Isabel Corpas, teóloga
Doctora en teología

De ‘Medellín’ a Francisco


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Tengo la sensación de que con el final del año 2018 se han cerrado las conmemoraciones de la celebración de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. De los 50 años de ‘Medellín’. Y lo escribo entre comillas para precisar que me refiero a este acontecimiento eclesial. Se han cerrado las evocaciones que reconstruyen recuerdos personales y que para mí han sido ocasión de traer a la memoria del corazón lo que viví hace 50 años: la visita de Pablo VI a Colombia con motivo del XXXIX Congreso Eucarístico Internacional y para inaugurar la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que sesionó en Medellín. No habrá más encuentros este año para hacer memoria de ‘Medellín’ como evocación compartida en el sentido ritual de evocar en el presente un acontecimiento del pasado para mirar hacia el futuro e invitación a tejer, con los hilos de la memoria, el pasado con el presente y con el futuro que está aún por tejer.

Y desde esta mirada quiero pensar y quiero creer que la memoria de ‘Medellín’ no se ha cerrado. Hemos conmemorado que de la reunión de obispos en Medellín salió una nueva manera de ser Iglesia en América Latina, enraizada en Vaticano II pero aterrizada en este continente, lo que significó un cambio en el paradigma eclesiológico y puso en marcha un movimiento de revisión y renovación eclesial: el paso de Iglesia de cristiandad, piramidal, triunfalista, a la eclesiología de comunión en la que la Iglesia se entiende a sí misma como pueblo de Dios, servidora, peregrina.

También significó un cambio de paradigma teológico: al partir de los signos de los tiempo e interpretarlos a la luz del evangelio para proponer acciones pastorales, Vaticano II abrió el camino para las teologías en contexto con el método “ver juzgar actuar” de Cardijn. Hemos conmemorado, además, cincuenta años de la opción por los pobres: “opción preferencial”, al decir del Documento, de Puebla –la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano– que señaló que la II Conferencia General –’Medellín’– “hizo una clara y profética opción preferencial y solidaria por los pobres” (DP 1134), aunque en el Documento de Medellín ni siquiera aparezcan las palabras opción y preferencial, pero la opción recorre las páginas del documento que propone, sí, “que se dé preferencia efectiva a los sectores más pobres y necesitados y a los segregados por cualquier causa” (DM 14,9).

Un cambio de paradigma en la Iglesia

La conmemoración también nos recordó que el modelo de Iglesia que propusieron Vaticano II y ‘Medellín’ tuvo un primer impulso que no se tradujo en prácticas eclesiales más allá de cambios externos, quizá porque durante estos 50 años tropezó con estructuras piramidales difíciles de modificar. Sin embargo la memoria de ‘Medellín’, como evocación del pasado para mirar hacia el futuro, es invitación a soñar el futuro eclesial y a hacerlo desde la esperanza. O mejor desde la constatación de que el papa Francisco es heredero de ‘Medellín’ y propone un nuevo ‘aggiornamento’ al retomar el modelo de Iglesia de Vaticano II desde la eclesiología latinoamericana y propiamente argentina.

¿Recuerdan ustedes cómo el día de su elección apareció en el balcón de San Pedro sin arreos pontificales un papa que escogió llamarse Francisco para asumir, como el santo de Asís, la tarea de reconstruir la Iglesia? ¿Recuerdan que, como obispo de Roma, pidió a la multitud que orara por él y se inclinó para recibir la bendición? Pues con este gesto declaró que asumía y ponía en práctica la eclesiología de pueblo de Dios de Vaticano II en su versión latinoamericana y, más precisamente, argentina que, a su vez, había pasado por ‘Medellín’.

Como lo anunció en la entrevista que dio a La Civiltà Cattolica en 2013: “Una imagen de Iglesia que me complace es la de pueblo santo, fiel a Dios. Es la definición que uso a menudo y, por otra parte, es la de la Lumen gentium en su número 12”. Esta visión de Iglesia que subyace al ministerio de Francisco, la llamada teología argentina del pueblo de Dios, que resumió en la entrevista –la misma que visibilizó cuando se hizo bendecir, recién elegido, por el “pueblo fiel de Dios”– es la que desarrolla en la exhortación apostólica ‘Evangelii gaudium’.

Una Iglesia en salida que acompaña e involucra

Con la expresión “pueblo fiel” se refiere a la Iglesia, a la que reconoce como “misterio que hunde sus raíces en la Trinidad, pero tiene su concreción histórica en un pueblo peregrino” (EG 101), que “se encarna en los pueblos de la tierra, cada uno de los cuales tiene una cultura propia” (EG 115) y que en razón de la diversidad de culturas, tiene un “rostro pluriforme” (EG 116).

Es “Iglesia en salida”, “comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan” (EG 24). Es “Iglesia pobre para los pobres” (EG 197) e invita a “ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad”, como también “a descubrir a Cristo en ellos, a prestarle nuestra voz a su causas” (EG 187), contemplación que recorre su mensaje y fundamente su manera de ser Papa. ¿No es esta una constatación de que la memoria de “Medellín” no se ha cerrado? Francisco se está encargando de hacer realidad y a nivel mundial las líneas que fueron trazadas hace 50 años para la Iglesia latinoamericana.