Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia y director del Instituto Universitario de la Familia, de la Universidad Pontificia Comillas

Diario del coronavirus 58: todo a pulmón


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Esta pandemia ha tenido dos protagonistas muy humildes: nuestros dos pulmones. Me gustaría hacerles un homenaje, pues en ellos han tenido lugar las más profundas batallas de esta crisis.

Cuerpo a cuerpo

El coronavirus es principalmente un virus respiratorio, aunque no solo. Los millones de viriones que se reproducen en nuestras células van formando masas verdes en nuestro aparato respiratorio que impiden el flujo de oxígeno. Nuestro cuerpo reacciona y se inflama. La inflamación es una masa que envuelve y aísla al alien y trata de destruirlo. Esa masa inflamada y las capas víricas verdes reducen el flujo de oxígeno. Los pulmones se sofocan, se sacuden, tosen espasmódicamente para librarse de la materia y meter forzadamente aire.



Los pulmones de la mayor parte de los que lo tenemos lo han vencido casi sin notarlo. Otros muchos han caído enfermos pero sus pulmones has sacado toda su fuerza y han derrotado uno a uno a todos los viriones. Otros han tenido que ser ingresado y los pulmones han luchado a muerte contra el Covid-19. Otros han necesitado un respirador: que el resto de la humanidad seamos su tercer pulmón. Algunos han fallecido con sus pulmones rendidos, habiéndolo entregado todo hasta el final, en una historia que también tiene algo de amistad y sacrificio.

Mi hermana Montse, que ha sufrido el Covid-19, cuenta que este virus duele físicamente, que golpea y hiere. Le duelen los pulmones. Es una lucha cuerpo a cuerpo y deja mazazos. Es como un accidente de coche en el que todo el cuerpo reacciona forzada y masivamente, lo da todo y después te pasa la factura, necesita ser cuidado para recuperarse. La recuperación es lenta y uno no deja de dar gracias a los pulmones, como das palmadas a un buen caballo tras salvarte de un peligro. Y cada vez que respiras ya es algo distinto, es parte de una historia de amor.

La sabiduría de los pulmones

Desde niño siempre me imaginé que nuestros pulmones son dos ballenas rosadas que tiran de nosotros por el océano como dos buenos bueyes de nuestro arado. En tiempos de Sócrates se pensaba que los pulmones eran nuestros árboles interiores, por esa forma de árbol invertido que tiene en nuestro cuerpo. Forman nuestro bosque interior por el que circula el aire moviendo todas sus hojas. Galeno pensaba en el siglo II que los pulmones refrigeran nuestro corazón cuando se calienta, moderan su ardor y lo ventilan cuando se sobrecarga. El médico palentino Juan Valverde decía en el siglo XVI que el oficio de los pulmones era recibir el aire para que con él se formaran los espíritus de vida de nuestro interior. Y aunque la medicina ha investigado con más precisión las funciones pulmonares, todo lo anterior es en cierto modo también verdad, forma parte de la sabiduría del pulmón. Dicen que la mayor enseñanza que nos dan los pulmones es que se quedan con lo bueno y se liberan de lo malo. Son fundamentalmente pacíficos, bondadosos y sabios.

Cuando subes la alta montaña, notas cómo los pulmones y el corazón te llevan, son órganos muy fieles, siempre trabajando. A veces fantaseo con que soy un pastor y los órganos que hay dentro de mi cuerpo tienen su propia vida, son criaturas con las que vivo, a las que cuido y me cuidan. Cada uno tenemos una relación muy personal con nuestro estómago, corazón, pulmones. A veces puede que te sientas derrotado y te tumbes en el sillón. Hay veces en la vida en que te cuesta seguir, te desanimas o te preguntas por el sentido o el valor de lo que haces. Entonces los pulmones te recuerdan que necesitan lo suyo, que metas aire. En la serie After Life, de Ricky Gervais (Netflix, 2019), el protagonista no encuentra fuerzas para vivir y lo que le hace levantarse de la cama es tener que dar de comer a la perra que cuidaba junto con su mujer, una preciosa pastora alemana que necesita lo suyo como los pulmones te piden que les demos aire.

Nuestro sistema respiratorio nos sigue inspirando. Nos invita a vivir a pleno pulmón, a disfrutar la vida sin miedo, a no vivir retraídos por la pandemia, no ser una humanidad a medias, como el perro herido que anda cabizbajo. Esta crisis no solo nos ha liberado de banalidades para ir a lo esencial, sino que es una invitación a vivir con mucha mayor plenitud, a disfrutar todavía más de la gente, a celebrar la vida por todo lo alto.

