Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia y director del Instituto Universitario de la Familia, de la Universidad Pontificia Comillas

Diario del coronavirus 48: el capital existencial


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Una de cada cuatro personas en nuestra sociedad no encuentra sentido a su vida. La pandemia no es solo un asunto sanitario, sino que tiene impacto sobre nuestra psicología, nuestras relaciones y nuestro espíritu. El capital existencial de la sociedad ha sido dañado y la pandemia ha revelado los graves problemas que padecía. El capital existencial es el grado de sentido y propósito que las personas y colectivos atribuyen a su vida. Es fundamental porque de él depende todo el resto de valores, relaciones, confianza y disposiciones de una sociedad.



La reconstrucción post-Covid-19 tiene que implicar una reconstrucción moral y existencial de la sociedad. Numerosas personas han podido sentir durante el confinamiento un disruptivo encuentro con lo esencial de la vida y seguramente se habrán preguntado por el sentido del modo de vida que llevaban antes de la pandemia. Muchos se habrán dado cuenta de que vivían en un circuito de hiperactividad que ahora sienten insostenible. Otros se habrán hecho conscientes de que están viviendo la vida de otros, que no están haciendo aquel proyecto que anhelan que sea su vida. Habrá personas a las que la banalidad de la telebasura, los conflictos artificiosos y la lucha por el prestigio les parezca un mundo del pasado tan ridículo que ahora les repugna.

En su conjunto, va a haber una enorme necesidad de procesos de discernimiento para reformar la vida. Las tradiciones de sabiduría, espiritualidades y religiones pueden hacer un gran papel en la reconstrucción post-Covid para ayudar a la gente a reencontrar el propósito de la vida, junto con las redes del bien, voluntariados donde se encuentre el sentido a través del servicio a los otros y otros recursos donde se ofrezca reflexión y cauces para el cambio.

La pandemia y sus males ha puesto al descubierto una enfermedad del alma que padecía un amplio sector de la sociedad y que procedía de las entrañas de nuestra cultura. El malestar de la exclusión social, la destrucción medioambiental y las violencias no es algo meramente colectivo, sino que va formando un vacío y nudo de contradicciones en nuestro interior. El sinsentido, la desvinculación, la superficialidad o el carrerismo van también difractándose en nuestro interior en padecimientos como la depresión, la abulia, los ataques de ansiedad, la angustia, la agresividad, etc. Los males que causaron la pandemia proceden de esas enfermedades del alma y hacer un mundo más seguro y sostenible exige curarlas.

Se han publicado los primeros estudios sobre el impacto de la pandemia y el confinamiento sobre las relaciones y ánimos de la población. El 13 de abril de 2020, la Cátedra contra el Estigma –que dirige Manuel Muñoz, catedrático de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid–, publicó un ‘Estudio del impacto psicológico derivado del Covid-19 en la población española’, con datos recogidos del 21 al 29 de marzo de 2020. La intención del proyecto es hacer tres olas del mismo.

El dato más impactante es que casi uno de cada cuatro españoles no puede afirmar positivamente que su vida tenga sentido. Además, hay un 56% de la población que no puede afirmar que sienta paz o armonía interior.

Los primeros resultados mostraron que la población se vio alterada psicológicamente por la pandemia y el confinamiento. En resumen, entre un 12% y 20% de la población española encuestada ha sufrido un impacto psicológico severo que se ha manifestado en forma de preocupación, angustia, depresión o abulia. El impacto ha sido mayor conforme los encuestados eran más jóvenes. El 30% de la población española ha tenido algún ataque de pánico y el 54% problemas para dormir. El 15% ha tenido muchos problemas para dormir y el 39% pocos. El 70% se ha sentido nervioso, angustiado o muy tenso en esas tres primeras semanas de cuarentena. El 10% ha sentido esa angustia y tensión casi cada día, el 9,4% más de la mitad de los días y el 51,7% varios días. El 55,4% ha sido incapaz de dejar de preocuparse por la pandemia y sus males. El 15,1% de un modo muy intenso (7,6% casi cada día y 7,5% más de la mitad de los días) Además, el 58% se ha sentido decaído, deprimido o desesperanzado. Le ha ocurrido intensamente a un 12,35 (casi cada día el 6,1% o la mitad de los días el 6,2%) y en varias ocasiones al 45,6%. La desgana y poco interés o placer en hacer cosas ha afectado al 60,2% de españoles. De modo muy intenso al 14,9% (casi cada día el 7,4% y más de la mitad de los días el 7,5%) y le ha sucedido varios días al 51,7%.

