Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia y director del Instituto Universitario de la Familia, de la Universidad Pontificia Comillas

Diario del coronavirus 50: La lucha contra la soledad


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Nuestra civilización está viviendo una profunda experiencia de revinculación. Frente a las décadas de Gran Desvinculación neoliberal y relativista que hemos sufrido, ahora hemos vivido una intensa y urgente revinculación. Todos la hemos sentido uniéndonos cada día a nuestros vecinos, sintiéndonos emocionadamente conectados a tanta gente que ha entregado su vida para cuidarnos y curarnos, profundizando en nuestras relaciones alrededor a través de la preocupación sincera por su salud y la de su familia.



Esta experiencia de revinculación debemos aprovecharla para convertirla en una de los cimientos de la reconstrucción post Covid-19, especialmente para hacer frente a uno de los grandes males de nuestra sociedad: la soledad. La soledad no es solo física, sino hay también una soledad interior que vacía el alma.

El confinamiento de la mitad de la humanidad -con diferentes grados de prohibición para salir del hogar o la residencia- es un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad y sus consecuencias son en gran parte impredecibles. Una de las grandes preocupaciones que la pandemia Covid-19 ha generalizado en la conciencia colectiva de todo el planeta es la soledad.

Una única comunidad

Incluso en sociedades que todavía no padecían esta tendencia, las comunidades y Administraciones se han movilizado para poder atender a las personas mayores o dependientes que viven solos para reducir su aislamiento, hacer sus actividades en el exterior –comprar alimentos, tirar la basura, pasear mascotas, etc.– o suplir aquellas atenciones para las que tenían asistencia doméstica y ahora se ha interrumpido. Dicha preocupación ha hecho que también las redes de amigos y familiares hayan estado más atentas a quienes viven solos.

Paradójicamente, junto con el agudizamiento de la soledad, otra de esas claves profundas que ha movido es la conciencia de que la humanidad forma una única comunidad ligada por relaciones mucho más inmediatas e interdependientes de lo que ya la globalización nos había hecho saber. Los seres humanos tienen más ligazones y más próximas que nunca, a la vez que padece una epidemia de soledad. La extensión del fenómeno no es bien conocida, pero tiene ya dimensiones alarmantes en el mundo anglosajón y en el Sur de Europa la sentimos como un profundo problema.

Desde el inicio de la pandemia, decenas de miles de ciudadanos en nuestro país han creado redes de apoyo para suplir esas deficiencias que han aumentado las soledades y los riesgos asociados al aislamiento. Esas redes han tenido diferente naturaleza. Algunas iniciativas fueron organizadas por vecinos que tejieron redes del bien.

Las Redes del Bien Común han proporcionado todo tipo de bienes y servicios, con especial atención a la soledad no deseada. Al respecto, no solo han suministrado bienes y servicios materiales, sino que también se han preocupado de aspectos expresivos y emocionales que han conducido a la celebración de cumpleaños y otros gestos que alimentan el espíritu de las personas.

Iniciativas vecinales

En la primera semana de confinamiento trascendió a las pantallas el caso de Charo, una vecina del madrileño barrio de Lavapiés, que cumplía 80 años y sus vecinos le organizaron una felicitación masiva. Llamaron a su puerta y el organizador le dijo “Es para ti, sal. Están todos los vecinos en el patio, sal a saludarnos”. Salió a la ventana y todo el vecindario había sido convocado para cantarle. “Ha sido el cumpleaños más bonito de toda mi vida”, dice esta sencilla señora, que salió en pijama.