Y nos invita a seguir avanzando, a recuperar y reconstruir. Los pulmones nos inspiran a tomar el camino largo y estrecho, a no vivir tomando atajos. Nos invitan a seguir haciendo el camino con sus placeres y sus cargas, a vivir con el corazón abierto y recorrer la vida todo a pulmón.

La canción de un joven asmático

Esta pandemia de Covid-19 se está venciendo en los pulmones: en los de los enfermos, en los que quienes lo dan todo por cuidar, en quienes respiran hondo y resisten. Desde hace algunas semanas vivo con la canción de Alejandro Lerner “Todo a pulmón” sonándome en el interior. Os invito primero a escucharla y luego vamos a ver cómo nos inspira en esta pandemia que sufrimos.

Me gusta esta vibrante versión hecha por Lerner y sus amigos con ocasión del 35º aniversario de su creación:

 

Pero esta mañana debatíamos en el videoaperitivo con los amigos y Diego, que es argentino, sigue apostando por la versión de Miguel Ríos. Allá va también esta con orquesta hace dos años, grabada en la Alhambra de Granada:

 

El cantautor argentino Alejandro Lerner la compuso en 1983 y dio nombre a su segundo álbum. “Todo a pulmón es mi historia”, ha reconocido. Efectivamente, “Todo a pulmón” no es un título casual ni metafórico porque Alejandro sufre desde niño una enfermedad asmática acusada y sabe bien lo que es vivir “todo a pulmón”. “Es un tema dedicado a todos los asmáticos del mundo”, ha dicho recientemente.

No necesitamos viajar en primera clase

Como a Lerner, a nosotros también se nos ha hecho difícil mantenernos en este viaje de la humanidad en la que nos ponemos tantos palos en las ruedas para poder ser simplemente humanos. Se hace difícil en un modo de vida en el que el capitalismo se nos ha metido hasta el tuétano ya no como una forma de economía, sino como una forma de saber, sentir y existir. Con frecuencia no sabemos ya a dónde vamos como civilización. No hacia el desarrollo de la humanidad ni hacia un mundo de personas más sabias y amables. A veces no sabemos si el mundo va de ida o de vuelta, si avanzamos o estamos regresando a tiempos salvajes donde cada uno se las tenía que entender con un entorno hostil. No es claro si este mundo consumista es “primera clase” o simplemente el furgón en el que nos meten como ganado. Lerner escribió este verso cuando comenzó a tener éxito -tras diez años de duro trabajo- y sintió que la fama, el dinero y el mundo de relaciones que se le abría eran muy ambiguos, que podían ser una esclavitud, un furgón, no estar en los vagones de “primera” como parecía.

Descargarnos de tanto equipaje

A Lerner, que tenía 26 años en el momento en que escribió la canción, se le hacía duro tener que cargar con un montón de cosas que le lastraban. Todos arrastramos un equipaje que a veces está lleno de piedras. Esta pandemia nos hemos dado cuenta de la cantidad de mochilas llenas de piedras que nos vemos obligados a arrastrar y lo peor es que nos habíamos acostumbrado o resignado a cargar como mulas. La vida en sí misma ya tiene repechos en los que la subida se hace dura como para encima cargarla con más pesos absurdos que podríamos dejar a un lado y no pasaría nada. Nos pesa el ego, nos pesan los bienes que acumulamos, nos pesan la vergüenza, nos pesa la pasividad, nos pesa el pudor, nos pesa el desamor y el dinero. Esta crisis nos ha llevado a vivir, como decía Machado, mucho más ligeros de equipaje.

Cuando Lerner escribió sobre la “realidad tirana que se ríe a carcajadas”, se refería a su padre. Desde los 16 años, Alejandro se empeñó en vivir de la música y hubiera querido mostrarle a su padre que era buen músico, que iba poder hacerlo, que tendría reconocimiento. Se empeñó en hacer su propia vida y entre padre e hijo hubo separación, no poco disgusto y temor de su padre a qué sería de su hijo. Murió antes de que el cantautor conociera el éxito y entendió que la realidad muchas veces se ríe de nosotros para mostrarnos lo que es verdaderamente vivir. Alejandro se arrepintió de no haberse rencontrado con su padre mucho antes, pero, pese a la muerte de su padre, él no se cansa de buscándolo en la vida.

Buena o mala, pero mía

Lerner es judío y se define como una persona espiritual. “Siempre he sido una persona espiritual, tengo intuición espiritual. Todo a pulmón es un documento profundo, honesto. Es una inocente confesión. El sentido de la vida es agradecer, apreciar, divertirse y devolver. Siento mi conexión directa con la filosofía original de la tierra en donde he nacido y la comunión con el universo”

Para vivir hace falta coraje, ser capaz de mirar al mal cara a cara sin miedo y ver el bien que es más profundo, la verdad que es más luminosa, la belleza, que siempre es mayor. El sistema que tenemos montado nos hace pagar peajes por los que no tiene ya sentido pasar. Renunciamos a privilegios, dinero, prestigio y carrera por no mantenernos lejos de la tranza (mexicanismo que significa “engaño”) y la prostitución de nuestra vida y talentos. Debemos que tener el coraje de no seguir por la ruta de locura y ambición que está quemando nuestra existencia, nuestras relaciones, la comunidad humana y el planeta.

