Para algunas personas, no es fácil dejarse cuidar, aceptar que necesitamos de los demás. Cuando enferman los padres, los hijos han de asumir el cuidado, y eso supone una migración de roles que no siempre es fácil de habitar para quien siempre fue cuidador. Y hay hijos que renuncian a desempeñar su nueva función y deciden obviar una obligación moral, pero eso es otro problema.
- ¿Todavía no sigues a Vida Nueva en INSTAGRAM?
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Intento ayudar en el proceso invitando a reflexionar sobre ello. Explico que el padre o la madre cuidaron a los hijos mucho tiempo y es justo que ahora los hijos devuelvan al menos parte de lo que recibieron atendiendo a quienes les dieron lo que son y tienen. Permitir que los hijos dediquen su tiempo y su esfuerzo les ayudará a convivir con la futura ausencia del padre o de la madre cuando estos fallezcan.
En enfermedades terminales
Es muy claro en enfermedades terminales: cuando la gente cuida a quien va a marcharse, el dolor por el ausente suele ser más tolerable. En el proceso de cuidar se expresan el amor y el cariño. Además, permite una ternura que no siempre podemos o sabemos expresar con palabras. Muchas veces, es lo único que se puede aportar, y lo más valioso, cuando ya no hay otros tratamientos que ofrecer.
Hay que tener coraje para afrontar esos momentos cuando llegan, poder hablar sobre ello y que las personas comprendamos lo mucho que nos necesitamos y lo mucho que podemos darnos, incluso en la muerte, o tal vez más cuando esta se acerca y nuestra debilidad y vulnerabilidad se hacen más y más patentes.
La oración y el amor
En este tiempo de encuentro y despedida, a las personas nos quedan como recurso la oración y el amor, que en cierto modo vienen a significar la misma cosa: nos dirigimos a un Dios que los creyentes creemos es la fuente de todo el amor que poseemos. Los cristianos creemos que, en Jesús de Nazaret, este Dios de amor tiene un rostro. Esa es la sencillez de nuestra fe, en la que nos apoyamos para caminar en tiempos difíciles, de pérdida, enfermedad y muerte.
Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por este país.