Otras iniciativas han comenzado como una pequeña idea. También muy pronto, el 17 de marzo, una médica cirujana del Hospital de la Princesa de Madrid, Cristina Marín se propuso actuar ante la extrema soledad de los enfermos. Así describía el problema en la petición que lanzó por redes sociales:

“Uno de los mayores problemas de los pacientes ingresados con coronavirus es que tienen un aislamiento brutal. Están completamente solos, separados de sus familias, muchos de ellos saben que sus familiares están también ingresados, intubados en la UCI o que incluso se están muriendo y tienen que hacer frente a esa soledad de que los médicos pasemos, porque es la norma, solo una vez al día a verlos, tienen mucha ansiedad sobre su enfermedad y ya se sabe que incluso entre aquellos que se curan hay mucho estrés postraumático por el aislamiento”.

Al comienzo, el mensaje de la doctora Marín lo mandó solamente a su WhatsApp familiar, pero rápidamente trascendió y se viralizó a tal velocidad que amplió la petición. Facilitaba una serie de correos electrónicos que ella y un grupo de jóvenes médicos en otros hospitales habían improvisado. Su propuesta era que la gente les escribiera cartas de apoyo y ánimo a los pacientes y ellos se responsabilizaban de hacérselas llegar. Hubo sospechas de si acaso fuera un fraude, pero el Colegio de Médicos de Madrid y la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid avaló la autenticidad de la iniciativa. En 24 horas se recibieron 35.000 cartas.

Al otro lado del teléfono

Distintas entidades crearon servicios específicos para atender la soledad. El Teléfono de la Esperanza se encontró desbordado y abrieron una línea telefónica específica para atender las situaciones provocadas por la pandemia. Los 200 voluntarios de la ONG en Barcelona tuvieron que ampliar sus turnos de atención a cuatro horas diarias ya que atienden las 24 horas los 365 días del año. Las llamadas diarias aumentaron hasta 80 al comenzar la pandemia y ofrecieron la línea suplementaria para atender a 150 personas cada día.

El Ayuntamiento de Barcelona y el gobierno autonómico distribuyeron 1.200 dispositivos móviles a hospitales, así como pabellones y hoteles medicalizados de la ciudad para que los pacientes pudieran hablar con sus familiares y amigos, y así impedir el aislamiento . Por su parte, el Ayuntamiento de Madrid puso en marcha el programa ‘Minutos en Compañía’ en colaboración con Voluntarios por Madrid, la iniciativa Adopta un Abuelo y sostenido por distintas empresas. Un grupo de cien voluntarios ofrecieron tiempo de relación a los más de 160.000 mayores que se viven solos en Madrid y a todos aquellos ancianos que sufren aislamiento.

El Ministerio de Sanidad y el Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos (COP) de España ofrecieron servicios de atención telefónica a personas afectadas por problemas derivados de la pandemia. El Colegio Oficial de la Psicología de Madrid puso en marcha en colaboración con la Oficina Regional de Salud Mental de la Comunidad de Madrid una línea telefónica gratuita para “facilitar el afrontamiento y la gestión emocional” del fenómeno de la pandemia y el confinamiento, entre cutas prioridades estaba atender la soledad. Operativo los 7 días de la semana y las 24 horas, estuvo atendido por 600 psicólogos voluntarios en distintos turnos. Ya solo el primer día tuvo 700 llamadas.

También el Consejo Regional de Mayores y la Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid pusieron en marcha un servicio de acompañamiento telefónico a mayores, llamado “¿Charlamos?”, en colaboración con distintas entidades de voluntariado (Fundación Grandes Amigos, Solidarios para el Desarrollo, Cruz Roja y Nadie Solo). En su conjunto, los servicios de atención psicológica se han visto extremadamente demandados. El Principado de Asturias habilitó un número de teléfono para consultas psicológicas con motivo del confinamiento y en cinco días había tenido 200 llamadas.

Acciones solidarias

Diferentes entidades generaron servicios de ayuda contra el aislamiento. En Estados Unidos, la Fundación Mapfre ofreció un servicio telefónico para luchar contra la soledad de los mayores sostenido por más de mil voluntarios, mediante conversación y soporte cultural y recreativo mediante recursos telemáticos. Como ejemplo de intervención en el ámbito local, el Grupo Consorcio –conservera cántabra que exporta a cuarenta países– ofreció, en colaboración con el Ayuntamiento de Santoña un servicio llamado ‘Con Nuestros Mayores’, destinado a apoyar a los mayores que viven solos la pandemia.

