora, que salió en pijama.

Ahora nos estaremos preguntando, ¿y quién está de cumpleaños en mi edificio de vecinos? ¿Me sé el cumpleaños de alguno? ¿Recuerdo siquiera el nombre de mis vecinos? Saquemos papel y lápiz y hagamos la lista con el resto de familia. ¿Cómo se llaman nuestros vecinos? Quizás cuando bajes a comprar, gasta un minuto en anotarte sus nombres. Es crucial comenzar a llamarnos todos por nuestros nombres. Vivíamos en una sociedad en la que no sabíamos los nombres ni de nuestros vecinos, una sociedad que había perdido los nombres y solo teníamos individuos.

Quo vadis?

Quien organizó el cumpleaños a la entrañable doña Charo es una organización vecinal llamada “Lavapiés, ¿dónde vas?”. Quo vadis? Es una pregunta que ya ha salido por doquier en redes. Ahora que el coronavirus nos ha detenido a la fuerza, nos podemos preguntar: ¿a dónde íbamos? ¿A dónde vamos? 

Quizás nos lo preguntemos al ver a nuestros hijos en casa y tener tiempo para hablar juntos. ¿Qué opinan de esta pandemia? ¿Qué temen? ¿Qué sienten? Tenemos mil momentos para preguntárselo y no

También nos lo preguntamos como sociedad. Ayer se publicaban las fotos de los canales de Venecia –el lugar por donde el coronavirus entró en Europa– después de tan solo dos semanas sin la presión turística y sin tráfico. Los canales vuelven a ser azules y los cisnes han vuelto a nadar por ellos, llevando a sus crías entre sus alas. Si salimos a nuestra ventana no solo veremos a nuestros vecinos buscando relación, un rostro, una sonrisa, sino también nos encontraremos un aire más limpio.

El coronavirus nos ha hecho dar un paso atrás y contemplar nuestra vida en su conjunto y su profundidad. Tenemos miedo y vamos a perder mucho, pero algunos canales de nuestra vida vuelven a ser azules y en ellos hay cisnes de bondad, cisnes de cuidado, cisnes de belleza, cisnes de verdades y cisnes de preguntas sobre la vida. ¿A dónde íbamos? Sí, tiene razón mi amiga Marta: ponernos mascarilla nos ha hecho poder comenzar a mirar.