Soportamos el peso de que nos castiguen por nuestras ideas, valores o religión. Lerner insiste mucho en esto porque ha vivido en entornos muy ideologizados en los que ha sufrido presiones por sus ideas o para que aceptara determinadas ideas. Buenas o malas, lo importante es que sean auténticas, pensadas, razonadas, vividas, que las hagamos nuestras, que sean genuinamente humanas. No imposturas ni falsa conciencia. Se nos señalarán las contradicciones y misterios que tienen nuestras ideas y creencias, pero es en esa búsqueda donde reside la condición humana.

“Como tengo una intuición espiritual” dice, “a mí no se me da que estos son los buenos y estos los malos, para mí va a haber gente con buenas intenciones y ladrones y mentirosos en todos los partidos. El ‘defender mi ideología’ sigue vigente. Por la forma que tengo de ser, las ideologías son las mías, no me subo a una ideología de otro. Posiblemente a líderes que tengan más que ver con lo espiritual, pero no con la política”. No es extraño que comenzara su carrera a los 17 años en 1974 en la banda de León Gieco, llevando a todo el mundo aquel himno “Solo le pido a Dios”.

Vivir a pie

Esta canción, himno de una generación, apuesta por la amistad como valor supremo en la carrera de la vida. Junto con la amistad señala que es trascendente que haya una luz en lo alto y una sencilla escalera para poder subir a ella. Eso basta para emprender el camino. Lerner escribió en esta canción su viaje de la adolescencia a la juventud, sus diez años de luchas y dudas hasta llegar a saber quién era en realidad. La canción pone música y letra a cualquiera de nuestras vidas en las que hemos renunciado a viajar en primera, sino que hemos querido viajar, como Ignacio de Loyola, “a pie” y con la libertad de los peregrinos. Sabemos lo que ha costado componer cada estrofa de la canción de nuestra vida, lo difícil que a veces se nos ha hecho dar un paso más en la carrera. Apreciamos cada gota de sudor, cada idea. Asumimos sonriendo los fracasos de las fechas postergadas, tener que esperar a que nos den de nuevo la salida. Agradecemos tantas llegadas al amor, a la amistad, al placer, a ayudar, a servir.

En el dolor de esta pandemia, hemos descubierto también que volver es una forma de llegar. Quizás lo único que tenemos que hacer es ser fieles a lo que el ser humano es. Quizás tenemos que volver la vista a lo mejor que hizo el ser humano en la historia -Gandhi, Martin Luther King, Pasteur- y volver a ser ellos.

Y todo a pulmón. Sentimos a los que luchan contra el coronavirus en su interior a pleno pulmón y sentimos esa vida caminada a pie, luchada sin adelantar el reloj, con los ojos abiertos, sin -como dice el ventillero Raúl Sánchez, médico en la zona cero y semana negra del Hospital la Paz de Madrid- ahorrarnos realidad. No ahorrarnos realidad ni hipotecar la paz. Quedándonos con lo mejor, aspirando hondo y liberándonos de lo que no hace bien. Todo a pulmón. Durante esta pandemia y tras ella, restauraremos la vida auténticamente humana si vivimos todo a pulmón.

TODO A PULMÓN

(Alejandro Lerner, 1983)

Qué difícil se me hace

Mantenerme en este viaje

Sin saber a donde voy en realidad,

Si es de ida o de vuelta,

Si el furgón es la primera,

Si volver es una forma de llegar.

Qué difícil se me hace

Cargar todo este equipaje.

Se hace dura la subida al caminar.

Esta realidad tirana

Que se ríe a carcajadas

Porque espera que me canse de buscar.

Cada gota, cada idea,

Cada paso en mi carrera

Y la estrofa de mi última canción.

Cada fecha postergada,

La salida y la llegada,

Y el oxígeno de mi respiración.

Y todo a pulmón,

Todo a pulmón.

Qué difícil se me hace

Mantenerme con coraje

Lejos de la tranza y la prostitución,

Defender mi ideología,

Buena o mala, pero mía,

Tan humana como la contradicción.

Qué difícil se me hace

Seguir pagando el peaje

De esta ruta de locura y ambición.

Un amigo en la carrera,

Una luz y una escalera

Y la fuerza de hacer todo a pulmón.

[Estribillo]