El Grupo Consorcio creó un grupo de voluntariado que realizaba al menos una llamada diaria a cada persona sola para “conseguir que nadie se sienta aislado en su soledad, sino en compañía, escuchado y considerado” (El Diario de Cantabria, 2020). Además, Consorcio hizo posible la extensión del servicio de atención domiciliaria del Ayuntamiento de Santoña con donaciones de lotes de comida con un valor de seis mil euros semanales en alimentación y más de noventa mil unidades de EPI entre guantes desechables, batas, delantales y cofias para las personas que realizaban la atención domiciliaria a esos mayores aislados

Grandes organizaciones civiles como la ONCE, con su campaña #NoEstáisSolos ha movilizado junto a Atresmedia a centenares de voluntarios para que las personas con discapacidades tuvieran apoyo y no sufrieran soledad. El cuerpo ordinario de voluntarios que colaboran con la ONCE se vio incrementado un 88% en el mes de marzo. En Cataluña, por ejemplo, una red de 250 voluntarios de la ONCE cuidaba a cerca de 2.000 personas. Por su parte, el grupo mediático Atresmedia organizó #AisladosPeroNoSolos, una iniciativa de voluntariado online para acompañar a tres perfiles vulnerables durante el periodo de confinamiento: enfermos aislados en hospitales, personas con discapacidad y personas mayores solas.

Ninguna persona sola

La Iglesia de Madrid aunó los esfuerzos de Cáritas, Jóvenes Madrid y el Centro de Humanización de la Salud de los Religiosos Camilos para crear un gran dispositivo de respuesta integral a todos los problemas derivados de la soledad a través de cuatro teléfonos. El primero, de Atención a personas solas con un servicio de acompañamiento personalizado diario que ofrecía seguimiento y conversación.

El segundo teléfono coordina los Centros de Escucha de la Iglesia de Madrid en la región, especialmente destinado a aquellos que atraviesan situaciones de enfermedad, pérdida y se amplió a los profesionales de los servicios sanitarios y esenciales. Muchos de estos casos implicaban problemas relativos a la soledad. También se trataba esa cuestión entre el conjunto de asuntos que atendía un tercer teléfono de Atención religiosa Católica de Urgencia, específicamente dirigido al acompañamiento espiritual y atención sacramental. Finalmente, el cuarto teléfono activaba todos los servicios sociales, recursos y voluntarios de Cáritas en aquellas situaciones de soledad que precisaran apoyo material o asesoramiento social.

La Compañía de Jesús, en colaboración con su Universidad Pontificia Comillas, lanzaron una plataforma digital llamada ‘No estás solo’, atendida por profesionales de la psicología y también centenares de voluntarios para atender a distintos perfiles de aislamiento y también soledad en los trabajos esenciales. El Instituto Universitario de Familia y la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, de la misma universidad, crearon, además, una herramienta para poder diagnosticar la situación específica de cada persona que sentía soledad o estrés y se le derivara a distintos tipos de intervención psicológica o de acompañamiento.

La respuesta a la soledad ha sido amplia y profunda, con iniciativas que buscaban restaurar el flujo ordinario de relaciones y crearlas donde no existían. Algunas siguieron las vías habituales de sociabilidad y otras fueron muy creativas. Por ejemplo, el Servicio Forestal de Islandia recomendó a la población que, para paliar los efectos de la soledad, salieran a abrazar árboles. Para ello el servicio ha abierto senderos en la abundante nieve que hay a comienzos de la primavera hasta los árboles más emblemáticos del país.

No podemos negar que, ante el alto riesgo de aislamiento durante la pandemia, se produjo una gran movilización para la revinculación de modo que nadie quedara solo. No les volvamos a dejar solos nunca más.