El mal de la soledad

La encuesta dedica una sección a la soledad. Se pregunta específicamente cómo siente la soledad desde el 15 de marzo de 2020. En síntesis, la soledad afecta a 2 de cada 5 personas, al menos algunas veces. El 45% de la población española declara que al menos algunas veces siente falta de compañía. El 34% algunas veces y el 11% a menudo. El 53% de los encuestados se siente aislado al menos algunas veces. Se ocurre a menudo al 16% de la gente y al 37% algunas veces. Les ocurre mucho más a los menores de 40 años que al resto de generaciones. El porcentaje de los que se siente excluido es menor: el 25% se siente al menos algunas veces excluido. Se siente excluido a menudo el 5% de la población española y el 20% algunas veces.

Otra sección del estudio informa acerca del apoyo social que tienen los encuestados. El titular es que el 29% de la gente no puede afirmar que pueda confiar sus problemas a un familiar. El 71% de la población española afirma que puede hablar de sus problemas con la familia y hay un 16% que no se pronuncia en un sentido ni en otro. En cambio, hay un 8% que dice que no puede hablar de sus problemas con su familia y un 5% que lo afirma absolutamente. Es decir, hay un 13% de la población que no puede conversar con familiares acerca de sus problemas y otro 16% no puede afirmar que pueda ni lo contrario. Se recibe todavía mayor soporte social de la familia cuando se busca apoyo emocional que cuando se trata de dialogar sobre la naturaleza de los problemas. El 79% de la población española obtiene de su familia la ayuda y el apoyo emocional que necesita. Solo un 9% se manifiesta en el sentido contrario (y el 17% no dice ni que sí ni que no).

Al desplazar el foco de atención al apoyo que se recibe de amigos, el capital social aumenta. El 16% de la gente no puede afirmar que tenga amigos con los que contar. El 85% de los encuestados afirman que pueden hablar de sus problemas con amigos. El 10% no se pronuncia en un sentido ni otro, y solo un 6% no puede confiar sus problemas a amigos. De un modo, similar, el 82% de la gente puede contar con sus amigos cuando las cosas van mal. Solamente un 6% piensa que no puede contar con ellos. Los casados cuentan casi con el triple de apoyo social que divorciados y separados.

Quizás todo ese capital social está relacionado con varios componentes importantes del capital existencial de la gente (el capital existencial es el grado de sentido y propósito que las personas y grupos atribuyen a su vida). El 68% está muchísimo de acuerdo con la afirmación de que tenga una razón para vivir. En términos positivos hay que añadir a otro 21% que afirma que su acuerdo es mucho. Es decir, que el 89% de la sociedad española tiene una razón para vivir. Al otro lado estaría el 3% que se muestra poco de acuerdo con que personalmente tenga una razón para vivir y un 1% que no está nada de acuerdo. En suma, el 4% carece de una razón para vivir. Hay un 7% que no está ni mucho ni poco de acuerdo con que tenga una razón para vivir. El grado de anomía en esta materia podría estar en un 10% de gente en España que no puede afirmar que tenga una razón para vivir o afirma que no la tiene.

El 77% cree que su vida tiene sentido y un 23% no puede afirmar que la tenga. En ese último porcentaje se incluye el 6% que cree que tiene poco sentido y el 2% que dice que no tiene ningún sentido (contestan que están poco o nada de acuerdo con la frase “siento que mi vida tiene sentido”). Al preguntar por la paz o armonía interior, las percepciones están más divididas. El 43% cree que siente paz interior y el 44% que tiene un sentimiento de armonía interior. El 17% y 19% están en los grados más altos de paz y armonía interior, respectivamente. Están muchísimo de acuerdo con las frases “Me siento en paz” y “Tengo un sentimiento de armonía interior”. El 18% declara que no se siente en paz ni tiene armonía interior. El 28% o 29% no puede afirmar que se sienta en paz ni posea ese sentimiento de armonía interior, respectivamente.

En resumen:

  • Del 55% al 70% de los españoles han sentido desasosiego ante la pandemia y sus males.
  • Al 11% le falta compañía a menudo, al 34% algunas veces.
  • El 16% se siente aislado a menudo y el 37% algunas veces.
  • Los jóvenes se sienten mucho más solos que los adultos y mayores.
  • El 13% no puede contar sus problemas a su familia y el 9% no tiene su apoyo emocional.
  • El 6% no puede contar problemas a sus amigos y el 6% no cuenta con su apoyo emocional.
  • El 12% no puede afirmar positivamente que tenga apoyo emocional de familiares o amigos.
  • El 77% de españoles cree que su vida sí tiene sentido y el 84% piensa que tiene un propósito, y el 44% siente paz o armonía interior.
  • El 4% de la población afirma taxativamente que su vida no tiene propósito y el 8% que no tiene sentido. Más de uno de cada diez españoles no cree que su vida tenga propósito ni sentido.
  • Hasta el 23% de la gente no puede afirmar positivamente que su vida no tenga sentido y el 11% que su vida tenga un propósito.